Bloqueos carreteros de campesinos

Bloqueos carreteros de campesinos

Humberto Castro

El pasado lunes 26 de octubre, miles de campesinos decidieron protestar contra el gobierno morenista por el abandono en que la Cuarta Transformación tiene al campo. Su exigencia principal fue un pago justo por cada tonelada de maíz. La protesta consistió en el cierre de carreteras, lo que afectó la circulación vehicular en más de 20 estados. Al bloqueo, que se inició en el Bajío (Michoacán, Guanajuato y Jalisco) le siguieron campesinos y agricultores de Sinaloa, Hidalgo, Tlaxcala y Morelos, entre otros. Miles de automovilistas y transportistas se quedaron varados días y noches.

Por su parte, el gobierno ha pregonado reiteradamente que se está logrando la soberanía alimentaria, que “sin maíz no hay país”, que se busca garantizar el derecho a una alimentación nutritiva y suficiente promoviendo la producción nacional y el bienestar de los productores, que se tiene un Plan de Soberanía y Autosuficiencia Alimentaria. Sin embargo, la manifestación de los campesinos demuestra otra realidad, demuestra que no existen apoyos para el campo, que no hay créditos baratos, que, en los hechos, no se está buscando tal soberanía alimentaria, que ante el desarrollo en la productividad de otros países y el respaldo que en aquellos lugares reciben los agricultores, el campo mexicano se ha rezagado y carece de un respaldo firme del gobierno de la república.

Eso lo dicen con claridad los campesinos que hoy protestan: “lo que recibimos por el pago de tonelada de maíz no alcanza ni para cubrir la inversión […] nos pagan a 5 mil pesos por tonelada y el kilogramo de tortilla la venden en más de 20 pesos, la utilidad se queda con los industriales y a nosotros no nos alcanza ni para recuperar la inversión […] el gobierno le subió siete pesos al diesel y a nuestro kilo de maíz no quieren autorizar un aumento de dos pesos”. La demanda de los campesinos es el pago de 7 mil 200 pesos por tonelada y “el gobierno quiere poner el precio de garantía de 6 mil 50 pesos”.

Los campesinos tienen razón, los programas del gobierno son pura palabrería. No hay apoyo para el campo, con la 4ª Transformación los pocos apoyos que tenía el campo mexicano se retiraron, se redujo en 4.7 por ciento el apoyo al campo para 2025 en el presupuesto de egresos, se desmantelaron políticas públicas, se eliminaron instituciones que apoyaban a pequeños agricultores como la Financiera Rural y, lo peor de todo, el gobierno en vez de buscar una solución al problema interno, se ha dedicado cómodamente a comprar maíz en el extranjero: de alrededor de 47 millones de toneladas que consumimos anualmente los mexicanos, el gobierno importa alrededor de 27 millones de toneladas, lo que lo ha convertido en el mayor importador de maíz en el mundo, abandonando a su suerte a miles de campesinos que se debaten en la miseria y la inactividad. Como no hay un pago justo por cada tonelada de maíz la consecuencia inmediata es muy comprensible, de acuerdo con el Censo Agropecuario hay más de cuatro millones de hectáreas sin sembrar. El campo está abandonado.

Pero no es casualidad o algo fortuito el que no se esté respaldando al campo por el gobierno actual, que se autonombra Segundo Piso de la Cuarta Transformación, es que así está diseñada la política de este gobierno y del anterior que le dan más importancia no a los programas que generen mayor productividad en el campo, sino a la entrega de ayudas monetarias con fines electorales, la entrega de dinero en efectivo, aunque sea una cantidad miserable, pero directa y personal para que la gente en el campo siga votando por el gobierno morenista.

Ninguno de los gobiernos, ni los priistas, ni panistas, ni morenistas, han encontrado una verdadera solución al problema del campo mexicano, antes había más programas que apoyaban la productividad, había más intención de hacerlo producir, ahora lo que busca el gobierno es mantenerse a toda costa en el poder y la manera más fácil es comprando conciencias, es regalando dinero.

A la protesta de los campesinos mediante el cierre de carreteras, el gobierno, a través del secretario de Agricultura, Julio Berdegué, la mejor solución que encontró fue dividir a los campesinos, dividir la protesta. Solo a los campesinos organizados de El Bajío, es decir, a los de Guanajuato, Jalisco y Michoacán, les ofrecieron un apoyo de 950 pesos por tonelada, “que se destinará a 90 mil productores con parcelas de hasta 20 hectáreas y cubrirá hasta 200 hectáreas por productor […] se ampliará el programa Cosechando Soberanías, que ofrecerá créditos con un interés de 8.5% anual, seguros agropecuarios y reglas para transparentar la cadena de comercialización”, (El Economista, 29.10.2025).

Pero nuevamente se trata de un parche a la problemática del campo, el problema no está resuelto. En el acuerdo no hay solución para los campesinos de las otras 29 entidades federativas; el acuerdo se toma por el gobierno para que se desbloqueen las carreteras donde la protesta es más aguda, pero en incontables ocasiones los gobiernos se han comprometido sin tener verdadera intención de cumplir; y lo peor es que no existe ninguna solución para incrementar la productividad en el campo y dentro de ella hacer producir los millones de hectáreas que están sin cultivar.

Ante este panorama, a los agricultores no les queda más alternativa que esperar que se cumplan los acuerdos, pero necesitan organizarse mejor, unirse no en una región, sino a nivel nacional, para que la solución que se logre sea para todos; y necesitan prepararse por si los funcionarios no cumplen, pero, sobre todo, para exigir que se acaben los programas clientelares y se encuentre una verdadera solución al campo mexicano, que sea productivo, y que se acabe la pobreza y el abandono a los campesinos.

A propósito de los bloqueos de carreteras, en las redes sociales se publicaron escenas de enfrentamiento entre choferes transportistas y campesinos y es preciso recordar a los trabajadores que vivimos de un salario, que la clase campesina es la clase social que por sus condiciones de explotación es de las más cercanas a la clase obrera, a la clase trabajadora y que, por tanto, es la clase social que puede ser aliada en la lucha por su liberación.

La clase de los campesinos al igual que la clase de los asalariados, es una clase explotada por el capital, de modo que ambas deben apoyarse para lograr liberarse del yugo capitalista. Ya durante la Revolución Mexicana las clases poderosas lograron confrontar a los obreros con los campesinos, cuando el ejército carrancista, representante de los terratenientes, utilizó a los Batallones Rojos, formados por obreros, para derrotar al ala campesina de la revolución representada por Villa y Zapata. No debemos caer de nuevo en ese error.

Los obreros y los campesinos deben formar un solo partido, un partido que los una a nivel nacional y deben luchar juntos para que los gobiernos generen condiciones que acaben con la miseria, la pobreza, la desigualdad y haya el pago justo para todos los sectores oprimidos por el capital y, si no pueden, que se hagan a un lado para que sean los obreros y campesinos quienes gobiernen nuestra nación.

 

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