Armant Reséndiz
En México, millones de trabajadores enfrentan diariamente una dura realidad con respecto al salario mínimo el cual no les alcanza para vivir. A pesar de los aumentos que el Gobierno federal ha anunciado en los últimos años, los precios de los productos básicos, la vivienda, el transporte y los servicios básicos han crecido mucho más rápido que los ingresos de la clase trabajadora.
En nuestro país el salario mínimo es la remuneración más baja que un empleador puede pagar legalmente a un trabajador por su labor. Es un monto establecido por el Gobierno y tiene como objetivo garantizar un ingreso básico que permita cubrir necesidades esenciales como alimentación, vivienda, salud, educación y transporte. No obstante, en los hechos, dicho objetivo está lejos de cumplirse.
El salario mínimo en 2025 es de 278.80 pesos diarios, lo que equivale a alrededor de 8,364 pesos mensuales. Sin embargo, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el costo de la canasta básica alimentaria y no alimentaria por persona es de 4,740.80 pesos al mes, lo que significa que una familia de cuatro integrantes necesita 18,963 pesos mensuales solo para cubrir lo indispensable sin tomar en cuenta cuando un hijo se enferma o cuando se incrementan los gastos escolares, por tanto, el salario mínimo cubre apenas el 44.1 por ciento de las necesidades reales de un hogar promedio.
Los trabajadores que producen bienes y servicios, es decir, que laboran en las fábricas, en la construcción, en la limpieza o el transporte, etc., representan la base que sostiene la economía nacional. Sin embargo, son los más golpeados por la pobreza y la desigualdad social. Todos los días, en redes sociales, en las calles y en los centros de trabajo, escuchamos historias de hombres y mujeres que, pese a laborar toda la semana, con el salario mínimo no logran cubrir siquiera los gastos básicos de comida y medicinas.
Por tanto, aunque en los últimos años el gobierno morenista ha presumido aumentos históricos al salario mínimo, lo cierto es que dicho incremento no se refleja en una mejor calidad de vida. La inflación absorbe gran parte de esos aumentos, ya que los precios de los productos básicos crecen a un ritmo mayor y las empresas donde se contratan los obreros no pagan salarios dignos.
Además, la mayoría de los trabajadores no cuentan con un sindicato que en verdad defienda sus derechos laborales; y los que sí cuentan con un sindicato, en su mayoría, resulta que son sindicatos patronales, es decir, que no defiende los intereses de los trabajadores, sino que defienden los intereses de la empresa y de los “líderes charros”. Esto obliga a los obreros a trabajar jornadas de más de 10 horas, realizar dobles turnos o incluso buscar un segundo empleo para poder alimentar a su familia, pagar los medicamentos, la renta o enviar a sus hijos a la escuela.
El salario mínimo en México es insuficiente porque el sistema económico no está diseñado para beneficiar al trabajador, sino para sostener y acrecentar las ganancias de unos pocos patrones que se apropian de la riqueza producida por millones de trabajadores. Mientras los obreros sigan recibiendo sueldos de miseria, no habrá verdadera justicia social.
De modo que dignificar el salario es una tarea urgente. No se trata de un favor del patrón ni del Gobierno, sino de un derecho humano básico, en virtud de que son los obreros los generadores de toda la riqueza social, por este motivo los obreros deben sacudirse del “charrismo” sindical y agruparse en sindicatos que de verdad respalden sus intereses de clase. En este sentido, los sindicatos afiliados a la Confederación Revolucionaria de Trabajadores (CRT) son una verdadera opción. Compañero trabajador, organízate y lucha.



