Ulises Bracho
El Informador Obrero es un órgano de comunicación que tienen como objetivo la educación y organización de los trabajadores de nuestro país. A través de nuestros materiales, noticias y artículos de opinión tratamos de abordar los temas sindicales, políticos y culturales a nivel nacional e internacional que sirvan como orientación y concientización en favor de la clase obrera. Al realizar y difundir nuestras publicaciones muchos trabajadores se han acercado a través de nuestras redes sociales para expresarnos sus inconformidades sobre las violaciones a sus derechos laborales que viven dentro de sus centros de trabajo, viéndose en la necesidad de buscar alternativas de solución a sus problemas.
Ante esta sistemática violación a sus derechos laborales, los trabajadores asumen una actitud de impotencia ante un clima de permanentes amenazas e intimidación laboral por parte de los patrones, pues las autoridades gubernamentales, que dicen respaldar los derechos de los obreros, no les ofrecen solución, por el contrario, están estrechamente coludidos con los empresarios. Como prueba basta un botón: la legitimación de los Contratos Colectivos de Trabajo (CCT).
La reforma laboral de 2019 estableció que solo serían válidos los CCT que se legitimaran mediante la consulta de los trabajadores. Se dio un plazo de cuatro años (hasta el 1 de mayo de 2023) para llevar a cabo dicho procedimiento, sin embargo, al llegar el plazo solo se habían legitimado “15 mil 800 de un total de 140 mil contratos colectivos de trabajo existentes” (El Universal, 1 de mayo de 2023). No obstante, el Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral (CFCRL) dio todavía un plazo de dos meses para que aquellos sindicatos que en el último día lograron iniciar su trámite pudieran realizar sus consultas y ¡sorpresa!, se lograron legitimar otros 15 mil CCT en unos cuantos meses. Este inexplicable resultado se obtuvo gracias a la magia de la 4T y mediante los acuerdos entre los abogados de las empresas y los funcionarios de CFCRL, naturalmente todo ello a espaldas de los trabajadores.
Con este ejemplo, grosso modo, podemos demostrar el contubernio entre los patrones y el gobierno, cuyo misterioso resultado no es una casualidad. En muchas empresas el sindicato patronal llamó a los trabajadores a legitimar su CCT sin explicarles correctamente el porqué de la consulta y la votación –miedo a decir la verdad, seguramente– utilizando verdades a medias o con francas mentiras; en otros casos bajo amenazas abiertas como ocurrió con un trabajador entrevistado por El Informador Obrero (cuyo nombre lo mantenemos en el anonimato por obvias razones) nos reveló que “se nos advirtió por parte de una persona del sindicato que si votábamos en contra se nos atrasaría el aumento del salario”. Este ejercicio “democrático” demostró que muchos trabajadores, después de años, por primera vez tuvieran conocimiento de que existía un sindicato en la empresa donde laboran. Pero para qué sirve a los trabajadores un sindicato patronal que solo atiende a sus propios intereses y a los intereses del patrón.
El trabajador entrevistado pertenece a un centro de distribución de Cementos Mexicanos (Cemex) en el estado de Nayarit, empresa multinacional mexicana dedicada a la industria de la construcción, “la octava cementera más grande del mundo en la Bolsa” (El Economista, 1 de agosto de 2023), que no fue la excepción de llevar a cabo el procedimiento de legitimación de su CCT. En este proceso al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Cementera y sus Derivados Similares y Conexos de la República Mexicana, cuyo Secretario General es Jesús Mario González González, solo le interesaba que los trabajadores votarán a favor del CCT para mantenerse al frente de la representación sindical. El trabajador menciona que en la sede que le toca laborar sufre de acoso laboral además de que “somos culpables de todo lo que sucede dentro del CEDIS”, “si tenemos un accidente laboral el patrón nos obliga a ir a un médico particular y no al Seguro Social”, “hacemos trabajos extras y no se nos paga, pero los jefes inmediatos si meten facturas y la empresa se las paga a ellos”, “las vacaciones o permisos solo se nos otorgan si los jefes están de acuerdo”, mientras tanto los representantes sindicales brillan por su ausencia o por su falta de interés por resolver los problemas que enfrentan los trabajadores.
¿Qué hacer en estos casos?, se pregunta el trabajador. “¿Cambiar de sindicato, de representantes?, ¿renunciar?” Se trata de una empresa muy poderosa que, sin duda, tiene un fuerte aparato administrativo y jurídico a su servicio, en donde los sindicatos solo le sirven como disfraz para proteger los intereses de la empresa. La solución solo podrá ser resultado de una labor gigantesca: unirse como trabajadores, cohesionarse, organizarse y luchar en defensa de sus intereses. Si los obreros no se deciden a luchar por defender sus propios derechos laborales, ni la empresa ni el sindicato patronal lo harán por ellos. Ni en CEMEX ni en ninguna otra empresa. Hay que poner manos a la obra.



