El desgaste acelerado de la clase obrera en la industria automotriz

Caso Motorcar Parts México: Lesiones, bajos salarios y control inhumano en planta de Tijuana

Renata Aguilar

En la línea de ensamblaje de Motorcar Parts México, en Tijuana, Baja California, Sandra Corral dejó caer una pieza de ensamble. Un quejido de dolor se escucha a la par del sonido del metal contra el suelo. Sandra no puede mover los dedos adormecidos por los calambres. Un mes después sigue pagando el precio del desgaste que provoca la producción automotriz.

Sandra Corral, de 52 años, es una trabajadora de Motorcar Parts México, una empresa de la rama automotriz ubicada en la ciudad fronteriza de Tijuana. Ella ensamblaba pistones cuando un calambre intenso le impidió continuar su labor.

Dijo que tuvo que irse caminando a la clínica del seguro, porque en la empresa solo la iban a llevar a una clínica particular y eso no le garantizaba la incapacidad. “Me fui caminando al seguro con un dolor insoportable en la muñeca, no podía cerrar los dedos”.

En el seguro le diagnosticaron tendonitis, una lesión que afecta al tendón de un músculo y provoca su inflamación o degeneración. Esta lesión es muy común en los y las trabajadoras de la industria automotriz. “El dolor fue tan horrible que llegué con la presión alta y no me bajó hasta otro día”.

Sandra recuerda que la presión arterial se le disparó por el dolor. Aun así, tuvo que desplazarse sola al hospital. Nos dijo que después tuvo que hacer una cita médica con el traumatólogo para que valorara la lesión y le dieran la incapacidad. “Fue un proceso muy cansado. Ellos saben que la lesión ocurrió en la línea de producción, pero te hacen dar muchas vueltas, realmente no te quieren dar incapacidad alguna”.

Sandra estuvo 28 días incapacitada, pero sin salario. De ahí que haya recurrido a solicitar un préstamo. “Tuve que pedir un préstamo al banco de 13 mil pesos para poder salir el mes. No había de otra, ¿qué iba a comer?, ¿tacos de aire?” Expresó indignada.

Nos comenta que después de mucha burocracia le dieron el pago que le correspondía. Antes solicitó ayuda al sindicato para que la apoyaran, pero se mostraron indiferentes.

Sandra ya no ensambla más pues el diagnóstico de tendonitis se lo impide. Ha sido reubicada al área de tornillería. No obstante, su salud sigue siendo impactada por el proceso de producción, esto debido al control que los supervisores tienen sobre las idas al baño, otro hecho común y degradante para la salud de las trabajadoras en las cadenas de producción automotrices. “Son 10 minutos los que tenemos para ir al baño, pero son los que nos tardamos en llegar a esa área”.

Esta situación les provoca infecciones urinarias ya que retrasan tanto como pueden las salidas al baño, lo que hace que la orina se acumule y distienda los músculos de la vejiga. Con el tiempo, esto provoca retención urinaria y da más tiempo a las bacterias para multiplicarse, aumentando las infecciones del tracto urinario. “Nos aguantamos las ganas de ir a orinar, porque si vamos mucho nos amonestan. Igual si nos tardamos de más”.

Nos explicó que el prolapso uterino es otra de las complicaciones que tienen algunas de sus compañeras. Este es un desplazamiento de la matriz del útero sobre el área vaginal. Ocurre cuando los tejidos y músculos del suelo pélvico de debilitan. Una de las causas más comunes es levantar objetos pesados. Las infecciones urinarias si bien no son causa del prolapso uterino, lo agravan cuando existe.

“Sarita, una compañera de 60 años con un grave prolapso uterino, prácticamente anda con la vejiga de fuera. Lo peor es que sigue trabajando en ensamblaje. Ya la operaron, pero la malla que le pusieron no quedó bien y sigue igual que antes que la operaran.”

En ensamblaje levantan objetos pesados lo que es muy pernicioso para alguien que ya tiene prolapso, no obstante, nos dice Sandra, que Sarita continúa en esa área porque en la clínica tuvieron un error al especificar el padecimiento en papel.

Por otro lado, Andrea, trabajadora del área de almacén, también tuvo un accidente laboral. Nos cuenta. “Al cargar una caja me lastimé la cadera. El dolor fue muy fuerte y no pude continuar trabajando, tuve que ir al médico”.

Si bien a Andrea le dieron la incapacidad por una semana, no lo calificaron como accidente laboral. “Yo les dije que fue cargando una caja en el almacén, pero es como si no te escucharan”.

Cabe destacar que, en 2024, Baja California registró 27 mil 927 accidentes y enfermedades laborales colocándose como el quinto estado con el mayor número de riesgos de trabajo. Según datos del Instituto Mexicano del Seguro Social.

La empresa

Motorcar Parts México es integrante de Motorcar Part of America, Inc., una empresa especializada en remanufactura y fabricación de componentes eléctricos y de freno para automóviles, líder en el mercado mundial. Su sede central se ubica en California, Estados Unidos, y también cuenta con instalaciones en Malasia, Singapur y Shanghái. Sus ingresos anuales superan los 700 millones de dólares y más del 70% de su producción proviene de México.

La planta en Tijuana se encuentra entre las instalaciones de remanufactura de arrancadores y alternadores más nuevas y sofisticadas del mundo. Con más de 310 mil pies cuadrados y más de mil empleados, tiene capacidad para producir 8.8 millones de unidades al año. Su ubicación fronteriza le permite exportar fácilmente a EE. UU., pagar salarios menores que en el país vecino y tener el control directo de la sede central.

Lo anterior debería significar mejores salarios y mejores condiciones laborales de la clase obrera de Motorcar Parts, pero los testimonios recogidos evidencian lo contrario.

Las tres trabajadoras entrevistadas ganan apenas 394 pesos diarios, incluso por debajo del salario mínimo diario de la frontera norte, que es de 420 pesos, de acuerdo con la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI).

En contraste, el director ejecutivo de Motorcar Parts of América gana más de 2.5 millones de dólares al año, según informó la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO). Los directivos de las otras plantas alrededor del mundo tienen salarios similares. “Ni siquiera nos dan buenos bonos. A mi jefe si le dieron 100 mil de fin de año y al encargado 200 mil. A nosotros que somos quienes sacamos la carrilla ni posada nos hacen”. Lamenta Andrea.

El sindicato

El Sindicato Unidos con México Moderno (SUCOMM) es quien tiene el Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) con la empresa. Su secretario general es Javier Merino. El pasado 25 de junio revisaron el CCT, pero la mayoría de los trabajadores ni se enteró.

Antes del SUCOMM, quien administraba el CCT era el Sindicato “Nueva Cultura Laboral” de Trabajadores de la Fabricación, Manufactura, Ensamble de Partes y Componentes de la Industria Automotriz de Baja California, cuyo secretario general también es Javier Merino.

De modo que el mismo dirigente aparece como secretario general de ambos sindicatos lo que evidencia un simple cambio de nombre, es decir, una fachada renovada para seguir manteniendo el control y seguir siendo aceptado por las y los trabajadores, aunque éstos ni lo conozcan. “A los del sindicato ni los conocemos, solo cuando hay que firmar algo se aparece algún representante, pero para otras cosas nunca están presentes”. Nos dijo Andrea.

Este tipo de maniobras sindicales son comunes en las empresas mexicanas pues permiten tener el control patronal con la apariencia de “representación obrera”.

Divide y vencerás

Una práctica socorrida de los empresarios con apoyo del sindicato es crear división interna entre las y los trabajadores para que estos no se unan y organicen por mejores condiciones laborales. “En cada área tienen a sus favoritos a quienes sí les dan permisos, les permiten llegar tarde y no los presionan”. Lo cual genera división interna y enemistades entre las y los trabajadores. La unión y organización son indispensables, pero la empresa es algo que desalienta.

“Ni siquiera les gusta que convivamos. Antes festejábamos los cumpleaños y así nos organizábamos, convivíamos y nos contábamos nuestras penas, ahora no nos dejan.” Expresó Sandra.

Esta táctica, inofensiva en apariencia, es sumamente funcional al capital, pues le permite que los trabajadores se dividan y no reconozcan el potencial de su fuerza como clase.

La lógica del capital

Así, el capital, aquí representado por Motorcar Parts México, no solo desgasta la salud de los trabajadores, sino que también desarticula su capacidad de reconocerse como fuerza colectiva.

El control férreo que impera en la producción, desde las restricciones para ir al baño y la vigilancia constante, hasta los sindicatos de protección, son parte de un conjunto de mecanismos de dominación para extraer tanta plusvalía les sea posible sin importar el desgaste físico y mental de las y los trabajadores. Ya dijo Marx, “El capital es trabajo muerto que no sabe alimentarse, como los vampiros, más que chupando trabajo vivo, y que vive más cuanto más trabajo chupa”.

Así, el capital no reconoce límites. Su lógica lo impulsa a expandirse a costa de la vida misma de la clase obrera, así que la miseria y la degradación de la salud de los y las trabajadoras al interior de las fábricas no son meros accidentes, son parte inherente del proceso de acumulación capitalista.

Frente a esta realidad la única forma de que nuestro trabajo sea digno y liberador es cambiar el sistema económico. La clase obrera, consciente de su fuerza, debe ponerse a la cabeza de los sindicatos, formar una central obrera única a nivel nacional que unifique sus luchas y, desde ahí, avanzar en la lucha por el poder político para transformar de raíz el sistema que hoy nos explota.

 

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