Surgimiento del capitalismo y la clase obrera (Primera parte)

Federico Hernández

El mundo en que vivimos enfrenta gravísimos problemas como guerras, hambruna, desempleo, violencia, enfermedades, corrupción, entre muchos otros. La mayoría de los trabajadores no alcanzamos a entender las causas profundas que explican todos estos fenómenos, y no podemos hacerlo porque desconocemos la explicación científica de lo que es la sociedad y cómo se desarrolla, no conocemos la herramienta teórica para poder explicarla y transformarla, y esa herramienta existe: es el marxismo.

Además, porque en la actualidad la clase que tiene el poder económico y, por tanto, el poder político e ideológico, trata de obnubilar nuestra conciencia con explicaciones falsas, vertidas por los poderosos medios de comunicación, por las escuelas, la literatura y por todos los mecanismos a su alcance, donde ofrecen la explicación que más conviene a sus intereses de clase, donde presentan a la sociedad capitalista como la mejor de las posibles.

Para que los trabajadores podamos combatir estos males que flagelan a la humanidad, y que nos afectan de manera directa, debemos dar una lucha de manera organizada y consciente para combatir las causas que provocan dichos males. ¿Consiente de qué? Consciente de qué es la sociedad en la que vivimos y del papel que jugamos en ella como creadores de toda la riqueza social. Consciente de las causas que provocan la pobreza, el desempleo, los bajos salarios, etc.

Empecemos pues a explicar cómo surgió históricamente la sociedad capitalista. Todas las sociedades humanas que han existido a lo largo de la historia, no importa su grado desarrollo, requieren obtener de la naturaleza lo que necesitan para vivir, productos que la misma les brinda como el trigo, maíz, pescado, algodón, minerales, etc., y muchos de ellos deben ser transformados en artículos acabados para su uso. Pero necesitan primero ser arrancados, por decirlo así, de la naturaleza a través del trabajo humano: el pescador debe ir a los ríos o adentrarse en sus lanchas en el mar y lanzar sus redes para sacar los peces, crustáceos, etc.; el minero debe penetrar en la profundidad de la tierra con su lámpara y pico, o aparatos más modernos en la minería moderna, para extraer oro, plata, zinc, hierro. Así también con los demás recursos que necesita.

Pero en la mayoría de los casos, una vez obtenida la riqueza de la naturaleza, no se utiliza directamente como está, en bruto, sino que debe ser transformada para ser aprovechada o consumida como medio de vida. Por ejemplo, el algodón debe ser transformado en el proceso productivo en hilo, luego en tela y posteriormente en una prenda de vestir. Aquí nuevamente aparece el trabajo humano: el del hilandero, el tejedor y el sastre. Pero ese trabajo el hombre no lo realiza sólo con sus manos, que aunque son maravillosas como dijo en un poema Walt Whitman, “[…] y la articulación más pequeña de mi mano avergüenza a las máquinas…”, tiene sus límites y, por tanto, tiene que usar herramientas. El sastre necesita tijeras, hilo, una máquina de coser y un local; con su habilidad, con la destreza de sus manos y con herramientas podrá transformar las materias primas en una prenda que abrigue a otros hombres.

Como vemos el hombre para satisfacer sus necesidades materiales necesita tres elementos: materias primas que arranca de la naturaleza, herramientas que él mismo ha creado a lo largo del tiempo y su fuerza de trabajo con que manipula estas últimas y transforma aquellas. Alguien decía acertadamente que “El trabajo es el padre de la riqueza, y la tierra la madre”. Aquí como vemos aparecen tres elementos que participan en todo proceso productivo de bienes materiales, sea en un pequeño taller, en una gran fábrica, en la pequeña y gran agricultura: materias primas, herramientas y fuerza de trabajo. A los dos primeros se les conoce como medios de producción. Y a los tres elementos, en su conjunto, los llamaremos fuerzas productivas.

Veamos cómo se han relacionado los hombres a lo largo de la historia con base a la apropiación, creación, desarrollo y uso de los medios de producción. En la comunidad primitiva el hombre vivía en pequeños grupos y recolectaba frutos y raíces, cazaba, curtía las pieles, etc., con instrumentos muy primitivos. Aquí la tierra y los toscos instrumentos no pertenecían a un individuo sino a la comunidad, aunque no tuvieran conciencia de ello. En otras palabras, los medios de producción no eran propiedad privada de nadie. Nadie podía decir “esto es mío”.

Pero el hombre no se quedó en ese estado primitivo sino siguió avanzando: inventó y mejoró los medios con que producía: en lugar del tallador o la punta de flecha, apareció el arco y la flecha. Al quedarse asentado un tiempo en un paraje observó que una semilla germinaba y decidió echar semillas en la tierra y esperar a que germinaran y surgiera la planta. ¡Nació así la agricultura!  Vio que si en un terreno acorralaba animales con palos y ramas podría mantenerlos y domesticarlos y tener carne disponible y que eso era mejor que ir tras ellos en sus rutas migratorias. ¡La ganadería hacía su aparición! Luego utilizó los animales como medios de tracción para la agricultura e inventó el arado. ¿Qué significo todo esto? Que se desarrollaban las fuerzas productivas.

Pero el desarrollo de las fuerzas productivas, (nuevas materias primas, mejores herramientas y una mayor habilidad y utilización de su fuerza de trabajo) trajo una consecuencia que lo cambiaría todo en el seno de la sociedad primitiva: aumentó la productividad y con ello el hombre pudo producir un excedente. El hombre producía más granos con el conocimiento del cultivo de la tierra, obtenía más carne de su ganado domesticado con menos esfuerzo gracias a las nuevas herramientas, nuevos métodos y nuevos conocimientos. Antes, dado lo primitivo de sus herramientas y su poco dominio sobre la naturaleza, el hombre tenía que vivir en grupos y usar en colectivo sus medios de producción. Ahora con la producción de un excedente, resultado de un mayor desarrollo en sus fuerzas productivas, un solo hombre podía bastarse para tener su alimento y vestido sin necesidad de los demás. Este hombre empieza a decir: “éste arado es mío, esta pequeña parcela es mía, estos animales son míos”. En pocas palabras aparece la propiedad privada de los medios de producción. Y con ello apareció la diferencia de clases: los que se adueñaron de los medios de producción y los que se quedaron sin ellos.

Este desarrollo da la humanidad da lugar al esclavismo donde no sólo un grupo de hombres (esclavistas) se adueñaron de los medios de producción sino son dueños de otros hombres que carecen de todo y que habían caído prisioneros en las guerras o por deudas. En la antigüedad, Grecia y Roma son ejemplos de sociedades esclavistas. Pero el esclavismo, que duro miles de años, se agotó como sistema económico, llegó al punto en que el esclavo, dada su brutal explotación, dejó de tener interés en el trabajo y prefería dejarse morir.

Sigamos el curso del desarrollo de la sociedad. Al esclavismo le sucede el régimen feudal en donde la sociedad se componía principalmente de dos clases: un reducido número de hombres que poseía grandes extensiones de tierra, llamados señores feudales y, por otra parte, una gran masa de campesinos llamados siervos de la gleba, que carecían de la tierra y que, por ello, se veían obligados a arrendar la tierra a aquellos, y en pago por ello, trabajaban gratis la mitad de la semana o más tiempo en las tierras del señor feudal (duques, condes, marqueses y demás); la otra mitad  de la semana en las tierras donde vivían y arrendaban.

Luego con el desarrollo de este modo de producción feudal, los siervos de la gleba pagaban al señor feudal en especie y más adelante en metálico. No solo existía esa explotación descarada, sino que los siervos, los campesinos, tenían que pagar el diezmo a la iglesia o pagar por moler su grano en el molino del señor feudal. Este tenía incluso el derecho de pernada. Ante esta lamentable situación, muchos siervos huían de estas condiciones de explotación y formaron ciudades llamados burgos en los alrededores de los castillos y empezaron a desarrollar oficios; así aparecieron los talleres artesanales que se organizaban en gremios: el gremio de zapateros, el de herreros, sastres, etc. Estos estaban conformados por un maestro, un oficial y aprendices. Estaban muy reglamentados y producían poco dado sus herramientas y su organización en la producción.

Tanto el esclavismo como el feudalismo fueron sociedades de explotación del hombre por el hombre: el esclavista explota al esclavo y es dueño de este último; el señor feudal explota al siervo y, aunque no es propiamente dueño del campesino, está sujeto a su opresión. En ambos casos la razón de tal situación es que unos son dueños de los medios de producción y los otros carecen de ellos.

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