¿Por qué los obreros mexicanos emigran al gabacho?

¿Por qué los obreros mexicanos emigran al gabacho?

Ernesto Acolmixtli

Lamentablemente, México es el segundo país del mundo que más obreros expulsa de sus tierras y solo es superado por India. En Estados Unidos hay más de 38 millones de mexicanos, de los cuales 4 millones son ilegales. La inmensa mayoría son jóvenes entre 18 y 45 años. Lo más preciado de nuestra fuerza de trabajo y talento se va, año con año, a crear riqueza para los patrones norteamericanos.

 

Pero ¿cuáles son las causas de la salida de los mexicanos al extranjero? La respuesta la conocemos todos: huyen del desempleo y los salarios de hambre. ¿Y por qué contratan a los mexicanos en Estados Unidos? Porque los mexicanos laboran más que cualquier trabajador del mundo y aceptan los salarios más bajos de toda la unión americana.

 

Estas dos condiciones, la expulsión de México y la contratación en EE. UU. tienen una sola causa: la terrible explotación laboral que hay en México y la demanda de mano de obra barata que necesitan los patrones gringos, también para explotarla y aumentar su ganancia. Los expulsa la explotación en México y los recibe la lucrativa explotación en Estados Unidos.

 

Si la mano de obra es barata para los empresarios mexicanos, muchísimo más barata es para los norteamericanos. Los obreros solo venden mejor su fuerza de trabajo en Estados Unidos. Expliquemos esto partiendo de una breve referencia histórica.

 

Cuando Estados Unidos entró al capitalismo, su revolución industrial venía de la producción agrícola en granjas familiares en el norte y grandes plantaciones con esclavos en el sur, este proceso se inició por 1790, es decir, 100 años antes que el capitalismo mexicano. La revolución industrial en EE. UU. comenzó por el campo, con la invención de la cosechadora mecánica que multiplicó la producción agrícola, que a su vez promovió la industria textil de fibras, en grande. Además, explotaron los recursos minerales con intensidad: hierro, carbón, petróleo y los aplicaron a la industria junto con el motor de vapor, innovaron la producción industrial mediante el sistema de piezas intercambiables en las máquinas–herramientas y, en 1830, construyeron vías de ferrocarriles en todo el territorio, creando un comercio de gran escala. El crecimiento económico fue veloz e intenso en todo el territorio norteamericano.

 

El desarrollo económico generó también el desarrollo social del pueblo americano: se crearon ciudades urbanizadas con servicios, se impulsó la educación y se crearon muchos puestos de trabajo. Todo ello aumentó las exigencias y necesidades de los obreros norteamericanos en todos los sentidos: vestido, alimentación, vivienda, salud, educación, servicios básicos, etc., de modo que se elevó el consumo interno y todo ello provocó un importante aumento salarial para la clase obrera estadounidense.

 

Por otro lado, México entró en la industrialización del país cien años después que ellos, allá por 1890 aproximadamente, veníamos de un sistema de producción basado en las grandes haciendas coloniales, que dependían del trabajo de los peones, cuya mano de obra era semiesclava. Antes del peonaje y las haciendas, existió la esclavitud abierta de los trabajadores mexicanos por los españoles, donde el trabajador era propiedad absoluta del conquistador y era por entero una mercancía que se podía comprar o vender como cualquier animal de trabajo.

En todas estas formas de explotación, el trabajador mexicano era sometido a los más inhumanos tratos laborales, las clases dominantes de las distintas épocas los exprimían hasta la última gota de energía, dándoles solo el mínimo de productos en especie para su sostenimiento. La situación laboral en aquel entonces consistía en aguantar o morir. Los obreros que no se sometían, eran lanzados a la calle.

 

Por eso, cuando surgió el capitalismo en México, cien años después del estadounidense, la nueva clase burguesa mexicana contó con una clase obrera que venía de una explotación y una pobreza brutales, de siglos de sometimiento colonial, capaz de soportar al nuevo y agresivo modo de explotación capitalista, con su nueva clase dominante, la burguesía mexicana.

 

La nueva clase capitalista mexicana, rezagada ante la burguesía yanqui, construyó el capitalismo mexicano dependiente del capitalismo norteamericano o europeo: modernizaron la producción con máquinas traídas de Europa o Estados Unidos, copiaron sus procesos industriales, usaron energía moderna como carbón, petróleo y electricidad, como aquellos, pero en el terreno social no hubo un desarrollo importante y menos en el terreno laboral, no mejoraron los salarios de los obreros y les impusieron peores condiciones que a los obreros gringos: largas jornadas de trabajo, de una intensidad agotadora.

 

Esta apretada referencia histórica del desarrollo del capitalismo de Estados Unidos y México, puede ayudar a comprender mejor el problema de la migración de los obreros mexicanos al gabacho. Una vez que la historia marca las grandes diferencias económicas y sociales entre los dos países, también se marcan claramente las diferencias de salarios entre Estados Unidos y México. Los bajos salarios mexicanos expulsan a los obreros de nuestro país y los reciben allá, por barata y esforzada.

 

El Instituto de Política Migratoria de Estados Unidos, desde 1850, tiene registros de trabajadores mexicanos, braseros, emigrando al norte para buscar trabajo y un mejor salario. Desde entonces esta migración ha aumentado año con año en la medida que aumenta la pobreza en nuestro país, y no se detendrá porque responde a una ley del mercado de mano de obra capitalista y, por tanto, esta ley se cumplirá mientras haya capitalismo. Los empresarios dueños del capital estadounidense seguirán buscando, desesperados, la mano de obra mexicana que les da más ganancia que sus trabajadores, güeros y negros, quienes laboran poco y piden mucho porque tienen otro nivel de vida. Échenle un ojo a esto:

En Cananea, Sonora, en 1906, donde se dio la gran lucha obrera, la diferencia salarial entre obreros mexicanos y gringos era ya mucha, los mexicanos ganaban 3 pesos al día y los extranjeros 7 dólares, haciendo lo mismo. Entonces un dólar valía 2 pesos mexicanos aproximadamente. Esta diferencia se mantiene hoy día. Un obrero en México gana en promedio 2.8 dólares la hora y en EE. UU. los mexicanos ganan 17 dólares por hora en promedio. En pesos significa que, en promedio, un obrero en México gana 56 pesos por hora y en Estados Unidos gana 340 pesos por hora.

Así están las cosas de disparejas. De modo que el empresario gringo, aun pagando más por concepto de salarios, obtiene ganancias fabulosas con la mano de obra de los migrantes.

Los casi 40 millones de mexicanos que viven y trabajan en Estados Unidos aportan al año 2 billones de dólares (dos millones de millones de dólares) al Producto Interno Bruto (PIB) de la primera economía del mundo. Cerca del 10 % del total de la economía estadounidense, de acuerdo con el estudio, en 2024, de Latino Donor Collaborative Think Tank (LDCTT).

 

Además, según la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, en impuestos anuales, nuestros migrantes aportan 324 mil millones de dólares al erario de Estados Unidos, en cargas federales, estatales y locales.

¿Los capitalistas norteamericanos van a perder esas fortunas? Claro que no, a pesar de las medidas de presión que quiere imponer Trump. Los migrantes son fuerza de trabajo en tránsito, en potencia, que va al norte a realizarse, a venderse más caro, para crear el capital de la burguesía estadounidense.

 

Planteadas así las cosas, compañeros trabajadores, puede quedar más claro por qué emigran nuestros obreros al gabacho: porque en México los salarios que mantienen los patrones y el gobierno son salarios de hambre, y porque los necesitan los empresarios güeros para hincharse de billetes con el ejemplar trabajo mexicano.

 

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