Luffy Sombrero de Paja y la lucha de clases

Luffy Sombrero de Paja y la lucha de clases

Federico Hernández

Los dueños del capital, los burgueses, a lo largo de siglos han acumulado experiencia para mantener dominados y explotados a los trabajadores productores de la riqueza social. El Estado, su máquina de dominio, les ha servido para mantener y ampliar dicha explotación. Las clases dominantes no son homogéneas, sino que están compuestas por grupos o capas – gran, mediana y pequeña burguesía, capitalistas industriales, capitalistas comerciales, etc. – que, debido a sus intereses particulares, están en lucha entre ellas por hacerse de ese aparato de control llamado Estado. En esta lucha buscan arrastrar a las masas trabajadoras diciéndoles, con su propaganda, con sus poderosos medios de comunicación, que representan a toda la sociedad y que buscan un mejor gobierno, más “democrático”, un gobierno que acabe con sus problemas.

En la actualidad –con los movimientos y protestas de la “generación Z”, movimiento del sombrero y demás- lo que estamos viendo es una lucha interburguesa: por un lado, los que representan a la 4T y, por otro, los que representa al PAN (la ultraderecha), esta última con fuertes lazos con el capital norteamericano y mundial. ¿Y los obreros?, ¿y los trabajadores asalariados en general? Sólo se les utiliza en las marchas, sólo se les utiliza como “carne de cañón”. No luchan éstos por sus propios intereses sino por los de sus enemigos de clase. Triste realidad.

Ahora se ha puesto de moda la llamada “generación Z” con la bandera del pirata Luffi Sombrero de Paja, un personaje de una serie animada escrita e ilustrada por Elichiro Oda y que, según nos cuenta el protagonista del comic, vivió en su infancia con piratas y vio en ellos lo que anhelaba: la libertad y la justicia. Por eso decidió hacerse pirata.

Unos fragmentos de la canción (los transcribimos en prosa) de este personaje animado surgido en 1997 y visto por millones de jóvenes nos dará una idea del mensaje que lleva la serie. “[…] No era como otros hombres, navegaba por la libertad. ¡Bailad! ¡Reíd! ¡Cantar!, como lo hace sombrero de paja. ¡Comer! ¡Beber! ¡Gritar ¡Reunámonos todas las Razas! […] Dijo que trajo la lluvia al desierto… se enfrentó al mismo Dios […] Escuche que su estirpe es maldita pues es hijo de la insurrección, es nieto de Ley y Justicia, es hermano del fuego y la revolución…”. Baste con esto para conocer el mensaje superficial y vago (tal vez “inconsciente” del autor), como le conviene a las clases dominantes.

¿Qué importancia puede tener una serie animada?, ¿qué importancia tiene su mensaje? Pues simple y llanamente porque de este personaje del comic han tomado sus símbolos varios movimientos de países en el planeta que, según ellos, pretenden “cambiar la situación de sus respectivos países”, acabar con las dictaduras. En México, la derecha lo hizo ya en su violenta movilización en el Zócalo a inicios de noviembre de este año donde ondearon banderas del pirata de la serie animada. En Nepal, pequeño país ubicado entre China y la India, donde el gobierno fue derrocado con la movilización de jóvenes de esta “generación Z” que protestaron porque se suprimieron algunas plataformas digitales y donde se vio a estos jóvenes ondear banderas de Luffy Sombrero de Paja.

¿Es que no hay en la historia de la humanidad personajes relevantes que inspiren por sus ideas y su actuar, personajes que impulsaron cambios profundos y progresistas en la sociedad que les tocó vivir, que sirvan de inspiración en las luchas de la actualidad? Sí, sí los hay: Espartaco, Lenin, Fidel Castro, Simón Bolívar y muchos más. Pero de lo que se trata es de no “despertarlos”. Sus ejemplos causan terror a los que tienen el poder. Para sus fines bastan cosas superficiales como los argumentos de un comic de niños y adolescentes que no dice nada o casi nada y son utilizados como armas ideológicas.

“¡Oh libertad, cuantos crímenes se cometen en tu nombre!”, dijo Madame Roland cuando era conducida a la Guillotina durante la época de terror de la Revolución Francesa (1793). “Para el capitalismo la libertad significa libertad de comercio, libertad de comprar y vender, no verdadera libertad”, dirá Marx. Lo dicho por la canción y por el mensaje de la serie, como vemos es vago ¿A qué libertad se refiere?, ¿a qué revolución? Y si sólo se refiere a la de reír, cantar y beber, no es verdadera libertad en el sentido profundo como la concibieron los grandes pensadores revolucionarios. Sin embargo, es tomado como bandera por grupos de la derecha por la ambigüedad de su contenido.

Las clases productoras de la riqueza social –el obrero y el campesino, fundamentalmente- han sido víctimas del engaño y manipulación de las clases sociales que ostentan el poder económico y político en nuestro país. Estas clases explotadoras –en sus distintas facciones- dueñas del dinero, en su lucha por conservar o conquistar el poder político, siempre han aparentado representar los intereses de toda la sociedad, de todas las clases sociales y sectores que la conforman, presentándose como los adalides del progreso social, de las libertades y de la democracia.

Pero la realidad es muy distinta: representan sólo sus mezquinos intereses de clase. Al ser dueños del capital -del valor que se valoriza en la esfera de la producción con el trabajo no pagado del obrero, la plusvalía- en sus distintas formas (capital industrial, capital comercial, capital bancario especulativo y demás) siempre van a buscar las mejores condiciones para que su riqueza se incremente sin tasa ni medida como han hecho, por ejemplo, Carlos Slim, German Larrea o Salinas Pliego, los cuales, bajo el gobierno de Morena, incrementaron sus fortunas de manera escandalosa. Un trabajador, matándose literalmente día a día, no puede salir de su pobreza, mientras se hinchan las fortunas de estos magnates.

¿Cómo se asegura que este régimen de explotación se mantenga y les dé condiciones a los dueños del dinero para seguir incrementando su riqueza? Se logra a través del control directo o indirecto del aparato del Estado, esa vieja máquina de dominio de una clase sobre otra que surgió cuando la sociedad, al disgregarse la comunidad primitiva, se dividió entre poseedores y desposeídos ¿Desposeídos de qué?, de los medios de producción con los que se produce la riqueza. El primer Estado que apareció fue el Estado esclavista, a este le siguió el Estado feudal y, ahora, es el Estado capitalista con su democracia representativa que no es más que una careta de la dictadura de los dueños del dinero.

El Estado capitalista es como un pulpo que con sus tentáculos lo abraza todo. Esos tentáculos, esas partes de la que está conformado esa máquina, son el ejército, la policía, las cárceles, los jueces, la burocracia. Asegurado que estos medios coercitivos y de control les permita tener en estado de sumisión y explotación de la clase trabajadora; les permita tener todas las condiciones para seguirse enriqueciendo con la aprobación de leyes fiscales, laborales, etc., que les beneficien como clase social; les permita someter con los poderes de la “justicia” a los obreros que hacen una huelga, reprimir a cualquier grupo de manifestantes que protesten por una carencia de los servicios de primera necesidad, etc. Eso es el Estado. Como dijo Marx: “Es una junta que administra los intereses comunes de la burguesía”.

Ahora bien, hay quienes niegan la división de la sociedad en clases, niegan la explotación, niegan la lucha de clases, niegan el carácter clasista del Estado. Hay una forma más sutil y refinada, de engañar a los trabajadores y que le ha resultado muy eficaz a los dueños del dinero para conquistar y mantener el poder. Esta forma consiste en segmentar a la población no con base en un criterio de clase, sino atendiendo a otros aspectos como la edad, el sexo o demandas de carácter más específico. Así se habla de “generación de cristal”, “generación Z”, grupos feministas, madres buscadoras de desaparecidos, etc.

Por ejemplo, un joven ricachón que vive en una zona pudiente con todos los lujos y el hijo de un obrero que vive en un barrio miserable carente casi de todo, bajo este tipo de segmentación, un tanto artificial, ahora pueden ser parte del mismo grupo sólo por haber nacido entre 1997 y 2012 y por ello pertenecer a la “Generación Z”, porque nacieron en la época digital del internet. Sin dejar de reconocer los intereses particulares que puedan tener estos grupos, el hecho es que a estos no los unen intereses de clase, que es un criterio más profundo, científico y determinante para las condiciones de vida.

Pero esta división donde pueden entrar lobos y corderos, no es casual: está bien pensada por los dueños del dinero. Decían los romanos “divide y vencerás”. Mediante esta segmentación de la población se impide que un individuo con consciencia se organice con la clase social a la que pertenece y que se una a las clases afines en su lucha por la defensa de sus intereses económicos, políticos y sociales comunes. Que los obreros formen un solo frente de lucha en cada país y en el mundo entero. Como decía Marx “¡proletarios de todo el mundo, uníos!”

El obrero y el patrón pertenecen a dos clases sociales distintas y con intereses contrarios que los lleva a una lucha, a veces abierta y franca y otras veces velada, como dijo Marx. Las clases sociales son grupos amplios de personas en la sociedad que se distinguen por sus condiciones materiales de vida y que se diferencian entre sí en tres aspectos: primero, por su relación con los medios de producción –maquinas, herramientas, edificios, materias primas y auxiliares-, es decir, si son o no dueños de estos medios de producción; segundo, en cómo participan en el proceso productivo, esto es, manejando y manipulando directamente estos medios o solo administrando y vigilando que se dé el proceso productivo; tercero, como participan de la riqueza social producida en dicho proceso de producción.

Está claro que el obrero y el patrón no pertenecen a la misma clase. El patrón es dueño del local, de la materia prima y de las herramientas, de los medios de producción; mientras que el obrero no es dueño de éstos sólo es dueño de su fuerza de trabajo que es la que vende al patrón. El patrón no participa directamente en el proceso productivo, manipulando los medios de producción, el obrero en cambio maneja las máquinas y herramientas, manipula las materias primas, sus manos son callosas y hábiles, son las que crean la riqueza. Por último, el obrero obtiene la riqueza social en forma de salario vendiendo lo único que tiene, su fuerza de trabajo; mientras que el patrón la obtiene en forma de ganancia.

De modo que los intereses de la burguesía y de la clase proletaria son contrarios ya que a uno le interesa incrementar su salario, reducir su jornada de trabajo, mejorar sus prestaciones, etc., al otro, al burgués, le interesa incrementar su ganancia al máximo a través de pagar menos salario, eliminar prestaciones, incrementar la jornada de trabajo y, además, que el Estado, al ser el representante en sus intereses como clase, le dé condiciones para el desenvolvimiento de su capital con reformas a las leyes que le favorezcan.

No obstante, la lucha no sólo es entre los patrones y obreros sino al interior de la misma burguesía. Se da una lucha feroz entre sectores o capas de la burguesía por conquistar el mando del aparato de Estado y sus órganos, formar un gobierno de ellos. Hoy, las recientes movilizaciones de la llamada “generación Z”, -que no es más que una careta de la derecha- son una expresión de esa lucha interburguesa en nuestro país. Lo malo es que, con sus movilizaciones y propaganda, utilizan a otras clases sociales que tienen inconformidades justificadas con el régimen cuatroteista: inseguridad, desempleo, falta de atención médica, altos impuestos, etc., males que se agravan día a día.

Así, estos grupos de derecha y ultraderecha llevan agua a su molino. Y la situación se agrava ya que la ultraderecha, los grupos más conservadores, retrógrados y fascistas, tienen nexos con el imperialismo, ahí está lo más peligroso. Los trabajadores deben tomar conciencia de estos hechos, deben sacudirse este tipo de manipulaciones que pretenden hacerles creer que estos grupos de derecha, enmascarados en membretes, buscan un cambio en favor de las grandes mayorías trabajadoras. La clase obrera debe luchar como clase social en sí y para sí, y buscar alianzas con las clases con la que comparten estos intereses.

En suma, dentro de la burguesía se dan también conflictos y luchas intestinas, como las que estamos presenciando en los días que corren. Enfrentamientos entre sectores de las clases dueñas del capital. La burguesía industrial tiene intereses específicos si la comparamos con la burguesía especulativa o la burguesía dedicada al comercio al por mayor. Luchas en que buscan tener el poder político para sacar adelante sus intereses como sector o grupo de la burguesía. La lucha de la ultraderecha (PAN) y la pseudoizquierda -en realidad de derecha- (Morena), no es más que la lucha entre sectores de la clase dueña del dinero. La careta que utiliza una y otra es sólo para que el pueblo piense que la lucha es por él, por acabar con la corrupción, la inseguridad, etc.

La realidad es que estos problemas sociales se han agudizado en los últimos siete años de manera escandalosa en el gobierno neoliberal de la 4T. Se ha dado una mayor concentración de la riqueza en pocas manos derivado de una aplicación más consecuente del modelo neoliberal con su ropaje de populismo que ha llevado a más pobreza a las grandes mayorías. La inseguridad, la falta de atención médica y la falta de educación campean en México gracias al gobierno guinda. Este gobierno ha fracasado. La derecha, PAN y PRI –que ya gobernaron y fracasaron también- saben de los problemas y ven en esto un caldo de cultivo para arrastrar a la población para de nuevo hacerse del gobierno y con ello del aparato de Estado.

El pueblo trabajador, y en particular el obrero, debe tomar conciencia de que los dueños del dinero pretenden manipularlo, y lo seguirán intentando mientras no tenga claridad de lo que está pasando en la arena económica y política del país, mientras no tenga claridad de cuáles son sus intereses de clase. Es por ello que los obreros deben organizarse como clase social, deben concientizarse y constituir un partido político y, con ese organismo de mil ojos y mil manos, aliados a otras clases afines, deben dar una lucha combativa por defender sus intereses clase.

 

 

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