La lucha de los obreros del metro de la CDMX

La lucha de los obreros del metro de la CDMX

Guillermina Tapia

Es importante hablar de la lucha sindical de los trabajadores del transporte colectivo metro de la CDMX e insertarla en la organización de la lucha obrera del país.

A partir del 5 de febrero del 2026, los trabajadores del transporte colectivo metro iniciaron su lucha sindical con una marcha pacífica. Al no existir una respuesta favorable por parte del gobierno de la CDMX, Fernando Espino, dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo, anunciaba el 10 de abril que entonces no trabajarían horas extras: “Hemos decidido no trabajar tiempo extraordinario, lo cual afectaría aproximadamente dejar de dar servicio a dos millones de personas», una medida que buscaba diálogo con el gobierno. Continuaron las protestas y el 13 de abril, lo que para muchos parecía poco sostenible, se redujo la prestación del servicio con la mitad de los trenes y personal, hecho que generó un verdadero caos en la Ciudad de México.

Pero ¿cuál es el pliego petitorio de los trabajadores? Mantenimiento integral y permanente a trenes, vías e instalaciones fijas; atención inmediata a las fallas estructurales y operativas de la red del Metro; que el uso de recursos destinados al Metro se ejerza para lo que está destinado y no a la ejecución de trabajos innecesarios de embellecimiento superficial de estaciones; no a la reducción de carriles en la calzada de Tlalpan, no a la calzada elevada que se construye paralela a la Línea 2 por comprometer la seguridad de las instalaciones del Metro; incremento salarial, reestructuración de plazas y creación de nuevas plazas, demandas que llevaban dos años solicitando al gobierno de la CDMX y que algunas fueron resueltas parcialmente a través de un convenio con la jefa de gobierno.

Bien vistas, son peticiones que contribuyen a mejorar las condiciones laborales de los trabajadores del Metro y algunas otras benefician a la seguridad y funcionalidad de millones de usuarios, por ejemplo, se informó que 187 trenes no han recibido mantenimiento y 93 están detenidos por falta de refacciones.

Pero ¿qué apoyo recibieron los trabajadores del Metro por parte de los obreros que diariamente lo utilizan en la Ciudad de México? Esencialmente se dividieron en dos opiniones: una de ellas era enfocada a que es una lucha justa, pero ¿qué culpa tenían los usuarios? al verse afectados ya que el recorrido de los trenes se volvía más lento, llegarían más tarde a sus destinos y, además, el tiempo con sus familias sería más reducido.

La otra opinión, que para quien escribe es la más preocupante, estaba enfocada en argumentar que existían trabajadores en muchas otras empresas que estaban peor, y además se escuchaba decir que “de por sí yo no recibiré utilidades y por estos retrasos en el Metro ahora tampoco recibiré bono de puntualidad”. No solo indiferencia sino incluso rechazo.

Es por ello que esta lucha sindical deja varias reflexiones que debemos hacernos como clase trabajadora.

Estamos tan sumidos en nuestros intereses individuales e inmediatos, consumidos y oprimidos por la clase capitalista, que perdemos de vista el verdadero enfoque como clase social; si los obreros usuarios del Metro hubiéramos unido fuerzas en favor de esa lucha sindical quizá, por ejemplo, hubiéramos evitado las construcciones que ponen en riesgo la estructura del propio Metro.

En mi opinión, el éxito de un verdadero movimiento obrero está en lograr convencer a los trabajadores asalariados de que sus intereses individuales son los mismos para todos y, por tanto, intereses colectivos, ya sea que laboren para la misma o para diferentes empresas, sus intereses son coincidentes, están conectados; de modo que el éxito de un verdadero movimiento obrero está en lograr convencer a los trabajadores asalariados de que pertenecen a una misma clase y, por tanto, su lucha es la misma, que la unidad y organización de los obreros es el verdadero camino de su liberación.

Si un movimiento de trabajadores del transporte no afecta el funcionamiento normal de una actividad estratégica, las autoridades o los empleadores se sienten menos presionados para atender y negociar posibles soluciones. Históricamente, huelgas ferroviarias, portuarias, mineras o de transporte inevitablemente han generado afectaciones sociales que obligan a autoridades o empleadores a atender las peticiones de los trabajadores.

El fondo que dejó el conflicto de los trabajadores del transporte Metro en la CDMX no fue solamente si el sindicato tenía o no razón, sino si el gobierno de la Ciudad de México está dispuesto a invertir los recursos económicos y sociales necesarios para sostener el Metro que millones de personas necesitamos cada día; y, sobre todo, la necesidad de los trabajadores asalariados del país, de comprender en cada lucha que libramos, que somos parte de una clase social, que pertenecemos a la clase obrera que es la generadora de la riqueza social, de los bienes y servicios en todo el país.

Las condiciones de pobreza que enfrentamos los trabajadores provocan que muchos veamos estas luchas sindicales no como una causa común, sino como una afectación a nuestra ya difícil situación económica. La historia de la clase obrera nos demuestra que la lucha de un sector no está aislada del resto de los sectores que conforman la clase trabajadora del país. Más que dividirnos entre quienes protestan y quienes sufren las consecuencias inmediatas de la protesta, el reto es comprender las causas profundas y comunes que originan estos conflictos.

La lucha sindical del Metro de la Ciudad de México deja como enseñanza que la organización colectiva sigue siendo una herramienta fundamental para la defensa de los derechos laborales y de los intereses de la clase obrera.

 

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