“Fuenteovejuna” y la política de “abrazos y no balazos”

Sergio Cadena 

Por todos es sabido el rotundo fracaso que ha tenido la política gubernamental en cuanto a seguridad se refiere. La desafortunada consigna de “abrazos y no balazos” aludiendo a la actitud que, de manera preferente, el gobierno de la 4T ha implementado en su trato con el crimen organizado, ha dejado un gran vacío de autoridad en la sociedad mexicana, provocando que prevalezca en ella la ley del más fuerte, es decir, del crimen organizado. Así es como a diario, en las diferentes fuentes informativas, nos encontramos con que decenas de comunidades han sido desplazadas de su lugar de origen ante los abusos y excesos de “la maña”. 

Este flagelo de la sociedad actual ha invadido ya hasta el último rincón de nuestro territorio nacional: de costa a costa y de frontera a frontera este cáncer social está carcomiendo nuestra sociedad, está matando a nuestros niños y jóvenes.  

Acaba de concluir un proceso electoral que ha sido calificado como el más violento de toda nuestra historia, y es que ahora los “malandros” ponen y quitan a los distintos funcionarios de los tres niveles de gobierno: municipal, estatal y federal. Y en el ¡colmo de los colmos!, imponen, por la vía de las armas, los precios del gas, de productos agrícolas como el limón o el aguacate y, en fin, inventaron el pago por derecho de piso, instauraron la imposición de cuotas permanentes a comerciantes, transportistas, etc. 

Por todo lo anterior, la lógica del proceso nos lleva a concluir que la política de “abrazos y no balazos” se debe a un compromiso establecido entre el actual gobierno y el crimen organizado con la complicidad, hasta el momento, de la burguesía nacional e internacional. 

Pero esta situación no puede ser eterna. Cada vez se registran más casos en que la población ya empieza a hacerse justicia por su propia mano. Para muestra basta un botón: en la mañana del 12 de junio “la privación de la libertad de una profesora en el municipio de Huejotzingo, Puebla, provocó que docenas de pobladores se organizaran, bloquearan carreteras y caminos, persiguieran a los presuntos delincuentes y se lograra el rescate de la víctima”. Historia de Édgar Ávila Pérez, Milenio. Y un día antes en Atlixco, Puebla, “cuatro personas fueron linchadas y una mujer herida por habitantes de una comunidad del municipio de Atlixco…Fueron más de 500 pobladores de la junta auxiliar de San Jerónimo Coyula quienes retuvieron a cuatro hombres y una mujer señalados de robar un vehículo en una comunidad cercana. La llamada ‘Fuenteovejuna’ asesinó a los cuatro hombres prendiéndoles fuego y retuvieron a una mujer que horas después fue rescatada por autoridades” (paralelismo utilizado para relacionar este tipo de acontecimientos con la obra teatral escrita por Félix Lope de Vega  -en 1619- donde la población de Fuente Ovejuna, en España, cansada de los abusos del Comendador, espontáneamente decide hacer justicia colectiva por su propia mano y lo asesina). Así podríamos citar cientos de casos acaecidos últimamente en diversas regiones del país: Estado de México, Guerrero,  Michoacán, Guanajuato, Chiapas, Zacatecas, etc. La existencia de los llamados “grupos de autodefensa” confirman, incluso desde hace mucho, la misma tendencia. 

El fenómeno se está desarrollando y, de seguir creciendo, amenaza con instaurar el caos y la anarquía social. Urge que el pueblo trabajador se organice y luche de manera consciente para exigir de manera pacífica pero enérgica que el gobierno rompa el pacto y los compromisos establecidos con el crimen organizado. No debemos permitir que el presidente vaya hasta Badiraguato, Sinaloa, a saludar a la mamá del Chapo y, por otro lado, no dé audiencia a la ciudadanía, ni en sus famosas “mañaneras” ni en ninguna otra instancia. De no hacerlo así, se acerca una negra y larga noche para nuestro sufrido pueblo con un incalculable derramamiento de sangre que lastimosamente no servirá “para maldita la cosa”.  

¡A luchar organizada y conscientemente! No hay de otra. 

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