Arturo Castillo
En el régimen económico vigente en nuestro país, los que no tienen más que su fuerza de trabajo para obtener un salario y con él poder alimentar, vestir, calzar, educar y curar a su familia, no les basta cumplir diariamente las jornadas laborales para satisfacer las necesidades del hogar. En las empresas y fábricas, los patrones que nunca tiene llenadera, aumentan sus fortunas a costa de pagar salarios de miseria, y todo ello bajo la complacencia de los lideres charros.
Pero no solo en las empresas hay arbitrariedades laborales en contra de los trabajadores, también en las administraciones del gobierno. “La nueva clase política” en el poder, morenista, petista y verde ecologista, ávida de lujos y fortunas, comete constantemente verdaderos abusos al negar los derechos que afectan la economía de los trabajadores y sus familias.
Para completar los gastos familiares, las amas de casa se ven en la necesidad de trabajar en condiciones que violan sus derechos constitucionales. Como es el caso de las cocineras del Municipio de Mixquiahuala, en el estado de Hidalgo, contratadas para preparar los alimentos en las escuelas, son trabajadoras contempladas en el Proyecto para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) “Espacios de Alimentación, Encuentro y Desarrollo”, a pesar de cumplir diariamente con su trabajo, la autoridad municipal evade sus obligaciones laborales.
Las cocineras de Mixquiahuala con antigüedad de 10, 15, 20 y hasta 29 años en el desempeño de su trabajo, nunca han sido aseguradas en alguna institución de salud por parte de las diferentes administraciones del municipio. Cuando alguien se enferma, si bien les va, les dan 500 pesos para que acudan a un consultorio particular y si no le alcanza para los medicamentos, lo completa de su propio salario.
Peor aún, ahora por la edad y enfermas, la administración municipal constantemente las cambia de centro de trabajo, alejadas de sus domicilios, con el objetivo de fastidiarlas para que renuncien y así liberarse de pagar indemnizaciones o pensiones.
Ante la campaña de discriminación y hostigamiento laboral, las trabajadoras del DIF decidieron armarse de valor y unirse para detener la represión y exigir, en primer lugar, su inscripción en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE). La amarga experiencia de las cocineras del DIF del Municipio de Mixquiahuala demuestra que nadie más que los que viven de su trabajo, organizados y en lucha, podrán hacer valer sus mínimos derechos laborales.
Pero lo más importante es, no solo organizarse para construir una asociación sindical auténtica y combativa, sino adquirir, además, conciencia de la necesidad de tener una organización política de los trabajadores, para librar una lucha de mayor alcance, para disputarle el poder a la nefasta clase gobernante que, mediante su demagogia, adormece la voluntad de la clase trabajadora para que acepte mayores sacrificios en beneficio de los poderosos dueños del dinero.