La situación de los trabajadores después de la reforma laboral

Betzabeth Campos

Se presume en todos los medios de difusión posibles que la reforma laboral (impuesta por Estados Unidos a nuestro país), y la política de mejorar los derechos fundamentales de los trabajadores, como son las vacaciones, la jornada laboral, el aguinaldo y el salario, está siendo todo un éxito del actual gobierno morenista y que ha logrado que los trabajadores cada vez vivan mejor.

 

Pero antes de analizar qué tanto de esto es verdad, diré que esta reforma e iniciativas no son producto de una verdadera conciencia de los políticos o legisladores que la han propuesto, ni producto de un verdadero análisis de las necesidades de la clase trabajadora, sino una estrategia de EE. UU. para lograr que las empresas norteamericanas ya no vean a nuestro país como una opción para asentar sus fábricas y generar producción de sus mercancías a bajos costos, pues para todo mundo es conocido que México es atractivo para los inversionistas extranjeros porque prácticamente regalaban los terrenos, los recursos naturales, pero, sobre todo, por el pago de la mano de obra barata que les permitía asegurar la mayor ganancia a las empresas a costa de matar prácticamente de hambre a los trabajadores.

 

Por otro lado, EE. UU. sufre una fuerte crisis debido a la desindustrialización que enfrenta en su país, pues sus empresas prefirieren invertir en países como México, en lugar de pagar los altos salarios e impuestos que existen en EE. UU., por lo que nuestro vecino comercial, sabiendo de la dependencia económica que tiene México con ellos, decidió obligar a nuestro país a aplicar una serie de medidas para garantizar que México ya no resultara tan atractivo para los inversionistas y estos regresaran a EE. UU. a instalar sus fábricas, esto quedó asentado en el tratado comercial denominado T-MEC, que incluye “la protección a los derechos laborales”, donde México está emplazado a incrementar los salarios, aumentar los derechos laborales fundamentales, así como modificar las leyes que impidan a los trabajadores agrupados en sindicatos independientes, exigir incremento salarial y prestaciones.

 

Por eso vimos que surgieron, como hongos después de la lluvia, sindicatos nuevos asesorados y financiados por los gringos, como la Liga Sindical Obrera Mexicana, que buscan con sus exagerados reclamos laborales que las empresas al no poder cumplir dichas peticiones cierren y regresen. En suma, lo que busca EE. UU. es generar desavenencias en la clase trabajadora, por sus condiciones laborales, pero no con un interés genuino de ayudarles, sino de utilizarles para que las empresas retiren sus fábricas e inversiones en nuestro país.

 

Pero volvamos al punto medular de mi escrito, porque pudiera pensarse que, aunque EE. UU. allá obligado a nuestro país, al final de cuentas las reformas laborales son buenas para los trabajadores, y en algunos aspectos esto es cierto porque ahora los trabajadores, por ejemplo, participan en la aprobación de sus contratos colectivos de trabajo. Sin embargo, en su afán por enaltecer los supuestos beneficios a los trabajadores, el gobierno ha hecho una difusión masiva de los derechos fundamentales de los trabajadores haciéndoles creer que tienen a la autoridad de su lado, pero las cosas no son así. Para comprobarlo, hagamos un análisis serio si verdaderamente la clase trabajadora vive mejor.

 

Primero, aunque se presume la muy sonada libertad sindical, solo se aplica cuando el interesado es un sindicato de los patrocinados por los gringos, ahí sí vemos que intervienen las dependencias del trabajo, hasta las embajadas han participado observando a las empresas que no favorezcan a sus sindicatos, como en el caso de VU manufacturing en Coahuila (empresa que prefirió cerrar), o Mex Mode en Puebla, donde vimos desfilar observaciones de organismos internacionales y hasta de derechos humanos. Pero ¿qué pasa en donde la empresa no es de capital extranjero y solo existe en nuestro país? Ahí las autoridades se siguen haciendo de la vista gorda y les permiten despidos  o sanciones económicas ilegales como medidas para amedrentar a aquellos trabajadores que intentan forman un sindicato más real que defienda sus intereses; y si no, vayamos a las estadísticas donde se observa que el porcentaje de representación sindical de las principales centrales charriles, apoyadas por el gobierno, se mantienen prácticamente igual que antes de la reforma laboral y no por que los obreros no quieran cambiar de sindicatos, sino porque siguen atados con el apoyo de las empresas y a vista de las autoridades.

 

Segundo, se han hecho incrementos al salario mínimo cada año, por parte del gobierno federal, aumentos que van del 10% al 22%, durante siete años consecutivos, presumiendo que incrementaron el salario en más de un 150%, por lo que cabe la pregunta obligada ¿y este gran incremento verdaderamente ha mejorado la vida de los trabajadores? Y la respuesta es ¡no!, el precio de la canasta básica sigue estando por encima del poder adquisitivo del porcentaje de salario destinado a la compra de alimentos, y eso se puede demostrar comparando el precio de hace siete años con el costo actual, por ejemplo, del huevo, frijol, tortilla, leche, carne etc., que han duplicado y hasta triplicado sus precios, esto porque al mismo tiempo que crecía el salario también lo hacia la inflación que alcanzó hasta un 7.5 %.

 

Y, por otro lado, está el impuesto al salario, es decir, el Impuesto Sobre la Renta (ISR). De modo que el incremento del salario a beneficiado también a las empresas ya que, al existir una mayor demanda de productos originada por los incrementos salariales, los patrones aumentan los precios de sus mercancías (inflación). Y, por su parte, el gobierno ha acrecentado el monto de dinero proveniente de la recaudación fiscal a través del ISR y de otros impuestos, pues a mayor ingreso, mayor cantidad de dinero por impuestos, cuando es a las grandes empresas que obtienen anualmente millones y millones de ganancias, a quien se debería cobrar mayores impuestos.

 

Lo que tristemente nos demuestra todo ello es que los trabajadores no viviremos mejor mientras no se controlen las especulaciones de ganancia de las empresas y no se ponga un límite a la inflación, pues para que no haya una inflación alta se necesita primero elevar la producción de las mercancías que generaran mayor demanda con los incrementos del salario, pero esto no se ha hecho ni se hará, porque toda la campaña disfrazada de beneficios para los trabajadores está enfocada en mantener contentas a las empresas y tranquila a la clase trabajadora a pesar de la miseria en la que es obligada a vivir.

 

Si verdaderamente el gobierno quiere ayudar a los trabajadores, que cobre menos impuestos a los obreros (y no los impuestos que les cobra por casi todas sus prestaciones económicas que percibe) y más impuestos a los grandes multimillonarios del país y del extranjero; que ponga un tope a la inflación y un verdadero control de precios de las mercancías, que obligue a las empresas a dar incrementos salariales sin que se desate la inflación; que cree leyes propuestas por los trabajadores, que verdaderamente garanticen su defensa, así como organismos que vigilen el cumplimiento de las empresas a dichas leyes; que garantice la calidad en los sistemas de salud y educación en favor de las familias de los trabajadores; que garantice vivienda accesible para los obreros, así como mejores servicios urbanos como agua potable, drenaje, luz, pavimentación, etc., para las colonias proletarias, entre muchas otras mejoras.

 

A los trabajadores les digo que un cambio real jamás vendrá de manos de políticos que obedecen a la clase empresarial, como son los políticos que actualmente nos gobiernan y que nos han gobernado por muchísimos años; que para que haya una verdadera transformación en las condiciones de vida de la clase trabajadora, es necesario que este cambio sea impulsado por la propia clase trabajadora, que, solo agrupados y unidos los trabajadores asalariados de este país, es como podremos ser escuchados.

 

Formemos un partido de la clase obrera que es la que produce toda la riqueza social en este país, y conquistemos el poder político de la nación, porque solo así se podrá construir un sistema económico más justo donde todos podamos vivir dignamente con la riqueza que entre todos producimos.

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