Ulises Ramírez
Estimados compañeros, trabajadores y trabajadoras, han pasado los meses de mayo y junio, meses en los que se lleva a cabo el pago de las utilidades o la llamada Participación de los Trabajadores en las Utilidades (PTU), con ello, en apariencia se cierra dicho capítulo, sin embargo, después de pasado ese tiempo nos hemos encontrado con mucha información al respecto, principalmente relativa a que muchas empresas y muchos patrones no pagaron las utilidades como debe de ser, es decir, conforme a la ley; en muchos casos hicieron caso omiso de su obligación y otros prefirieron despedir a los trabajadores o darles migajas.
Es por ello que se hace necesario recordar que el pago de las utilidades ya sea de personas morales o personas físicas es un derecho constitucional que se debe de pagar sí o sí, luego entonces, considero compañeros que es necesario recordar que dicho capítulo no está cerrado, que hay acciones legales que aprender y llevar a cabo, prepararnos durante este año y el próximo para defender este derecho constitucional.
Debemos saber que cada año, entre mayo y junio, 27 millones de trabajadores mexicanos que están en el trabajo formal esperan el pago de la PTU, mientras que los otros 33 millones de trabajadores que laboran en la informalidad se quedan fuera de la jugada porque el sistema económico imperante llamado capitalismo, aunque en México el gobierno morenista diga que ya no existe, “vomita” a los informales a las calles pues no se crean fuentes de empleos dignos y acorde con los tiempos donde se dice que no hay inflación, que todo va bien; sin embargo, para la mayoría la espera del pago de las utilidades termina en una cantidad simbólica, en un «no hubo utilidades» o en un silencio total.
El plazo legal para el ejercicio fiscal 2025 concluyó el 30 de mayo para personas morales y el 29 de junio para personas físicas, pero deja tras de sí la misma pregunta que se repite en cada centro de trabajo: ¿si la empresa trabajó todo el año, si hubo horas extra, si hubo producción récord, por qué entonces nos dicen que no hay utilidades? La respuesta no siempre está en los números, sino en la complicidad y en el abandono tanto del Gobierno como de los patrones y los sindicatos charros, pero también hay que decirlo, de los trabajadores que aceptan sumisos las mentiras de los patrones y los charros ante el temor fundado de perder su trabajo a sabiendas que afuera, en la calle, la situación está peor.
La PTU no es un bono ni una dádiva patronal, es un derecho consagrado en el artículo 123, Apartado A, fracción IX de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y está regulado en los artículos 117 al 131 de la Ley Federal del Trabajo (LFT). La ley es clara: el 10 por ciento de la utilidad neta de la empresa debe repartirse entre quienes la generaron, es decir, entre los trabajadores que produjeron la riqueza.
Y aquí hay que mencionar que, como trabajadores, debemos quitarnos la venda de los ojos: quien va al trabajo a mover las maquinas, quien se fleta acomodando la mercancía, cargándola, trasportarla y una larga lista de actividades que solo los trabajadores pueden y realizan, el patrón solito no puede ni podría con todo ese trabajo, por ello es necesario remarcar que quienes generan la riqueza no son los patrones, sino los trabajadores.
Y para evitar el que nos esquilmen y nos roben lo que por derecho nos corresponde, es necesario organizarnos en un auténtico sindicato de los trabajadores y para los trabajadores, para sacudirnos al sindicato patronal que la empresa contrató llamados sindicatos “charros” que se dedican a llevar la fiesta en paz dejando a los trabajadores en una total indefensión ante las injusticias del patrón.
Luego entonces compañeros, aunque sepamos que el incumplimiento en el pago de las utilidades se ha vuelto sistemático ¿cómo le hacen los patrones para eludir el pago de utilidades? Veamos.
- La simulación financiera. En este caso las empresas con ganancias millonarias presentan declaraciones fiscales fraudulentas ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT) reportando sólo pérdidas.
2. La contratación dividida. Por ejemplo, hay empresas que presentan dos razones sociales: la empresa se llama “Lupita” S.A. de C.V., quien te contrata, pero te paga “Jarocho” S.A. de C.V., es decir, una que gana y otra que contrata, pero al SAT no le reportan utilidades.
3. El tope que se volvió techo o limite. La reforma de 2021 al artículo 127 topó la PTU a tres meses o al promedio de tres años, y las empresas lo usan como máximo.
Tenemos entonces que sí existen formas legaloides utilizadas por las empresas para eludir el pago de utilidades.
Ahora bien, muchos trabajadores que tienen sindicato se preguntan ¿cuál es la función del mismo?, ¿qué hace para representarlos y defenderlos? Ya que, al estar solos, desorganizados y sin contar con un sindicato que en verdad los represente, entonces el eslabón más débil ante las injusticias patronales es el sindicato que no los defiende.
El artículo 125 de la LFT obliga al patrón a entregar la declaración anual a una Comisión Mixta de trabajadores y si no se entrega a dicha Comisión la declaración se debe publicar en un lugar donde esté al alcance de los trabajadores, por ello en la realidad lo que vemos es lo siguiente:
a) Donde sí hay sindicato. Este se hizo el que “la virgen le habla”, muchos sindicatos de protección no forman la Comisión Mixta, no revisan nada y firman lo que la empresa dicta. El trabajador sindicalizado queda más desprotegido porque lo traiciona su propia representación.
b) Donde no hay sindicato. El trabajador queda solo, la ley le permite nombrar representantes, pero nadie se lo informa ni los impulsa y el miedo ante la pérdida del trabajo hace el resto.
Por lo anterior es necesario y urgente un sindicalismo real, es necesario detener simulaciones, el enemigo de la PTU no es solo el patrón que esconde ganancias, es también el sindicato que cobra cuotas para defender al patrón, el “dirigente” que nunca pisa la planta pero sí cobra en Recursos Humanos además de las cuotas sindicales por hacer nada, asimismo nos han hecho creer que cualquier sindicato es mejor que ninguno lo cual es una vil mentira, un sindicato al servicio del patrón es peor que no tener sindicato.
Los trabajadores deben informarse, organizarse y formar un sindicato de ellos y para ellos. Combatir a los charros, a los que heredan el puesto como negocio familiar, de modo que necesitamos sindicatos donde el dirigente sea compañero de línea, de máquina, de turno.
La ley ya nos da ese poder. El artículo 357 de la LFT es contundente: «Los trabajadores tienen el derecho de constituir las organizaciones sindicales que estimen convenientes, sin necesidad de autorización previa». No necesitan permiso del patrón ni del sindicato charro. La LFT establece que a nadie se le puede obligar a permanecer en un sindicato que no lo representa, con solo 20 trabajadores activos pueden celebrar una asamblea constitutiva y pueden formar un sindicato nuevo, auténtico.
Los trabajadores agrupados sindicalmente pueden así solicitar su Constancia de Representatividad ante el Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral, ese es el camino legal, un sindicato real no pide permiso para defender utilidades, las exige; no le cree al patrón, lo audita, incluso lo demanda legalmente; si el sindicato actual no nos representa, no lo arreglemos, cambiarlo es la opción; si no tenemos sindicato no pidamos uno, formarlo es la alternativa.
Solo los trabajadores organizados pueden y deben defender a los trabajadores, además las utilidades se generan en la fábrica, no en la oficina del contador, es tiempo de que se queden donde se generan: en manos de quienes las producen, es decir, de los trabajadores.
Se insiste compañeros, el plazo para reclamar las utilidades de este año vence en 2027 interponiendo la demanda respectiva, sin embargo, el plazo para organizarse y no volver a ser engañados vence todos los días. Aprendamos lo sucedido con el problema de la PTU en México, ya no es solo un problema de patrones evasores, sino además es un problema de representación sindical rota.
De qué sirve que la Constitución ordene que las utilidades son de los trabajadores, si el sindicato que debería defenderlas es el primero en entregarlas a cambio de mantener su contrato colectivo; de qué sirve el derecho a revisar la declaración, si quien tiene la llave de esa revisión prefiere no abrir el cajón. Este año muchos trabajadores entendieron una lección dolorosa: no basta con estar sindicalizado, hay que preguntar ¿a quién sirve tu sindicato?, un sindicato que no pelea las utilidades, que no muestra la carátula fiscal que presentó el patrón ante el SAT, que no rinde cuentas de lo que firmó, no es un sindicato, es una oficina de trámite de la empresa dentro del centro de trabajo.
Por ello compañeros trabajadores mientras los que generan la riqueza social de este país sigan sin conocer el contenido de la declaración anual de la propia empresa donde laboran y mientras sus representantes sindicales sigan administrando la ignorancia en lugar de combatirla, el reparto de utilidades seguirá siendo lo que fue este año para muchos: una simulación legal para justificar que, después de un año de trabajo en espera de un recurso económico para aliviar la deteriorada economía familiar, a quienes generaron la riqueza social no les tocó nada.



