El trabajo como actividad transformadora del hombre

El trabajo como actividad transformadora del hombre

Felipe Ayante

Desde que el hombre se separó de la animalidad que lo caracterizaba como parte de los monos antropoides más desarrollados, hace ya algunos cientos de miles de años, según los antropólogos y peritos en este tema, empieza a evolucionar, lentamente al principio, cuando a la mano le da diferentes funciones que a los pies y, posteriormente, más rápido al caminar en forma erecta y no en cuatro patas; evoluciona aún más cuando utiliza materiales que la misma naturaleza le proporciona y que le ayudan a bajar frutas de las ramas más frágiles, por ejemplo, cuando un palo alargado con otro atravesado cerca de la punta, lo usa como gancho; asimismo con piedras bolas o alargadas que le ayudan a pegar, quebrar o moler, incluso a rasgar cuando les hace punta o cortar, cuando las labra y les saca filo. El hombre primitivo va creando poco a poco sus propios medios de trabajo, los cuales le ayudan a enfrentar las dificultades que tiene para alimentarse, vestirse y defenderse de las fieras o animales que le competían o lo querían devorar.

El hombre primitivo despega ya cuando hace sus propias herramientas y utensilios, descubre el fuego y diversifica su dieta alimenticia, así como también empieza a articular palabras, conceptos que le va dando a los animales y plantas con los que está más familiarizado y logra comunicarse con sus demás compañeros con los que vive en grupo por necesidad de sobrevivencia. No en balde se afirma que el hombre es un ser social por naturaleza, porque ésta lo enfrentó con otros seres que la misma naturaleza ha creado, tanto animales como plantas (terrestres y acuáticas); los que tiene que conocer a profundidad para utilizarlas en su provecho. Las plantas las fue conociendo y clasificando (dañinas y benéficas) muy en general; así como a los animales de lagos, lagunas, ríos y marinos. Va desarrollando la pesca con arpón y luego con redes. Una vez que conoce el fuego, pero sobre todo que lo puede generar, la cocción de los alimentos los hace más asimilables por su organismo, sobre todo la carne de pescado y de los animales que cazaba, con esa alimentación tan nutritiva y proteica, crece su cerebro.

El hombre se da cuenta de sus capacidades, sobre todo cuando sus necesidades materiales lo hacen ligar estas necesidades con el pensamiento. O sea, no es que desde el principio ya está ideando que le hace falta para lograrlo, -como Robinson Crusoe, en la Isla que llegó al naufragar el barco en el que viajaba y tuvo que vérselas para sobrevivir-. Este ya era un hombre de la época moderna, con una acumulación de conocimientos enorme. El hombre primitivo primero tuvo que comer y sobrevivir como todos los demás animales en el bosque y lo que lo impulsaba, era solo el instinto de conservación. Pero cuando por necesidad se le ocurre ocupar algo como herramienta, como instrumento, como medio, como objeto que le ayuda a resolver, como ya se dijo, por más rústicos que éstos fueran, es entonces cuando adquiere conciencia, se da cuenta y se pone a funcionar, primero utilizando los cinco sentidos que son las ventanas con el mundo externo que lo rodea y luego ligar ese nivel de conocimientos inferior para luego llegar a crear conceptos de las cosas, luego, hacer juicios y posteriormente razonamientos. Al llegar a esto ya nadie lo detiene, porque las necesidades lo impulsan a ser creativo, a inventar, a buscar solución a los diversos y crecientes problemas. Acumula conocimientos, los ordena, los sistematiza, les da nuevo impulso y así hasta el infinito.

El trabajo ha formado al mismo hombre, dice Engel en su magistral obra El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, “Es la condición básica y fundamental de toda la vida humana. Y lo es en tal grado que, hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre”. Desde que éste se apropia de las riquezas que hay en la naturaleza para transformarlas y aprovecharlas en su beneficio por medio de las herramientas, métodos, procedimientos; el hombre trabaja, transforma e influye en la misma y se desarrolla como hombre en sociedad con sus semejantes.

Sin embargo, lo que debía ser una meta, fin, objetivo en la vida de todo ser humano, (vivir para trabajar), desde que la humanidad se dividió en clases sociales, para la parte mayoritaria de esas sociedades el trabajo es un martirio, es una carga en la vida que lo limita en su desarrollo en múltiples direcciones y los sobaja casi a la condición de instrumento, sin más remedio que prepararse diariamente para cumplir extenuantes jornadas de trabajo, a partir del modo de producción esclavista, desde la Grecia heroica mil años antes de Cristo (según los historiadores más renombrados) hasta nuestros días. Efectivamente, al esclavo, al que se le tenía sujeto a su dueño, se le miraba y trataba como una bestia de trabajo más, al cual se le podía vender, golpear, violar e incluso matar si así lo determinaba su amo. En el sistema feudal, al siervo de la gleba se le tenía sujeto por medio de prestarle un pedazo de tierra que le servía para mantener a su familia de manera miserable y la mayor parte de tiempo lo destinaba a labrar las grandes extensiones de terreno del señor feudal o hacendado.

Mención aparte, hoy día, merece el capitalismo, en donde se aparenta que los trabajadores, la clase obrera, del campo y la ciudad, son libres. Que se les contrata por voluntad propia y que se pueden cambiar de patrones cuando quieran y cuantas veces lo requieran, pero esto es falso, porque, como dice Marx, ahora el proletariado es un gran ejército de esclavos modernos, al cual, el capitalismo, como sistema, lo tienen encadenado a la clase burguesa con la invisible cadena de la necesidad. Para la mayoría de los obreros es terrorífico perder el empleo, o que no le compren más su fuerza de trabajo o la desechen, lo despidan. ¿Por qué es terrorífico? Porque les cortan su fuente de vida, del salario que reciben dependen ellos y sus familias y es una tragedia al no encontrar trabajo por meses, viéndose orillados a las actividades ilícitas, a los vicios o actividades humillantes. Es pues cierto que las clases trabajadoras a lo largo de su historia no viven para trabajar, sino trabajan para vivir.

Sólo la lucha organizada de los trabajadores abre la posibilidad para que se termine esa situación de miseria, hambre y explotación que sufren y lleguen a formar un mundo en que el ser humano se desarrolle plenamente y se vea como iguales. Hacia allá hay que ir.

 

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