La agresión imperial contra Venezuela

La agresión imperial contra Venezuela

Ricardo Torres

Después de meses de ejercer un cerco naval en las costas de Venezuela, finalmente en la madrugada del pasado 3 de enero de 2026, el gobierno norteamericano ordenó una criminal agresión militar en la ciudad de Caracas y los estados de Miranda, Aragua y La Guaira, donde desplegó aeronaves, helicópteros de combate y fuerzas especiales, asesinó e hirió a decenas de personas, destruyó infraestructura civil y militar, puertos, aeropuertos, sistemas de comunicaciones, centros de almacenamiento de insumos, instituciones de investigación científica y viviendas, para luego secuestrar al Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros y su esposa, la diputada Cilia Flores, violando con todo ello la soberanía del pueblo venezolano, las normas de la propia Constitución estadounidense y los principios fundamentales del derecho internacional.

Ese mismo día el presidente Donal Trump pronunció un discurso para informar sobre dicho acontecimiento: para justificar la agresión dijo que la fuerza militar norteamericana había capturado con éxito al dictador Maduro, cabecilla del nefasto “Cartel de los Soles”, para llevarlo ante la justicia norteamericana acusado por el delito de narcoterrorismo. Sin embargo, más adelante en su conferencia, corroboró el verdadero objetivo de la intervención militar, al afirmar que su gobierno estaría a cargo de Venezuela para sacar una gran cantidad de riqueza del subsuelo, que las mejores compañías petroleras norteamericanas invertirán millones de dólares para vender grandes cantidades de petróleo a otros países y ganar así mucho dinero. Hasta aquí una muy apretada síntesis de los hechos.

Esta agresión militar del imperialismo norteamericano contra Venezuela tiene un alcance planetario. Razón por la cual se siguen pronunciando jefes de Estado, organismos internacionales, partidos y organizaciones políticas, medios de comunicación, periodistas, líderes de opinión, etc. Unos a favor y otros en contra. Por ello, consciente de la complejidad del acontecimiento y de la insuficiente información con la que contamos hasta el momento, me atrevo a expresar sólo algunas reflexiones sobre estos hechos, impulsado especialmente por la inadmisible campaña de mentiras y manipulación ideológica que diariamente aparece en los medios de comunicación masiva controlados por el propio imperialismo con el claro propósito de echar humo en los ojos de la opinión pública mundial.

Primera. Resulta contradictorio que el Gobierno norteamericano, a quien por lo visto las leyes nacionales e internacionales le importan un bledo, quiera llevar al Presidente Nicolás Maduro precisamente ante la ley para ser juzgado. ¿En qué quedamos, se deben o no respetar los principios y normas establecidas en la ley?, ¿o sólo Maduro está obligado a cumplir con ella? Esta narrativa sostenida por el imperio durante muchos años tratando al Presidente Nicolás Maduro como un delincuente ha buscado estigmatizarlo para que, llegado el momento como ahora, al informar que fue capturado (utilizando una terminología policial como si se refirieran a un forajido que huye de la justicia), la opinión pública suponga o sobrentienda que por fin el delincuente ha sido capturado. Me interesa destacar que el imperio ha diseñado una cuidadosa estrategia discursiva para manipular a su antojo la percepción de la opinión pública mundial. ¡Mienten Trump y los medios de comunicación a su servicio! El Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro no fue capturado, sino violenta e ilegalmente secuestrado por el ejército norteamericano bajo el pretexto de ser cabecilla del “Cártel de los Soles”.

No obstante, apenas hace unos días, esta acusación se desplomó por completo en virtud de que el propio Departamento de Justicia de EE. UU. se retractó de la acusación y la eliminó del expediente en virtud de que dicha organización criminal no existe y, por tanto, jurídicamente era insostenible demostrar que Maduro fuera el jefe del “Cartel de los Soles”. Se les cayó pues el taparrabo y quedó al descubierto que dicha acusación fue solo un pretexto para justificar la agresión imperial, porque, como ya lo confesó Trump y en su momento lo advirtieron Chávez y Maduro, el verdadero interés del Gobierno norteamericano, que no el único, se encuentra en el control y comercialización en dólares (léase petrodólares) de las mayores reservas de petróleo que existen en el mundo, así como el aprovechamiento de otros abundantes recursos naturales que posee Venezuela. ¡Un vil despojo! Muy parecido al que en 2003 sufrió Irak: la mentira norteamericana de acusar a Sadam Husein por el “uso de armas de destrucción masiva” fue profusamente difundida por el imperio para justificar la intervención militar, posteriormente lo asesinaron y se apoderaron del petróleo iraquí.

Segunda. Era de esperarse que, por ejemplo, el presidente argentino Javier Milei, representante de la ultraderecha, aplaudiera eufórico la agresión militar de Washington y la captura del dictador Maduro. Lo que resulta revelador es el doblez de muchos otros que se dicen “progresistas”, “izquierdistas” y hasta “socialistas”, como el caso de Pedro Sánchez, presidente de España y secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), quien años atrás reconociera oficialmente al opositor Juan Guaidó Márquez como presidente encargado de Venezuela y hoy “de dientes para afuera” dice condenar la agresión militar de Washington contra Venezuela, pero no sin antes expresar que de ninguna manera reconoce al gobierno de Nicolás Maduro. Como vemos, de manera eufemística utilizan un lenguaje para disfrazar su consentimiento a la agresión militar del imperio. Por tanto, todos ellos, derechistas recalcitrantes y simuladores de “izquierda”, son mercenarios abiertos o velados al servicio del imperialismo yanqui, aunque cabe señalar que estos últimos hacen todavía más daño que la ultraderecha porque al pueblo trabajador lo engañan y desmovilizan con falsas expectativas.

Tras la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1991, el Gobierno norteamericano sintiéndose amo de un mundo unipolar, se atribuyó, por sí y ante sí, la autoridad y el derecho de acusar con su dedo flamígero a los gobiernos del mundo, desacreditando a los adversarios de su imperio calificándolos como “dictadores”, aplicando una calculada estrategia discursiva que replica el ataque y la mentira a través de su poderosa maquinaria de dominación mediática para engañar a los habitantes del planeta y vendernos la falsa idea de que, por ejemplo, Muamar Gadafi, Bashar al-Asad o Nicolás Maduro eran “dictadores”.

Pero basta con preguntarnos ¿por qué Benjamín Netanyahu, primer ministro de la ultraderecha en Israel, puede cercar militarmente a la población palestina en un inhumano apartheid, ordenar el bombardeo de la Franja de Gaza, destruir durante más de dos años continuos toda la infraestructura urbana, asesinar a más de 100 mil palestinos entre hombres, mujeres, niños y ancianos en un espeluznante y sangriento genocidio e impedir, además, el ingreso de ayuda humanitaria internacional a Palestina; por qué impunemente también pueda bombardear a Irán, Líbano y Yemen y, al mismo tiempo, ser ovacionado a su llegada al Congreso de Estados Unidos?, ¿no se trata de un dictador fascista que, en complicidad con Trump, abusa de su autoridad, viola el derecho internacional y ejerce el poder sin limitación alguna? En mi opinión son los pueblos los únicos facultados para valorar y calificar el desempeño de los gobernantes y no el homicida imperio yanqui.

En consecuencia, cuando en los medios de comunicación o en las redes sociales, los trabajadores escuchemos que un líder de opinión afirma que Maduro es un “dictador”, debemos entender que se trata de un mercenario a sueldo que se encuentra al servicio del imperialismo yanqui. Y si la acusación la escuchamos de algún familiar, persona cercana o integrante del pueblo trabajador, no debemos sorprendernos, sino entender que no solo está desinformado, sino que ha mordido el ininterrumpido anzuelo mediático del imperio.

Tercera. Los trabajadores de México debemos mirar con mayor atención lo que sucede en el ámbito internacional. La criminal agresión militar del Gobierno norteamericano en contra de Venezuela se inscribe en el marco de la lucha entre las principales potencias del orbe que se encuentran enfrentadas por definir el nuevo orden mundial: por un lado, los países que pugnan por un mundo unipolar cuya hegemonía pretende seguir imponiendo Estados Unidos a sangre y fuego y, por otro lado, encabezados por China y Rusia, los países que pugnan por un mundo multipolar que respete el derecho internacional y la soberanía de los pueblos, promoviendo la cooperación para mantener la paz, la seguridad y el desarrollo económico sostenible de las naciones.

En este enfrentamiento, el imperialismo norteamericano está perdiendo la partida debido a la crisis económica y política interna que sufre como consecuencia de su sobreendeudamiento y desindustrialización, al avance incontenible de los BRICS, a la desdolarización de la economía mundial, su anunciada derrota en Ucrania, su debilitamiento económico frente a China, en suma, debido a la pérdida de su hegemonía unipolar frente a un mundo multipolar que gradualmente se impone en el terreno de los hechos. Esto explica porqué el imperialismo yanqui, como fiera herida, está imponiendo medidas desesperadamente ilícitas y criminales.

¿Y a los trabajadores mexicanos en qué nos afecta lo que pase en Venezuela y en el mundo? Si entendemos que en este momento en el planeta se está librando una fuerte lucha por definir el nuevo orden mundial, donde el imperialismo norteamericano está perdiendo su hegemonía unipolar, entonces podremos comprender mejor que el Gobierno yanqui está herido de muerte y, por tanto, dispuesto a todo con tal de perpetuar su dominio sobre los países del mundo entero. América Latina, que considera su “patio trasero”, se convierte entonces en una región estratégica para su predominio. De modo que la imposición de aranceles, la deportación masiva de compatriotas y el reciente anuncio de que “atacará por tierra a los cárteles en México” supuestamente para combatir al narcotráfico, son medidas que entrañan un grave peligro, no solo porque el pueblo sufrirá mayor explotación y pobreza, sino porque se presagia, como en Venezuela, el despojo de nuestro petróleo y recursos naturales, ya sea “por las buenas o por las malas”. Los trabajadores debemos estar atentos, informados y unidos como clase social.

 

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