La situación del magisterio en universidades privadas

Pablo Ruiz

La disminución sistemática al presupuesto de educación superior ha generado una explosión de universidades privadas, y un aumento de su fuerza de trabajo, el magisterio. Este crecimiento ha venido de la mano de la precarización laboral de este sector, siendo el sindicalismo independiente la mejor vía para cambiar la situación.

Las condiciones.

Según el Sistema Integrado de Información de la Educación Superior elaborada entre la UNAM y la SEP, en el ciclo escolar de 2023-2024 hay un total de 3,258 empresas de educación superior y posgrado en el país, y contratan a un estimado de 206,593 docentes universitarios que atienden a un aproximado de 2,012,743 estudiantes, esto significa que absorben al 37.9% de la matricula nacional.

Pese a ser un magisterio tan numeroso y en expansión, la mayoría se encuentra en situación de precariedad laboral, esto es, que carecen de derechos laborales básicos.

Estas condiciones se caracterizan por no tener derechos mínimos como son un contrato de trabajo, salario fijo, estabilidad en el empleo, aguinaldo, vacaciones, pago de utilidades, seguridad social lo que también excluye el derecho al retiro, entre otros.

El ingreso del magisterio universitario se fija por hora y ronda entre los 90 y los 150 pesos, y que depende de las horas-clase asignadas, para lo cual no hay lineamientos, pudiendo ser, por ejemplo, de 3 o de 40 horas a la semana. Hay instituciones que ni siquiera pagan el salario mínimo general.

El despido injustificado en muchas ocasiones se encubre disminuyendo las horas-clase o simplemente no asignándolas, mientras que otras veces se utilizan contratos temporales, ya sea por periodo escolar que al concluir se da por terminada la relación laboral y se recontrata en el siguiente periodo. Esto ahorra a las empresas universitarias el pago de vacaciones y el reconocimiento de la antigüedad laboral.

En algunos casos los horarios de clases no incluyen el tiempo destinado para comer, mientras que, en otros, los horarios son tan irregulares que incluyen horas muertas donde los docentes no tienen carga académica pero no pueden retirarse de la empresa y claro, ese tiempo no es pagado. Adicionalmente hay instituciones que no prestan las herramientas básicas para este trabajo como materiales de papelería o equipos tecnológicos, siendo el magisterio quien absorbe el gasto a costa de su propio salario.

Además, hay tres fenómenos que agravan la situación docente: el control administrativo, la fiscalización del trabajo docente y la intensificación del trabajo.

El control del trabajo docente se refiere a la ausencia de la plena libertad de cátedra. Cada institución tiene una postura política, sus planes y programas de estudio dan cuenta de ello. Algunas empresas prohíben explícitamente al magisterio hablar sobre ciertos temas, mientras que otras eligen los perfiles docentes para que coincidan con su postura, lo que representa un filtro en la contratación, permanencia o ascenso docente.

La fiscalización es un fenómeno que ha alcanzado a todo el sector educativo público o privado. En las empresas universitarias aparte de las planeaciones de las clases se exige otro tipo de materiales que se convierten en trámites pesados que aumentan la carga de trabajo administrativo, lo peor es que en muchos casos este trabajo es injustificado y claro, no pagado.

La intensificación del trabajo docente ocurre, por ejemplo, cuando para ahorrar el pago de salarios, las empresas universitarias crean grupos numerosos, dejan a un lado la calidad educativa, el tiempo y dedicación a cada estudiante y se guían por la reducción de costos. Un grupo numeroso implica una carga de trabajo frente a grupo desafiante y un trabajo administrativo extenuante.

Una cuestión de clase.

Lenin definía a las clases sociales como grandes grupos humanos que comparten una misma posición en el sistema social de producción, que se sitúan en la misma posición respecto de la propiedad de los medios de producción y que obtienen su ingreso vital de la misma manera, en este caso, a través del salario.

El magisterio universitario, en esencia, tiene condiciones similares a las de cualquier otro trabajador, vende su fuerza de trabajo por un salario, no detenta la propiedad del medio de trabajo, que en este caso es la institución, vende su servicio educativo como cualquier otra mercancía, más aún, su situación laboral no se reduce a algunos cientos de trabajadores, sino a cientos de miles de docentes, es decir, el magisterio universitario, más que ser profesionistas es una masa de trabajadores asalariados.

Sería un error decir que su trabajo es igual al de un obrero, el suyo no es manual, sino intelectual y altamente capacitado, sin embargo, ambos trabajos merecen los mismos derechos y oportunidades, ambos pertenecen a la misma clase social, la trabajadora y por ende tienen en esencia los mismos intereses.

Según Karl Marx, para pertenecer a una clase no solo basta el hecho de que las condiciones materiales así lo demuestren, sino que también se requiere que los trabajadores se identifiquen como tales, que identifiquen los intereses de su propia clase y que luchen por ellos.

Un poco de historia.

Durante las décadas de los años 70 y 80, en México se desarrolló un importante movimiento obrero que se formó sobre bases distintas y opuestas al viejo sindicalismo ligado al PRI y al Estado, el movimiento fue tan importante que se le llamó insurgencia obrera.

Durante la insurgencia el sindicalismo universitario fue una de los sectores más dinámicos y combativos, la mayoría de los sindicatos en las universidades públicas nacieron en ese periodo, sin embargo, la insurgencia también se extendió sobre las universidades privadas de aquel entonces, el problema fue que se ejerció una dura represión sobre ellos, despidos, encarcelamientos, negativas de registros sindicales por el Gobierno federal, huelgas declaradas ilegales, etc. Fueron algunos de los métodos utilizados para aplastarlos.

Esto generó que las empresas educativas crearan sus propios sindicatos o que firmaran Contratos Colectivos con las centrales obreras ligadas al PRI y al Estado, como la CTM, CROM, CROC, etc. En 2008 docentes de la UVM intentaron organizar un sindicato auténtico, independiente del Gobierno, de la patronal y con bases democráticas, a lo que la empresa respondió con el despido (La Jornada 12/08/2008).

La reforma laboral de 2019 se anunció como una nueva era del sindicalismo en México donde el Gobierno y la patronal ya no intervendrían en sus asuntos, la realidad ha sido muy distinta.

Al igual que en otros sectores de la economía, las empresas han creado nuevos sindicatos bajo los lineamientos de la democracia y libertad sindical que contempla la reforma, es decir, las votaciones en urnas, las consultas periódicas para saber si los trabajadores respaldan o no a sus sindicatos, entre otras. Aunque estos sindicatos cumplan con las nuevas reglas, en esencia siguen siendo lo mismo que el viejo sindicalismo, es decir, una organización que impide la auténtica organización profesional.

 

Una necesidad apremiante.

La situación del magisterio universitario es apremiante, miles de profesionistas que vuelven de la docencia su medio de vida se ven sujetos a condiciones laborales por demás precarias, sin prestaciones, sin derechos, pero esta situación no debe de ser así.

El magisterio de las universidades privadas puede luchar por mejorar sus condiciones laborales, y la mejor manera es construyendo sindicatos independientes de la patronal, el Gobierno y de las centrales obreras ligadas a los partidos políticos electorales; organizaciones democráticas que representen auténticamente los intereses profesionales del magisterio.

1 comentario en “La situación del magisterio en universidades privadas”

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