Ricardo Torres
El pasado 24 de enero del año en curso, los trabajadores del Sindicato Independiente de Trabajadores de Audi México (SITAUDI), que aglutina a más de 4 mil miembros, colocaron las banderas rojinegras en la planta de automóviles Audi ubicada en el municipio de San José Chiapa, en Puebla, luego de que empresa y sindicato no llegaron a un acuerdo sobre el incremento salarial para 2024. Después de dos meses de negociaciones la empresa ofreció como máximo un 6.5 por ciento de aumento (5 por ciento al salario y 1.5 por ciento en prestaciones) mientras que la representación sindical redujo su propuesta al 15.5 por ciento de aumento (10 por ciento directo al salario y 5.5 en prestaciones). La base trabajadora fue consultada, la propuesta de la empresa fue rechazada y sobrevino entonces la huelga.
Fotografías: Erik Guzmán
No obstante, las negociaciones continuaron y después de 10 días del estallido de la huelga, el 3 de febrero, finalmente empresa y sindicato lograron un acuerdo: un incremento del 7 por ciento (5 por ciento al salario y 2 por ciento en prestaciones), es decir, que la empresa solo incrementó su ofrecimiento 0.5 por ciento en prestaciones, al pasar del 6.5 al 7.0 por ciento. ¡Una burla!
Con base en los artículos 399 Bis y 400 Bis de la Ley Federal del Trabajo, este acuerdo de incremento salarial contractual tuvo que someterse de nuevo a la aprobación de la mayoría de los trabajadores a través del voto personal, libre y secreto; consulta que el Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral programó y organizó para el día 9 de febrero, donde los trabajadores, con su voto, decidirían si aceptaban el 7 por ciento ofrecido por la empresa o lo rechazaban prolongándose así la huelga.
El resultado de la consulta a los trabajadores fue contundente: de 4 mil 161 trabajadores con derecho a votar asistieron 3 mil 778 (más del 90 por ciento de participación), de los cuales 3 mil 139 trabajadores votaron en contra de la propuesta de la empresa (83 por ciento de los votantes), 632 trabajadores aceptaron el incremento del 7 por ciento (16 por ciento de los votantes) y 7 votos fueron nulos, lo que significa que la huelga en Audi se extenderá de manera indefinida hasta que exista un acuerdo aceptado por la empresa alemana y los trabajadores.
El presidente ejecutivo de Audi México, Tarek Mashhour, señaló que la decisión de los trabajadores en las urnas era recibida con tristeza por la empresa dada las implicaciones que tendría, “Aunque respetamos su decisión, no deja de ser una situación que nos preocupa profundamente. El porcentaje del siete por ciento global que el sindicato acordó con la empresa fue calculado de tal manera que pudiéramos asegurar la estabilidad laboral y la competitividad de la empresa, el resultado de la votación tiene varias implicaciones y pone en riesgo las dos”.
El contundente resultado de la consulta a los trabajadores en Audi reveló el descontento espontáneo de los trabajadores que miran diariamente el desarrollo económico, industrial, tecnológico y comercial de la empresa, pero no así el correspondiente beneficio en sus bolsillos y, consecuentemente, en la calidad de vida de sus familias. Esto no es otra cosa que la permanente lucha entre el capital y el trabajo, donde se muestra de manera transparente que los intereses de la empresa y los trabajadores son antagónicos: si se aumenta el salario de los trabajadores disminuyen las ganancias de los patrones, esto explica la tristeza de Tarek Mashhour porque sabe bien las implicaciones de un mayor incremento salarial. Por esta razón, que el 83 por ciento de los trabajadores haya rechazado la propuesta patronal es, sin duda, una demostración de unidad y combatividad sindical por parte de los trabajadores de Audi en defensa de sus intereses, que merece el reconocimiento y la solidaridad de los trabajadores asalariados de todo el país.
El SITAUDI enfrenta a un poderoso capital alemán que, para conservar sus promedios de ganancia, utilizará todos los recursos a su alcance para impedir que los trabajadores conquisten su legítimo aumento salarial. En contraparte, los trabajadores cuentan con su unidad, organización y combatividad para presionar legalmente a la empresa, a través de la huelga, obligándola a reconsiderar sus mezquinas propuestas de aumento salarial. A pesar de los gigantescos esfuerzos de los ideólogos al servicio del capital por negarla, la lucha de clases aparece irremediablemente como parte congénita al sistema de explotación capitalista.
Pero hay más. En torno a esta lucha entre el capital y el trabajo, existen elementos que permiten advertir que detrás del genuino reclamo de los trabajadores de Audi, existen poderosos intereses económicos y políticos, nacionales e internacionales, que están al asecho de secuestrar y direccionar el movimiento hacia otros derroteros.
El mundo está viviendo cambios trascendentales: hoy observamos en vivo y en directo la transformación del orden mundial, la feroz lucha entre el imperialismo norteamericano que pretende seguir apoderándose del mundo en su anacrónica visión unipolar, por un lado, y por el otro, los países emergentes encabezados por China y Rusia, que proponen un orden mundial multipolar, de respeto a la soberanía de las naciones y de una cooperación constructiva que permita el sano desarrollo económico, político y social de todos los países.
Es en este contexto que debemos insertar el Tratado de libre comercio suscrito entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), un instrumento que el imperialismo norteamericano impuso a nuestro país para facilitar la actividad comercial de la región en favor del capital estadounidense. Recordemos que para ratificar el T-MEC, el Gobierno de Estados Unidos exigió al Gobierno mexicano reformar la ley laboral, no porque el imperio estuviera muy preocupado por los derechos de los trabajadores mexicanos, sino porque, especialmente en la lucrativa y floreciente industria automotriz, argumentan que existe una competencia desleal que provoca un desplazamiento de miles de puestos de trabajo de Estados Unidos hacia México debido a que nuestra mano de obra es más barata, por tanto, lo que en el fondo pretende el Gobierno norteamericano no es proteger los intereses de los trabajadores mexicanos, sino proteger los intereses del imperio, “establecer nuevos estándares en la industria automotriz” en favor de la competitividad, el mercado y el capital norteamericano.
En este sentido, no debemos perder de vista que el T-MEC fue abiertamente respaldado por la Federación Americana del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO), la central sindical norteamericana más importante del país vecino, es decir, una central obrera que, en el fondo, obedece a los intereses del capital. De manera que los trabajadores mexicanos que laboran en la industria automotriz, como es el caso de Audi Puebla, deben vigilar con celo que su legítima lucha sindical se mantenga siempre firme en favor de sus agremiados, de los trabajadores mexicanos y sus familias, sin concesiones al poder económico, político y sindical extranjero.
Y a nivel nacional debemos tener claro que actualmente la lucha sindical en nuestro país se desenvuelve en medio de una pugna política entre el viejo charrismo priista encabezado por la CTM y el nuevo charrismo morenista que encabezan personajes despreciables como Napoleón Gómez Urrutia o Pedro Haces Barba, viejos priistas que, con el apoyo de AMLO, intentan ocultar su verdadera naturaleza patronal disfrazándose ahora de un candoroso color guinda, con la encomienda de ir controlando la dirección sindical del movimiento obrero en México y, al mismo tiempo, de llevar a las urnas un voto corporativo numeroso en favor de Morena. Fue por esta razón que Gómez Urrutia llega propuesto como candidato plurinominal al Senado de la República por Morena y hoy día es, además, el flamante Presidente de la Comisión de Trabajo y Previsión Social dentro de la Cámara de Senadores.
Así las cosas, con el apoyo del Gobierno norteamericano, la AFL-CIO, y el gobierno de AMLO, el nuevo charrismo morenista comienza a arrebatarle los contratos colectivos de trabajo al viejo charrismo cetemista (especialmente en la industria automotriz), sabedores del sobrado desprestigio que por décadas ha acumulado la CTM entre los trabajadores; para ello, en noviembre de 2018, Gómez Urrutia promueve la fundación de la Federación de Sindicatos Independientes de las Industrias Automotriz, Autopartes, Aeroespacial y del Neumático (FESIIAAAN) que, hace dos años, logró un sonoro triunfo nacional al derrotar a la CTM en General Motors de Silao, Guanajuato, en apoyo al Sindicato Independiente Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Industria Automotriz (SINTTIA). Ahora observamos con recelo que detrás de la lucha de los trabajadores de Audi Puebla, está la FESIIAAAN, es decir, uno de los brazos oficiales del gobierno morenista.
No debe existir confusión. Me pronuncio en favor de la creación de sindicatos y federaciones que de manera auténtica sumen sus esfuerzos y defiendan los intereses y derechos laborales de los trabajadores; en favor de que los trabajadores de México se sacudan ese histórico lastre que significa el viejo charrismo sindical cetemista; y en favor de la incursión de nuevos dirigentes sindicales que con su trabajo demuestren que en verdad se conducen conforme a los intereses de sus agremiados. Estoy seguro que dentro de las filas de la FESIIAAAN, SINTIA, SITAUDI y muchas otras agrupaciones sindicales, existe un sinnúmero de trabajadores que en verdad luchan por un auténtico sindicalismo en nuestro país. No obstante, a mi juicio, sería un error omitir los intereses económicos y políticos, nacionales e internacionales, que están a su asecho y el papel de los nuevos charros sindicales morenistas al servicio del poder económico y político. Ahí hay mano negra.
Como vemos, se vislumbra una compleja y difícil contienda entre el capital y el trabajo en la planta de Audi en Puebla. Corresponderá a los trabajadores y solo a los trabajadores de Audi desplegar su cohesión y capacidad organizativa no solo para conquistar un mejor aumento salarial, sino para evitar que intereses ajenos se enquisten en su seno. Solo de esta manera podrán enfrentar la “estabilidad laboral” y la “competitividad” que Audi México y los dueños del capital extranjero pretendan imponerles. La verdadera lucha que tendrá que librar el SITAUDI apenas ha comenzado.



