Betzabeth Campos
Con la reciente reforma laboral, la actual corriente política que gobierna nuestro país dijo que los trabajadores tendrían más derechos y mejores condiciones laborales, además de una libertad sindical nunca vista.
Se crearon e instrumentaron varios mecanismos legales para, según su dicho, hacer esto posible, entre ellos el famoso procedimiento de legitimación de los Contratos Colectivos de Trabajo (CCT), la constancia de representatividad, la libertad de tener más de un sindicato en una empresa, incluso se crearon los nuevos Centros de Conciliación Laboral, así como los Tribunales Laborales, por lo que se dijo se acabaría con los sindicatos blancos utilizados por las empresas para el sometimiento de la clase trabajadora.
No obstante, la pregunta obligada es: ¿la clase trabajadora en verdad disfruta de más derechos colectivos y de una genuina libertad sindical? Y la respuesta es ¡no!
En primer lugar, los sindicatos blancos siguen existiendo y aplicando las mismas prácticas de sometimiento y represión contra los trabajadores, y entonces ¿qué paso con los mecanismos de ley que evitarían esto?, la respuesta es muy sencilla: el sistema que se creó se ha adecuado a las viejas prácticas permitiendo que estas sigan existiendo y la alianza empresa-sindicato charro haga lo suyo.
Y si los trabajadores se revelan, entonces vienen los despidos en cascada, y cuando a pesar de los despidos se logra conquistar la proeza de tener un sindicato auténtico que defiende los derechos de sus agremiados, las empresas, como si obedecieran a un manual único para atacar la unidad de los trabajadores, se declaran en quiebra o cierran sus puertas sin avisar y sin liquidar cabalmente a los trabajadores, atropellando sus derechos laborales.
Además, con el famoso cambio de razón social, pretenden eludir sus responsabilidades patronales, de modo que si el empleado quiere seguir teniendo trabajo tendrá que ser a cambió de renunciar a su antigüedad y demás derechos adquiridos. Estas y muchas otras prácticas embusteras de los sindicatos blancos se siguen aplicando.
Y todo gracias a las políticas laborales de las empresas que compran sindicatos y colocan a “líderes” charros engañando a los trabajadores; y gracias también a las autoridades que avalan estas prácticas ilegales, simulando que no las ven y muchas veces, por unos pesos, avalan legalmente los procedimientos acreditando la legitimación que requieren.
En segundo lugar, recientemente se dio la noticia entre los trabajadores, porque estas noticias pocas veces las difunden los medios de comunicación, de la pérdida de prestaciones ya conquistadas en su CCT, por ejemplo, en el caso de los trabajadores de la empresa Gas 1 en Puebla, donde su sindicato que pertenece a la CTM, no solo no logró incrementos en el CCT, sino que negoció un recorte a este al eliminar las prestaciones de vales de despensa, de un uniforme y una bonificación. Y supuestamente, dicho acuerdo lo avaló la base trabajadora en una votación donde los asalariados fueron amenazados de que si no votaban a favor de esto habría represalias.
Están también los trabajadores de la empresa Arrenda TP logística, que presta sus servicios a la empresa Truper en Puebla, que despidió a 64 trabajadores por hacer protestas en donde se quejaban porque les quitaban sus viáticos y apoyos en viajes largos, así como otras prestaciones.
Asimismo, el caso de los trabajadores de la empresa Marmex, marmolera de Puebla que despide a sus trabajadores de entre 15 y 30 años de servicio, sin liquidación después de toda una vida de trabajo. Y esos más de 50 trabajadores de Marmex, los trabajadores de Gas 1 y los de Arrenda TP logística, son sólo una muestra tangible de que las cosas no han cambiado, por el contrario, cada día pierden más derechos los trabajadores sin que la autoridad haga nada para que haya una verdadera justicia social laboral.
Pero esto lo escribo no para que los trabajadores sientan que su lucha es inútil y está perdida, sino para que se den cuenta de que su oportunidad de defensa es posible, que se dará gracias a un verdadero sindicalismo y, sobre todo, a la unidad de la clase trabajadora en su conjunto.
El respeto a sus derechos laborales y el mejoramiento de sus condiciones de vida jamás vendrán como resultado de la generosidad de los patrones y de las autoridades, sino consecuencia de la unidad y organización de los trabajadores, de la combativa lucha de su clase.
Por consiguiente, cuando vemos que un sindicato es apoyado por la empresa y el gobierno, estemos seguros de que jamás va a luchar por los intereses reales de los trabajadores.



