Erick Alcántara
A manera de recordatorio, en 2019 se reformó la Ley Federal del Trabajo (LFT) considerando cuatro apartados que fueron necesarios para concretar las bases constitucionales de la “reforma laboral”: 1. Los rasgos distintivos de los nuevos “Tribunales Laborales”, su competencia, el procedimiento para agilizar los asuntos que se ventilan en las relaciones obrero-patronales ante la desaparición de las Juntas de Conciliación y Arbitraje; 2. La “Conciliación Obligatoria” con la creación del Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral, con el mismo objetivo de agilizar los procedimientos ante los centros de conciliación para disminuir los juicios y como un requisito indispensable para algunos asuntos antes de llegar a un Tribunal Laboral, a su vez llevar el registro de todas las relaciones obrero- patronales; 3. La trascendencia que tendrá la reforma encargada de la resolución de los conflictos en materia de “Seguridad Social” por riesgos de trabajo, accidentes, pensiones, incapacidades, etc.; 4. Los principios de la “Contratación Colectiva” y la “Libertad Sindical” como son la solicitud de la Constancia de Representatividad, el Registro Sindical y los Contratos Colectivos de Trabajo (CCT) a través de la participación libre, personal, directa y secreta de los trabajadores. Esta participación también abarca la celebración de los CCT y emplazamientos a huelga que tengan por objeto la firma de dicho contrato.
Para este último apartado, es indispensable que un trabajador se encuentre afiliado a un sindicato con el objetivo de garantizar el derecho de protección en una organización sindical de manera libre y autónoma. Tal y como lo establecen los artículos 356 y 357 de la LFT. Sin embargo, desde que la reforma laboral nació hasta principios del 2026, resulta que de 26 millones de trabajadores con un empleo formal registrado en el IMSS y el ISSSTE, solo 5.1 millones pertenecen a un sindicato, es decir, solo el 19 por ciento de obreros están sindicalizados en México.
Desde el 1° de mayo del 2019 al 1° de mayo del 2026, ya han pasado siete años de la reforma y la afiliación sindical de los trabajadores de México no sólo no despega, sino que prácticamente se encuentra estancada. En el 2025 se tenía el mismo registro de afiliados sindicalmente, según los datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI).
Todo fenómeno social tiene causas concretas. El estancamiento de la sindicalización no es una casualidad, sino el resultado de condiciones económicas, políticas e ideológicas que limitan la organización de la clase trabajadora. A mi juicio, las posibles causas de la falta de afiliación sindical de este estancamiento son:
- Los trabajadores no ven un beneficio de pagar cuotas sindicales si no existe el respaldo de una organización colectiva.
- La desconfianza en sindicatos que al margen de los trabajadores negocian sus derechos laborales sin una defensa legítima y real bajo la prioridad de sus necesidades laborales.
- La desconexión orgánica entre los líderes sindicales con la masa obrera para la lucha laboral directa.
- La narrativa o discurso que los sindicatos le han planteado a los trabajadores no ha logrado conquistar la simpatía de los obreros.
- La apatía de la clase trabajadora más joven por organizarse con un sindicato, debido a que ven pasajera su estancia en un trabajo formal.
Aparentemente las acusas mencionadas pueden ser epidérmicas, ya que existen otras causas más profundas que no se mencionan con voz sonora, pero son las que diariamente sufren los trabajadores en sus empresas:
- Temor a las represalias e intimidación, con amenazas, con despidos injustificados al pretender organizarse con un sindicato y el temor de ser boletinados o agregados en las “listas negras” para no encontrar empleo en la misma industria.
- El desinterés de permanecer en un sindicato por el temor a la represión patronal, basado en que los patrones colocan a personas de confianza en las organizaciones sindicales para estar indirectamente vigiladas por su empleador.
- Falta de cultura sindical, muchos trabajadores ignoran los beneficios reales que puede brindar un sindicato democrático o desconocen los recientes cambios legales en el país.
Ante esto, la clase obrera debe sacudirse el control empresarial y, ante los abusos y arbitrariedades de los patrones, comprender que la mejor herramienta de defensa es la organización sindical para la lucha de sus beneficios laborales como primer escalón, debe existir la unidad de todos los obreros de cualquier rama industrial para verse como hermanos de clase y así direccionar su lucha en contra de los patrones explotadores.
Por lo tanto, existen tareas pendientes que se deben realizar, por un lado, los obreros y por el otro el sindicalismo que debe garantizar a la clase trabajadora:
Libertad sindical: hacer conscientes a los obreros de la necesidad de encontrase organizados, afiliados a un sindicato que realmente respalde a la clase trabajadora.
Democracia sindical: la participación activa de los obreros en la toma de decisiones, discusiones constructivas y transparencia económica para respaldar cada acción o reacción de los sindicatos, partiendo desde el nombramiento de sus representantes sindicales al interior de las empresas donde laboran.
Negociación colectiva: los líderes sindicales, los delegados surgidos de la base obrera y la misma base obrera deben encontrarse organizados, unificados y bajo la misma idea de lucha buscando el beneficio de todos y cada uno de los obreros.
La Lucha combativa: la clase obrera deberá conocer y aceptar los riesgos que existan para la defensa de sus derechos laborales, solidificándose en un solo núcleo de hierro para ser una fuerza sindical y política que no sólo lo lleve a luchar por beneficios económicos, sino hasta solicitar modificaciones en la ley.
Respaldo jurídico laboral: la clase trabajadora deber estar protegida jurídicamente por su sindicato, este debe dar certeza, respaldo y defensa jurídica en cada problema que sienta el trabajador ser violentado en sus derechos laborales.
La historia del movimiento obrero demuestra que ningún derecho laboral ha sido una concesión espontánea del capital ni del Estado; todos los derechos laborales han sido conquistados mediante la organización, la unidad y la lucha colectiva. La baja sindicalización que hoy vive México no representa únicamente un problema estadístico, sino una expresión de la fragmentación de la clase trabajadora frente al poder económico.
Mientras los trabajadores permanezcamos aislados, la fuerza colectiva seguirá debilitándose y las conquistas laborales estarán permanentemente amenazadas. Por ello, la tarea histórica consiste en reconstruir organizaciones sindicales democráticas y combativas que respondan exclusivamente a los intereses de la clase obrera.
La organización sindical no debe entenderse únicamente como un mecanismo para negociar mejores salarios o prestaciones, sino como una escuela de conciencia de clase, solidaridad y participación política. Sólo una clase obrera organizada y combativa podrá enfrentar con eficacia las formas contemporáneas de explotación y convertirse en un sujeto capaz de impulsar transformaciones profundas en favor de la justicia social.
La emancipación de los trabajadores no será obra de dirigentes aislados ni de reformas administrativas, sino de la acción consciente y organizada de la propia clase trabajadora. La unidad, la organización y la lucha siguen siendo las herramientas fundamentales para conquistar una sociedad donde el trabajo prevalezca sobre los intereses del capital.



