Arturo Castillo

Los policías son un sector de los asalariados de nuestro país que por sus condiciones indignas de trabajo y de vida, son un espejo en muchos aspectos de la terrible vida que sufre la gran masa de la clase obrera. En una nota publicada por MVS en su portal de Internet el analista Daniel Gómez-Tagle nos dice: “la alarmante realidad sobre los suicidios en policías, es un problema sepultado por las estadísticas oficiales y la indiferencia institucional. La ausencia de mecanismos de prevención psicológica se traduce en tragedias evitables”.

Sobre el mismo tema, el Proyecto Azul Cobalto, organización conformada por un grupo de investigadores que realiza un recuento de las muertes de policías en México, dice: “Si en 2017 solo existe el registro de un suicidio de algún oficial, para 2020 el número subió a 30 y se ha mantenido, desde entonces, en un promedio de 15 suicidios de uniformados por año. De 2017 a la fecha, al menos 110 policías de todo el país se han quitado la vida. La ocupación de ser policía es de alto riesgo, además de gran cantidad de estresores laborales, familiares y educación de los hijos, las crisis económicas. Hay policías en algunos municipios que ganan 5 mil pesos mensuales y sin prestaciones. Un oficial en la zona metropolitana gana hasta 18 mil pesos, sin que siempre logre cubrir sus necesidades”.

Asimismo, cada tres años, cuando hay un cambio en la administración municipal, los policías entran en estrés por no saber en qué condiciones van a laborar. Se sabe que buena parte de este sector, más del 50 por ciento, tiene problemas de salud y de sueño, insomnio. Por su falta de recursos económicos y de tiempo, no tienen una adecuada educación alimentaria y, consecuentemente, presentan indicadores de ansiedad y depresión que no son clínicamente tratadas. Razón por la cual aumentan los suicidios y hasta en horas de servicio.

Las instituciones del gobierno no consideran a los policías como ciudadanos y les niegan muchos derechos laborales. El Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (INEGI) en un comunicado de septiembre de 2024, informó que la mortalidad en 2023 registró 8, 837 suicidios en México.

El problema no es nacional, la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2024) informó que más de 700 mil personas se quitan la vida cada año, por trastornos mentales como depresión o ansiedad. ¿Y la causa? total silencio.

La razón detrás de una decisión tan drástica de acabar con la vida propia no sucede en la población general, sino particularmente entre poblaciones vulnerables como personas desempleadas o en situaciones de pobreza extrema, es decir, que la causa es de origen económico.

En nuestro país trabajan en la informalidad más de 32 millones de personas que no cuentan con seguridad social ni prestaciones de ley (como los policías); solo 22.5 millones de trabajadores tienen un empleo permanente pero con salarios que no alcanzan para satisfacer la necesidades de la familia, con un servicio de salud cada vez peor obligando a los trabajadores a acudir a la salud privada desprendiéndose de sus escasas pertenencias y teniendo siempre latente el despido por cierre de la empresa o por reajuste de personal.

Y la clase dominante siempre libre de estos males, los dueños de los capitales, de las empresas, que hasta se dan el lujo de presumir (junto con los gobernantes) de incrementar sus grandes ganancias, son los verdaderos causantes de las desgracias de los trabajadores de la seguridad y de los trabajadores de las industrias.

Si todas las desgracias vienen de arriba, del poder de los ricos y su gobierno, si ellos son unos cuantos cientos y los pobres somos más de 130 millones, hagamos valer nuestra fuerza y nuestros derechos como un solo hombre: desplegando primero la lucha sindical para luego extenderla a la lucha por la conquista del poder político de la nación y lograr así conformar en verdad un gobierno al servicio de los trabajadores.

 

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