Marat Martínez
El pasado 22 de julio, los obreros de la Compañía Hulera Tornel levantaron la huelga estallada el pasado 23 de febrero: ¡cinco meses en huelga exigiendo respeto al Contrato Ley!
Algunos de los acuerdos alcanzados con la empresa fueron: 1) respeto a la jornada laboral de 40 horas: el 1° de agosto, la jornada se reducirá a 44 horas semanales, mientras que a partir del 1° de enero de 2027 se aplicarán las 40 horas; 2) incremento salarial retroactivo de 6 por ciento para 2025 y de 5 por ciento para 2026; 3) el aguinaldo aumentará a 42 días en 2026 y a 44 días en 2027, conforme a lo establecido en el Contrato Ley; 4) la prima vacacional pasará a un rango de entre 25 y 31 días, dependiendo de la antigüedad de cada trabajador; 5) sobre el pago de salarios caídos, la empresa Tornel está dispuesta a pagar solo el 60 por ciento a los trabajadores; 6) incrementar de manera gradual la prima dominical del 50% en 2026, 80% en 2027 y 100% a partir del 1 de enero de 2028 para Vulcanización y Acabado Final.
Este resultado es un logro importante, es la defensa de los derechos que se han adquirido desde hace décadas en Tornel y que arbitrariamente venía incumpliendo la empresa con la anuencia de las autoridades del trabajo, argumentando incertidumbre financiera y problemas de competitividad, argumentos que, en los hechos, no tenían sustento.
El primer golpe de la empresa, en contubernio con el comité sindical de aquel entonces, fue el despido de 1,200 trabajadores en 2017, a quienes liquidaron de forma arbitraria. La empresa argumentó que estaba en crisis y que no podía sostener las cláusulas del Contrato Ley. Sin embargo, después del despido masivo, procedió a contratar nuevos trabajadores, más jóvenes, bajo el nuevo esquema del outsourcing, donde se eliminaron varios derechos saliendo así beneficiada la empresa.
Más de un centenar de trabajadores despedidos se acercaron a la Defensoría Nacional de los Trabajadores para demandar el pago de prestaciones adeudadas. Se hicieron marchas y mítines ante la empresa y ante la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje que se negó en todo momento a hacer justicia. Fue en 2024 cuando el Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito emitió la resolución de amparo dándoles la protección de la Justicia Federal y ganando el juicio laboral. No era la crisis lo que orillaba a la empresa a recortar los derechos contractuales, era su afán de mantener sus ganancias a costa de la reducción de las prestaciones de los trabajadores.
Durante años la empresa siguió con la misma política de incumplimiento. En todo este tiempo, tanto la Junta Federal como posteriormente el Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral (CFCRL) conocían de la problemática, sin embargo, nunca hicieron nada por resolverla. Fue por ello que el 23 de febrero de 2026 a las 15:00 horas, los trabajadores de las cuatro plantas ubicadas en la CDMX y el Estado de México, cesaron sus labores y colocaron las banderas rojinegras. La huelga fue el último recurso después de una serie de advertencias, mismas que la empresa había ignorado olímpicamente.
Para combatir esta lucha, la empresa promovió la inexistencia de la huelga, apoyada por algunos trabajadores traidores que, como pasa en algunos casos, se colocaron del lado de la patronal. Pero los obreros no cayeron en la trampa y en el recuento programado por el CFCRL, de 996 votantes, 883 lo hicieron a favor de continuar con la huelga, 113 en contra. Este resultado fue un golpe contundente del sentir de los trabajadores y decisivo para lograr su objetivo.
Pero la lucha no cesó ahí. Por si alguien ingenuamente pensaba que esas prácticas habían caducado, en la madrugada del 18 de marzo, un grupo de choque arribó al campamento de huelga en la planta de Tultitlan: hombres armados hasta los dientes atacaron a balazos a los obreros inermes intentando desalojarlos, cuatro trabajadores que resultaron heridos de bala tuvieron que ser hospitalizados. Nuevamente la reacción de los huelguistas no fue amedrentarse y echarse a correr, como suele ocurrir en algunos casos, sino iniciar una campaña aguerrida de denuncia en redes sociales y en medios de comunicación. Cabe mencionar que, al día siguiente, ya había varios colectivos y sindicatos que arribaron al lugar para ofrecer su apoyo a los trabajadores reprimidos.
Quienes han vivido una huelga saben que es una lucha de resistencia. No hay de comer en casa, no hay un salario para llevar el sustento familiar, no hay recursos para sostener la huelga. Por ello, los trabajadores no dudaron en ir a los mercados, a los cruceros, a las salidas de las estaciones del metro de la Ciudad de México para llevar el bote de colecta y pedir cooperación para la lucha; aún hoy en día hay trabajadores atrasados que se avergüenzan en pedir apoyo económico a sus hermanos de clase o de levantar una pancarta en señal de protesta. Los obreros deben sentirse orgullosos de su lucha y de su clase social, que es la más numerosa en el mundo y es la productora de la riqueza social. Hasta aquí los hechos.
Pero la reducción de las prestaciones laborales no es un hecho aislado sino un fenómeno que ocurre en todas las empresas. Lo que los patrones buscan es reducir costos de producción para mantener o incrementar su tasa de ganancia. No solo les estorban las prestaciones logradas por muchos años de lucha, sino que le estorba la propia herramienta de lucha de los obreros: el sindicato. Incumplir en las cláusulas de los contratos colectivos de trabajo equivale prácticamente a decir: o que ya no haya sindicatos o que los sindicatos sean títeres de los patrones. Todo esto permitido por los gobiernos, tanto del PRIAN como de la 4T. Se suprimen prestaciones, se pagan bajos salarios, se reducen las pensiones, se eliminan los derechos a la vivienda, a la salud, a la educación, etc. ¡He aquí el modelo económico neoliberal!
En conclusión, la lucha de los obreros de Tornel enseña que solo la unidad, la organización y la lucha pueden triunfar ante los embates de los patrones abusivos (aún hay quienes dudan de esta idea). Enseña que la lucha no es fácil, que se requiere resistencia, abnegación, valentía y combatividad. Enseña a jóvenes y a viejos, obreros y pueblo en general, que el postulado marxista de la lucha de clases es un fenómeno vigente en nuestros días. Pero también nos advierte que el modelo capitalista neoliberal es quien vive y reina detrás de estas arbitrariedades. Por consiguiente, si queremos cambiar este modelo económico por uno más justo y equitativo, es necesario que los trabajadores tomen el poder político en sus manos y gobiernen este país. En el fondo, también esto enseña la lucha de Tornel.



