Capitalismo mexicano: la inteligencia artificial contra los obreros

Ernesto Acolmixtli

México es un país capitalista, cuya economía está basada en la ganancia privada de los empresarios que se sostiene de la fuerza de trabajo de los obreros, quienes a cambio reciben sólo un salario para sobrevivir, a pesar de que producen toda la riqueza, incluyendo la ganancia del patrón. Pero para producir toda esta riqueza se requieren máquinas y herramientas muy diversas, algunas sencillas y otras enormemente complejas, como los robots.

Recordemos como los primeros humanos sobre la tierra, después de una larga evolución, fueron capaces de fabricar una herramienta de trabajo haciendo un cuchillo con un trozo de piedra, fue el primer instrumento del hombre, muy tosco aún, pero decisivo en su evolución y el de la sociedad humana. La mano de los primeros hombres, pudo adquirir desde entonces cada vez más destreza y habilidad; y ésta mayor flexibilidad adquirida se transmitió por herencia y aumentó de generación en generación. Así, a lo largo de la historia, se fueron desarrollando las fuerzas productivas: trabajo y medios para producir, tomando de la naturaleza las materias necesarias para satisfacer todas las necesidades humanas. Pero, ¿cómo llegamos a la automatización avanzada de las máquinas, a la moderna Inteligencia Artificial (I.A.)?

Primero el hombre inventó herramientas manuales como cuchillos para cortar la carne y las pieles, luego arco, flecha y lanzas para la caza, hachas y mazos, además, instrumentos para generar del fuego (fuente de energía), arados para siembra, molinos de agua y viento para producir harinas; inventó el horno para fundir hierro y posteriormente fue capaz de crear el motor de vapor, llegando hasta el descubrimiento de la electricidad, la invención de máquinas de cálculo, aviones, computadoras y un sinnúmero de máquinas e instrumentos. “Con cada nuevo progreso, el dominio sobre la naturaleza, que empezó por el desarrollo de la mano, con el trabajo, iba ampliando los horizontes del hombre, haciéndole descubrir constantemente en los objetos nuevas propiedades hasta entonces desconocidas” (F. Engels).

Dentro de este histórico proceso de trabajo nació una rama especial, que se llama producción científica y tecnológica, rama que produjo aceleradamente conocimientos e instrumento maravillosos, haciendo cada vez más ligero o menos necesario el trabajo directo del hombre. Con cada nuevo descubrimiento científico y su aplicación técnica, los obreros han venido convirtiéndose en “simples apéndices de la maquina” porque estos sistemas electromagnéticos, por sí solos, ya ejecutan acciones muy complejas, son autónomos. Así llegamos hasta la I.A. después de una larga evolución en el proceso de producción del hombre. Hoy la mano del hombre no construye cuchillos de piedra, sino maquinas movidas por energía avanzada y obreros muy especializados, pero sigue siendo un proceso productivo para satisfacer nuevas y variadas necesidades, siempre en ascenso, siempre en desarrollo.

La I.A. es una tecnología que permite a las computadoras y máquinas simular el aprendizaje humano, es una máquina avanzada, un sistema informático que permite almacenar y procesar un número gigantesco de información. Es el conjunto de partes interrelacionadas: hardware y software. El hardware incluye computadoras, es la parte física del sistema que lo integran: procesadores, memoria, sistemas de almacenamiento, etc. El software es el conjunto de datos e instrucciones en códigos que va a ejecutar la computadora o máquina ya en la práctica, lo que guía los movimientos sucesivos o simultáneos que deberá realizar, por ejemplo, colocar las tapas de bebidas, dibujar imágenes, soldar piezas de cocina, ensamblar carros, conducir un vehículo sin chofer, diagnosticar enfermedades, darse mantenimiento a sí mismas o autocorregirse, todo ello por medio de un programa de datos que ordena sus acciones. Hoy, con estos avances, se pueden producir infinidad de mercancías a una gran velocidad y simplificar el trabajo humano o sustituir a los obreros de las distintas industrias.

Y esto que nos maravilla tanto debiera representar una posibilidad infinita para resolver los grandes problemas de nuestro país y del mundo, como son la producción de alimentos para combatir el hambre, la producción de medicamentos para combatir las enfermedades, resolver la falta de vivienda, hacer menos agotador el trabajo obrero, sin embargo, el capitalismo, enloquecido por alcanzar ganancias extraordinarias a través de la competencia empresarial, provoca la concentración de los capitales y la creación de monopolios que, a sus vez, eliminan a sus competidores más débiles reduciendo costos de producción mediante el avance tecnológico como la invención de robots para elevar la productividad, sustituyendo trabajadores y echándolos a la calle.

En México la automatización de la industria ya ha comenzado, introduciendo robots totalmente automatizados en las distintas ramas de producción del país y, lamentablemente, provocará despidos masivos. Instituciones especializadas aseguran que “el 57% de los empleos formales está en alto riesgo de ser automatizado” (Banco de México, enero 2026). La Comisión Económica para América Latina y el Caribe, asegura que “se perderán 41.4% de los empleos; serán cerrados sobre todo en manufactura, servicios y agricultura” (CEPAL, ONU 2024). Si en México existen 22 millones de empleos formales según el IMSS, entonces estamos hablando de una cifra por encima de los 9 millones de empleos que pueden desaparecer en los próximos años.

Por consiguiente, el capitalismo mexicano provoca que, máquinas y herramientas creadas por el trabajo de los obreros y eran su apoyo en el proceso productivo, hoy se vuelven en su contra y los desplacen. Aunque realmente no son las máquinas quienes provocan esto, sino la ambición de ganancia de los empresarios que los empuja a inventar robots para ahorrar costos y a despedir obreros sin preocupación alguna.

Inevitablemente la IA se vuelve contra los obreros en el capitalismo y los sustituye, y esta embestida tecnológica que tendrá enormes beneficios para la clase capitalista más poderosa, también traerá grandes males para la clase trabajadora: primero, acelerando el problema del desempleo a niveles altísimos, con el consecuente sufrimiento que lleva la pobreza; y segundo, en las empresas los patrones exigirán más trabajo al obrero, explotarán más su fuerza de trabajo, a niveles no vistos y el asalariado tendrá que aceptarlas si quiere conservar su trabajo. Eso no tiene remedio, eso va a suceder lo queramos o no.

El sistema económico capitalista que tenemos en México no está organizado para beneficiar a los trabajadores, está organizado y funciona para que los patrones obtengan la mayor ganancia posible, a costa de los obreros. Entonces, los asalariados solo tenemos un camino, que consiste en transformar el sistema económico capitalista por otro que le haga justicia a los trabajadores y ese nuevo sistema deben construirlo los propios obreros, somos millones de obreros y los ricos son sólo un puñado. Tomemos conciencia de ello compañeros trabajadores y actuemos en consecuencia.

 

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