¡Urge la formación del partido obrero!

Sergio Cadena

Desde que hace miles de años la sociedad humana se dividió en clases antagónicas, en explotadores y explotados, la lucha de clases se convirtió en el motor que acelera el devenir histórico, es lo que ha impulsado a la humanidad transitar de una fase de desarrollo inferior a otra superior. Pero para que esa lucha de clases tenga éxito, es decir, triunfe la clase social naciente sobre la clase social caduca, se necesitan varias condiciones, unas de carácter objetivo y otras de carácter subjetivo. Las primeras no dependen de la voluntad humana, las últimas sí.

Con respecto a las primeras me permitiré citar textualmente a Carlos Marx que lo explica de manera insuperable: “En la producción social de su existencia, los hombres establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado estadio evolutivo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se alza un edificio jurídico y político, y a la cual corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el proceso social, político e intelectual de la vida en general. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia. En un estadio determinado de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes…Esas relaciones se transforman de formas de desarrollo de las fuerzas productivas en ataduras de las mismas. Se inicia entonces una época de revolución social”.

Actualmente, el mundo capitalista (incluido México) se encuentra ya en esta “época de revolución social”, sin embargo, el aspecto subjetivo, la organización de vanguardia, la organización partidaria, desgraciadamente muy pocos la tienen. En efecto, como decía José Revueltas, la conciencia colectiva es el Partido o la desenajenación del proletariado se cristaliza y se concreta en la existencia del Partido obrero, pero no se trata de un partido electorero, sino de un partido integrado por revolucionarios profesionales, en otras palabras, por luchadores sociales armados con una preparación teórica científica, el marxismo y que fogueados permanentemente al calor de la lucha sindical y política forjan la guía segura y confiable de la lucha obrera.

Por ejemplo, los recientes acontecimientos en Venezuela, a mi juicio, evidencian la inexistencia del Partido al que nos hemos referido: el secuestro del presidente Nicolás Maduro (que no fue nada fácil por la resistencia de 32 cubanos que formaban parte de su cinturón de seguridad), la pasividad del pueblo, la traición de un alto mando, etc. En fin, el PSUV no es marxista-leninista. Muy distinta es la historia de la revolución cubana, en donde se dio la fusión de un partido marxista-leninista (fundado en 1920) con el grupo guerrillero dirigido por Fidel Castro con lo cual lograron la toma del poder el primero de enero de 1959 y posteriormente vencieron, con el pueblo armado, dos intentos de invasión mercenaria y un sinfín de sabotajes a su producción agrícola y manufacturera, así como más de 600 atentados infructuosos contra Fidel. Por si fuera poco han soportado un bloqueo económico por más de 60 años.

En México urge la formación del Partido aludido, que dé la lucha política y sindical -que por cierto no abundan-, se vayan destacando luchadores sociales serios que al mismo tiempo que encabecen la lucha de los oprimidos se preparen teóricamente con la luz del marxismo. Las “patadas de ahogado” que está dando el imperialismo norteamericano, así lo exige.

 

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