El tren de los niños: una historia de empatía y solidaridad

Renata Aguilar

El tren de los niños es una película italiana de 2024 dirigida por Cristina Comencini, inspirada en una iniciativa conocida como «El tren de la felicidad», promovida por el Partido Comunista Italiano en 1946. Esta iniciativa consistió en trasladar a niños pobres del sur de Italia hacia el norte, donde serían acogidos temporalmente por familias que, aunque no eran ricas, podían ofrecerles mejores condiciones de vida durante el invierno.

La historia se sitúa en el difícil contexto de la posguerra. Italia, como país derrotado, se encontraba sumido en la miseria. El impacto de la guerra no fue uniforme, el sur sufrió con mayor crudeza la pobreza y la escasez. En contraste, el norte, más industrializado, logró recuperarse más rápido debido al desarrollo industrial y la inversión pública. Este contexto logra explicar por qué el norte podía recibir temporalmente a niños del sur para ofrecerles mejores condiciones de vida, aunque solo fuera por un breve tiempo.

La película se desarrolla a través de las memorias de Amerigo, un adulto que rememora su infancia en la Italia de 1946. En una de las primeras escenas, vemos a su madre, Antonietta, cantando con una voz impresionante. Antonietta, madre soltera y sumamente pobre, como muchas mujeres de su comunidad, no tiene los medios para ofrecer a su hijo una vida digna y toma la dolorosa decisión de inscribirlo en el programa de apoyo comunista para que pase el invierno con una familia adoptiva. Sin embargo, la incredulidad y la ignorancia llevan a muchos pobladores a difundir ideas absurdas; algunos dicen que los comunistas se comerán a los niños, otros apelan a la religión afirmado que los hijos son solo de Dios y no deben ser entregados. Propaganda inútil que se desvanece ante la contundencia de la realidad.

El tren de los niños es un filme profundamente emocional. Plantea la relación de una madre con su hijo, pero también va más allá: retrata la imposibilidad de una madre de ofrecer bienestar a su hijo y el dolor de verse obligada a confiar su cuidado a otros; mientras él se desenvuelve en la total inocencia e ingenuidad de la infancia. La directora de la película, Cristina Comencini, mediante esta historia, logra plasmar un mensaje de solidaridad humana y de empatía de quienes incluso se ven calumniados por sus acciones.

Desde mi perspectiva creo que el filme también nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre la miseria y los obstáculos que ésta pone al desarrollo de los individuos, ya no solo la inaccesibilidad a elementos básicos necesarios como el vestido y la alimentación, sino, aún más, la imposibilidad que tenemos de conocer de arte y cultura, de desplegar nuestras capacidades y desarrollar talentos que dentro de la miseria permanecen ocultos. Así que sí, El tren de los niños es una película que bien vale la pena ver.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio