Menos horas, más explotación

Menos horas, más explotación

Federico Hernández

Se ha aprobado en nuestro país la reducción de la jornada laboral a 40 horas, lo cual se realizará gradualmente a partir del 2027 hasta el 2030, dos horas por año. Es necesario analizar con detenimiento, desde la economía política, esta medida que el gobierno de la 4T presume con bombo y platillo. Lo cierto es que es una medida impuesta desde el poder político y sin que los dueños del gran capital se hayan opuesto como se esperaría; es resultado de acuerdos bien calculados para dar mejores condiciones a este último en su desenvolvimiento. ¿Por qué? De eso se trata esta colaboración amigo trabajador. Necesitamos ir a la esencia del fenómeno y no solo quedarnos con su manifestación externa.

Recordemos que en sus inicios el régimen capitalista en países como Inglaterra las jornadas de trabajo eran de 14, 16 o más horas. Fue la época “orgiástica” del capital como dijo el gran Carlos Marx. En México, aunque con un capitalismo más tardío, tampoco fue la excepción. Y si estas jornadas extenuantes no rebasaban estos límites en que podía explotar la fuerza de trabajo fue porque lo impedía los “límites naturales”: el trabajador debía reponer sus energías mediante un descanso apenas reparador para no desfallecer en el taller o fábrica. No había una legislación fabril que limitara la jornada de trabajo, lo que se daría al tiempo con la resistencia de la lucha de los trabajadores por reducirla. Tuvieron que pasar muchos, pero muchos decenios para ir reduciendo la jornada de trabajo hasta las 8 horas diarias y un día de descanso.

Para poder entender más a fondo la cuestión y tener una explicación de en qué condiciones sería verdaderamente favorable esta reforma al artículo 123 de la Constitución para los trabajadores mexicanos, tenemos que manejar inevitablemente unos conceptos y categorías sencillos de la economía política marxista, la única científica, que reflejan la realidad.

Debemos en primer lugar tener claro que el tiempo de duración de la jornada de trabajo se divide en dos partes. La primera es la parte necesaria de la jornada de trabajo, que es aquella en que el trabajador produce un valor equivalente a su salario con el que el trabajador compra sus medios de vida, o sea comida, ropa, calzado, medicina, etc.; la otra es la parte excedente, en la que produce un valor del que se apropia el capitalista dueño de los medios de producción y que es lo que se conoce como plusvalía, que no es más que el trabajo no remunerado al trabajador. Marx habló del “hambre de trabajo excedente” del capitalista, del cómo mediante miles de argucias el patrón prologaba la jornada de trabajo, y con ello el trabajo excedente creador de plusvalía, engañando a los inspectores del gobierno inglés o presionando a este para que no se legislará a favor de los trabajadores.

Ahora bien, el límite entre una parte y otra, entre la parte necesaria y la parte excedente de la jornada de trabajo, no es fijo, se mueve en función de la productividad del trabajo. ¿Y qué es la productividad del trabajo?, ¿cómo influye en el tiempo que dura cada una de las partes en que se divide la jornada de trabajo? La productividad es la cantidad de mercancías que se producen por unidad de tiempo o dicho de otra manera el tiempo en que se produce una mercancía determinada. Ésta aumenta por varios factores, entre ellos: la habilidad y destreza del obrero, por las mejores condiciones naturales, por la mejor organización en los procesos productivos, y, finalmente, por la aplicación de la ciencia y tecnología en el proceso productivo. Pueden darse todos o algunos de ellos en un período determinado. Si antes con maquinaria vieja y una mala organización en la producción, en unas 10 horas, 30 obreros producían 200 pares de zapatos; resultará que al organizarse mejor el proceso productivo e introducirse maquinaria más avanzada tecnológicamente se producirán 800 pares de zapatos en las mismas 10 horas, entonces la productividad habrá aumentado cuatro veces. Con esto el valor de cada par de zapatos habrá descendido a 1/4 de su valor. Podrá, por tanto, venderse a un precio (que es la expresión en dinero del valor), 1/4 de su precio anterior. Tengamos siempre presente que la magnitud de valor de una mercancía lo da la cantidad de trabajo socialmente encerrado en ella. A más trabajo añadido a una mercancía mayor valor tendrá.

Ahora bien, si aumenta la productividad en las ramas de las industrias donde se producen medios de vida como ropa, calzado, comida, etc., éstos tendrán un menor valor y reducirán sus precios. Es obvio, por tanto, que el tiempo de trabajo necesario se reducirá, se acortará, al aumentar la productividad, pues al obrero se le pagará menos pues su salario es el pago en dinero de la suma de medios de vida que necesita, y el valor de estos disminuirá. Si antes en dos horas de la jornada de 8 horas de trabajo, el obrero producía un valor equivalente a su salario, ahora con el aumento de la productividad, lo hará en media hora. Las restantes 7 ½ horas serán trabajo excedente. ¡Albricias para el empresario! ¡Su ganancia aumentará!

No debemos perder de vista que la finalidad del capitalista no es darle trabajo al obrero, ni mejorar su salario ni sus condiciones de vida, entre ellas que tenga más horas de descanso. Muy al contrario, su único objetivo es la obtención de la mayor cantidad de ganancia (plusvalía) posible. Y esta aumenta alargando la parte excedente de la jornada de trabajo. Esta se da de dos formas: si es alargando la jornada de trabajo se produce lo que Marx llamó plusvalía absoluta; si es disminuyendo la parte necesaria de la jornada de trabajo, se crea entonces la plusvalía relativa.

Sigamos avanzando, esperando que nuestros escasos lectores no se desesperen, pero es necesario exponer esto para poder entender por qué se da la reducción de la jornada laboral en nuestro país sin que apenas se haya dado una verdadera “resistencia” de los dueños del dinero a quienes si se les tocan sus intereses ya están dispuestos a mover mar y tierra.

Lo cierto es que dicha reducción de la jornada de trabajo no será más que pura ficción, como lo es ahora la jornada de 8 horas diarias. Sabemos que en realidad el trabajador mexicano se ve obligado, dado su bajo salario, a trabajar horas extras o buscar empleos suplementarios. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México es el país donde se tienen las jornadas más largas en el mundo: 2, 226 horas al año en promedio, seguido de Costa Rica con 2, 149 horas. Alemania de las más bajas con 1,341 horas (Expansión.mx). Sin detenernos a ver qué pasa con los millones de trabajadores que trabajan en la llamada informalidad en la que carecen de toda clase de prestaciones sociales y de una regulación en sus jornadas de trabajo.

En realidad, las horas extras son sólo una forma disfrazada de alargar la parte excedente de la jornada de trabajo; la otra parte la hace la productividad. Aunque extenuado, el obrero busca arrimarse algunos pesos más trabajando dos o tres horas más después de su jornada de 8 horas. En los hechos la parte excedente de la jornada de trabajo se aumenta y con ello la plusvalía absoluta. Pero no sólo eso, sino que la productividad aumenta día con día. El gran capital está innovando su tecnología y sus procesos productivos para conseguir que la parte necesaria de la jornada se reduzca. De modo que puede mantener los bajos salarios de los trabajadores.

Lo que el capital social necesita es una masa de fuerza de trabajo disponible a sus necesidades, que la pueda utilizar en el momento que desee y en la modalidad que le convenga. Lo ha hecho siempre. Preguntémonos ¿por qué existe una masa de trabajadores en paro forzoso, es decir, desempleada?, ¿por qué nunca en ningún país capitalista se ha dado el llamado pleno empleo? Respuesta: porque así, en tiempos de crecimiento de la industria en las distintas ramas, el capital dispondrá de esa mercancía especial llamada fuerza de trabajo que tendrá siempre a su disposición en los millones de desempleados que conforman un verdadero Ejercito de reserva. Además, dada la demanda y oferta de trabajo, el capital siempre encontrará la fuerza de trabajo a un precio muchas veces por debajo de su valor.

Podemos entonces concluir que la reducción de la jornada de trabajo a 40 horas (Diario Oficial de la Federación, 3 de marzo) no será más que una engañifa para la clase trabajadora. ¿Por qué? Simplemente porque, en los hechos, el obrero se verá obligado, dado lo mísero de su salario, a trabajar más horas, sea por la vía de trabajar más horas extras en su fábrica o trabajando en dos empleos con salarios que apenas le alcanzaran para medio vivir. Con la reforma referida de la reducción de la jornada de trabajo, habrá más movilidad de la fuerza de trabajo acorde a las necesidades sobre todo del gran capital, sin excluir al mediano y pequeño capital en algunos sectores. Recordemos que los empresarios han buscado siempre que se legisle que la contratación sea por horas según ellos para que la mano de obra sea “más flexible” y pueda pagar sólo el tiempo que utilice ésta. ¿No será la reducción de la jornada laboral una medida en esa dirección?

Nadie podrá negar que este gobierno de la 4T resultó más neoliberal que los anteriores gobiernos neoliberales. Le ha brindado las mayores condiciones a los dueños del dinero para aumentar fabulosamente sus fortunas. Y para confirmarlo ahí están Carlos Slim y German Larrea sólo por mencionar algunos, que casi duplicado sus fortunas. ¿Por qué ahora la 4T iría contra los intereses de la clase a la que representa más allá de su pregón de “primero los pobres”? No nos engañemos, el Estado burgués es un aparato al servicio del capital, como dijo Carlos Marx, “El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”. Se pretende matar dos pájaros de un tiro como se dice coloquialmente: engañar al trabajador presentándose como un gobierno a favor de la clase obrera, y darle mejores condiciones al gran capital para seguirse valorizando a costa de la explotación de la fuerza de trabajo.

La terca realidad se impone. Se seguirá explotando a los productores de la riqueza social quedándose con la parte excedente de la jornada de trabajo. Lo que se requiere, si es que realmente se quiere hacer efectivo lo de una jornada de 40 horas que le tiempo de descaso y recreo al trabajador y a su familia para su desarrollo físico y espiritual, es acompañar a esta reducción de la jornada de trabajo con un incremento sustancial del salario que percibe el trabajador, que se acerque al valor de lo que el trabajador crea con sus manos día a día. Sólo así el trabajador estará en condiciones de liberarse verdaderamente. El llegar a esta situación sólo será posible (dejando un fondo social que permita atender las necesidades sociales) en una nueva sociedad más justa y equitativa. Lo que será inevitable a futuro, de eso debemos estar seguros.

 

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