Amar es consumir: las emociones humanas convertidas en mercancías

Amar es consumir: las emociones humanas convertidas en mercancías

Jaime Reyes

El capitalismo no solo explota fuerza de trabajo del proletariado, también domina el tiempo, las emociones y las relaciones humanas. A lo largo del tiempo, el sistema nos impone un calendario de “celebraciones” cuidadosamente diseñado para mantener en marcha la maquinaria del consumo: Día del amor y la amistad, Día de la madre, Día del padre, Día del niño, Navidad, Buen fin y una gran cantidad de fechas donde el mensaje es siempre el mismo, amar es comprar, agradecer es gastar, celebrar es consumir.

Estas fechas no nacen del pueblo ni de las necesidades reales de la clase trabajadora. Surgen de la sed del capitalista para ganar más y más dinero, extrayendo la fuerza de trabajo de los más pobres, de los obreros que solo viven al día y que tienen que trabajar para conseguir dinero para el siguiente día como una cadena interminable. Estos chupasangres se apoyan de métodos que utiliza el sistema capitalista para estimular el mercado, mover inventarios, aumentar sus ganancias y reforzar una cultura individualista que oculta la explotación cotidiana.

El amor convertido en mercancía: el 14 de febrero es el ejemplo más grotesco de esta lógica capitalista. El amor, una relación humana profunda y social, es reducido a regalos sin valor real. Las grandes empresas convierten los sentimientos en mercancías y presionan ideológicamente a las personas para demostrar su afecto mediante el gasto.

Quien no compra es presentado como un tacaño, frío o fracasado. Así, el capitalismo crea culpa social para forzar el consumo, incluso entre trabajadores que su sueldo apenas les alcanza para sustentar de manera precaria a su familia, mientras el obrero se endeuda para comprar regalos, los empresarios obtienen grandes ganancias gracias a estas celebraciones.

El día de la madre, del padre y del niño no buscan honrar realmente a la familia trabajadora, buscan convertir cada vínculo afectivo en oportunidades de negocio, se mercantiliza la maternidad con electrodomésticos, perfumes y ofertas falsas; se convierte la paternidad en pretexto para el alcohol, herramientas o tecnología innecesaria; y se usa a la niñez como blanco del márquetin más agresivo, todo esto con un objetivo: extraer hasta el último peso del trabajador.

El capitalismo no celebra a la madre obrera que trabaja jornadas dobles, no honra al padre explotado que vende su fuerza de trabajo por miserables salarios, no protege a los niños que viven y crecen en la pobreza, solo los usa como excusa para poder vender sus mercancías y obtener grandes ganancias.

Las grandes empresas que son favorecidas por un sistema capitalista, imponen sus ideas como ideas dominantes de la sociedad y hoy esas ideas vienen en forma de publicidad, redes sociales y presión cultural, “si amas compras, si no compras no vales”. Esto es fetichismo de la mercancía, los objetos parecen tener valor emocional, cuando en realidad esconden explotación laboral, saqueo de recursos y enriquecimiento de los empresarios en crecimiento. Cada regalo esconde horas de trabajo mal pagado en fábricas, maquilas y campos agrícolas, cada “detalle romántico” está manchado por la plusvalía robada al trabajador.

Estas festividades cumplen su papel de manera correcta en favor de los grandes capitalistas, estimulan al trabajador hacia el consumo permanente, normalizan el endeudamiento y desvían la atención de la explotación real que sufre día a día la clase trabajadora. Mientras el trabajador se preocupa por comprar regalos, no cuestiona los salarios miserables, las jornadas de trabajo excesivas, las malas condiciones en que trabaja y sus garantías laborales. El capitalismo ofrece celebraciones superficiales para ocultar una vida de miseria social.

Las empresas no solo venden productos, venden la idea de la felicidad convertida en regalos. Así se destruye el sentido humano de las relaciones y se sustituye por una ideología de consumismo. No importa compartir tiempo, apoyo o solidaridad, lo importante es gastar, el capitalismo transforma todo en mercancía incluso los sentimientos.

Es necesario romper con esta imposición ideológica, el amor no se mide en precios, la familia no se honra con compras, la amistad no se demuestra con regalos costosos, las verdaderas celebraciones deberían ser, la lucha por los derechos laborales, la organización colectiva, mejores salarios y la lucha por mejores condiciones de vida para la clase trabajadora, esas deben de ser las verdaderas celebraciones y no las fechas que impone el sistema capitalista.

Las festividades del consumo no se promueven con buenas intenciones, son herramientas económicas del capitalismo para mantener su dominio, mientras unos se endeudan para cumplir expectativas sociales, otros acumulan millones. No se trata de prohibir la convivencia o el cariño, se trata de entender como el capitalismo secuestró nuestras emociones y sentimientos para convertirlos en negocio, cada fecha impuesta es una cadena más al consumo, cada compra obligada es una victoria para los ricos.

La liberación de proletariado no será posible mientras nuestras vidas, nuestro tiempo y nuestros sentimientos sigan manipulados por la ideología capitalista, la verdadera liberación no está en regalar más, sino en acabar con un sistema de explotación que nos roba la vida entera y que luego nos vende pequeños momentos de felicidad artificial.

Romper con estas falsas celebraciones no es amargura, es conciencia de clase. La verdadera celebración debe ser la lucha por mejores salarios, condiciones dignas y derechos laborales. Romper con las cadenas del consumo no es amargura, es conciencia de clase.

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