El economicismo y la lucha política

El economicismo y la lucha política

Sergio Cadena

Al gran dirigente ruso de la primera revolución socialista exitosa, Vladimir Ilich Ulianov, mejor conocido como Lenin, le tocó enfrentar las más diversas desviaciones de la lucha revolucionaria de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Para asegurar, en la medida de lo humanamente posible, el triunfo del movimiento revolucionario en la Rusia zarista, había que apoyarse en una teoría científica que le sirviera a éste de apoyo ideológico y le proveyera de una concepción del mundo con la cual se pudiera encontrar el camino más corto y de menor sacrificio para que el proletariado, empleando la táctica adecuada, tarde o temprano llegara al poder e iniciar así la gran tarea de transformar la sociedad capitalista en la primer sociedad socialista de la humanidad.

Nos referimos, claro está, a la teoría marxista, que a través de sus tres partes integrantes (economía política, materialismo dialéctico y socialismo científico) arma a los dirigentes revolucionarios de fundamentos filosóficos y de claridad política para poder guiar de manera acertada a los millones de hombres y mujeres que integran a la clase trabajadora. En efecto, para que Lenin lograra el éxito del movimiento revolucionario ruso, primero estudió y asimiló la teoría marxista, después la aplicó a las condiciones concretas de la Rusia zarista y en ese proceso se vio en la necesidad de debatir con distintas corrientes que ya habían enraizado en el movimiento revolucionario ruso: desde los populistas radicales hasta los populistas liberales, desde los terroristas hasta los economicistas, desde los socialdemócratas hasta los izquierdistas infantiles, etc.

Así, con la filosa arma del marxismo derrotó a las diferentes corrientes acientíficas que anidaban en el movimiento revolucionario ruso y, a su vez, atrajo a los mejores combatientes de ellas para la fundación y consolidación de un partido revolucionario de nuevo tipo, integrado por revolucionarios profesionales, es decir, gente dedicada de tiempo completo a la actividad revolucionaria.

Pues bien, Lenin dejó constancia de su lucha incansable contra esas corrientes: más de 55 tomos, cientos de discursos, conferencias, etc. Sin embargo, me quiero enfocar solo en su lucha contra el economicismo y muy brevemente, ya que me parece es un tema con mucha actualidad dada la lucha de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE) que desde unas semanas antes de la inauguración del mundial de futbol ha puesto de cabeza a la Ciudad de México.

Su principal demanda, que no la única, es la derogación de la ley del ISSSTE, la cual pugna por una pensión digna y justa para los maestros retirados del servicio. Pero ésta, al igual que el justo reclamo por aumento salarial, etc., cae dentro del terreno economicista, es decir, aunque se lograran, sólo servirían para mejorar un poco las condiciones de la venta de la fuerza de trabajo, pero no para liberarla.

Si se me permite hacer una burda analogía, sería como cambiar la jaula fea de fierro por una bonita de oro, pero sigue siendo jaula. Por si fuera poco, en el dado caso de que se triunfe, el éxito en la lucha economicista mediatiza, controla y enajena al trabajador porque le hace creer que no es necesario un cambio revolucionario, lo engaña creándole la ilusión de que puede mejorar su nivel de vida dentro del mismo sistema capitalista, etc.

La lucha economicista que en este momento está librando el magisterio de la CNTE es legítima y, sin duda, pretende mejorar las condiciones materiales de los maestros, no obstante, a mi juicio, su lucha debe escalar a un nivel superior, es decir, que se proponga objetivos políticos que contribuyan a la transformación revolucionaria de la sociedad. Enarbolando, por ejemplo, la lucha por una educación científica, democrática, crítica y popular donde todos y cada uno de los profesores pugnaran por convertirse en agentes de cambio, en sembradores de conciencias críticas que, a mediano plazo, hiciera surgir en México un poderoso movimiento revolucionario dirigido por un partido marxista-leninista integrado por la crema y nata de los luchadores sociales. Que así sea.

 

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