Armant Reséndiz

El trabajo digno es un principio fundamental de los derechos laborales y humanos. Establece que todas las personas tienen derecho a contar con condiciones de trabajo que les permitan vivir con dignidad, independientemente de su ocupación o situación laboral. Esto significa que tener un empleo no debería limitarse únicamente a recibir un salario, sino que también debe garantizar derechos como la seguridad social y condiciones adecuadas de trabajo.

La realidad laboral en México muestra una situación diferente. El Reporte del Observatorio de Trabajo Digno, elaborado con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2026, muestra que el país mantiene un sistema laboral marcado por la exclusión, la precariedad y la vulneración de derechos establecidos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM) y la Ley Federal del Trabajo (LFT).

Detrás de las cifras de ocupación existe una realidad que no puede seguir ignorándose: tener empleo no significa, necesariamente, tener un trabajo digno. Por ello, es necesario analizar no solo cuántas personas tienen un empleo, sino también en qué condiciones trabajan y si realmente pueden ejercer los derechos que la ley les reconoce.

El informe de la ENOE nos muestra que trabajar ya no garantiza derechos en México: de 61.9 millones de personas que conforman la Población Económicamente Activa (PEA), 33 millones laboran en la informalidad, es decir, sin prestaciones laborales y 27 millones que, aunque trabajan en la formalidad, viven en la precariedad debido a los bajos salarios, las pocas posibilidades de ingresar a un trabajo digno, son problemas que afectan a millones de personas y a sus familias.

La CPEUM en el artículo 123, Apartado A, fracción XXIX, establece que los trabajadores en activo deben contar con seguridad social, pero la realidad nos muestra algo diferente y preocupante, la ENOE marca que 33 millones de personas trabajan sin acceso al seguro social. Lo que nos lleva a ver que, casi seis de cada diez trabajadores carecen de protección en salud, incapacidad, riesgos laborales y pensiones. Un empleo sin seguro social difícilmente puede considerarse digno, iniciando porque si sufren algún accidente, riesgo en el trabajo o alguna enfermedad quedarían en el desamparo y esto no solo afecta al trabajador sino también a sus familias.

Si consideramos investigaciones serias sobre la medición integral de la pobreza elaboradas por académicos de la talla de Julio Boltvinik y Araceli Damián, que incluyen necesidades básicas insatisfechas como la salud, educación, seguridad social, vivienda o telecomunicaciones, sus resultados arrojan que alrededor del 70 por ciento de la población mexicana se encuentra en alguna situación de pobreza, lo que equivale a cerca de 94 millones de mexicanos. Muchos trabajadores cumplen jornadas completas, y hasta horas extras para poder obtener ingresos económicos mayores al salario mínimo, pero aun así su salario sigue siendo insuficiente para asegurar una vida digna.

Esta situación demuestra que los trabajadores que producen la riqueza en nuestro país son los que terminan pagando los platos rotos al no poder siquiera comprar los artículos que ellos producen y lo más alarmante es que el 86 por ciento de los asalariados no están afiliados a ningún sindicato, por tanto, no pueden exigir mejores salarios, prestaciones y condiciones laborales, se enfrentan indefensos a negociaciones con sus patrones sin el respaldo de una organización que represente colectivamente sus intereses.

Frente a esta realidad, hablar de trabajo digno no puede quedarse solamente en el discurso de los gobiernos ni en las leyes escritas. Es necesario que los derechos laborales reconocidos en la CPEUM y en la LFT se cumplan de verdad en los centros de trabajo. El Gobierno tiene que tomar en cuenta el reporte de la ENOE para implementar medidas que de verdad funcionen en favor de la clase trabajadora como la seguridad social, un salario suficiente, jornadas justas, estabilidad laboral, prestaciones y libertad de organización sindical para que estos no se consideren como privilegios, sino como lo que son, derechos conquistados por la clase trabajadora.

Pero también es indispensable que la clase trabajadora comprenda que muchos de estos problemas no podrán resolverse de manera individual. La unidad y organización de los trabajadores es fundamental para transformar sus condiciones de vida. No se trata únicamente de luchar por aumentos salariales o por resolver demandas inmediatas, sino de construir una fuerza capaz de defender de manera permanente el derecho a un trabajo verdaderamente digno.

 

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