El 1º de mayo de 2019 se publicó el decreto por el que se reformaron diversas disposiciones de la Ley Federal del Trabajo, “una reforma amplia, histórica y profunda, los trabajadores podrán decidir, sin discriminación ni represalias, si desean afiliarse a un sindicato, cambiar de sindicato o no pertenecer a ninguno”.
Arturo Castillo
El 1º de mayo de 2019 se publicó el decreto por el que se reformaron diversas disposiciones de la Ley Federal del Trabajo, “una reforma amplia, histórica y profunda, los trabajadores podrán decidir, sin discriminación ni represalias, si desean afiliarse a un sindicato, cambiar de sindicato o no pertenecer a ninguno”. Así, con bombo y platillo, el gobierno morenista anunciaba la reforma laboral.
Sin embargo, los obstáculos para hacer efectivo el derecho de organización obrera no han cambiado. Los patrones cuentan con una serie de recursos y maniobras que siguen aplicando para burlar las disposiciones laborales y, por ello, se requiere no solo la unidad inquebrantable de los trabajadores, sino, además, la firme disposición a enfrentar con tenacidad y abnegación las exigencias de la lucha. Y por supuesto tomar en cuenta las experiencias de otros movimientos, de sus aciertos y errores.
Un puñado de trabajadores que vive en carne propia las marrullerías del patrón es el de los obreros despedidos de la Sociedad Cooperativa de Producción de Servicios “Juárez” S.C.L. o Grupo Juárez y Asociados, S.A. de C.V. Para empezar, existe un doble registro patronal en la empresa conocida como “La Gravera Juárez” que está ubicada en la comunidad de El Moreno del municipio de Progreso de Obregón, en la zona del Mezquital, Hidalgo. A los trabajadores con más de 10 años de antigüedad, esto es, una década desgajando rocas del cerro, rompiendo y moliendo para cumplir con las toneladas diarias de grava y arena, llenándose los pulmones con el maldito polvo afectando su salud, de buenas a primeras les redujeron los días de aguinaldo, les dejaron de pagar las utilidades, el tiempo extra, la prima dominical, no se les proporciona equipo de seguridad y, por si algo faltara, obligados a pagar con tiempo extra el costo del desgaste de la maquinaria.
Ante esta actitud explotadora del patrón, buscaron orientación y se agruparon para obtener una auténtica representación sindical. Al emprender su lucha se toparon con que la empresa tenía registradas ante el IMSS 80 gentes que nunca trabajaron en la empresa. Y como siempre no falta el orejón que le informa al patrón, éste los despidió el 15 de marzo del presente año. Ante el ofrecimiento de una mísera indemnización, los trabajadores la rechazaron y decidieron luchar por su reinstalación interponiendo una demanda ante el Tribunal Laboral.
Para desanimar y debilitar su lucha, el patrón hizo labor con algunos trabajadores para que abandonaran la lucha y aceptaran su liquidación. Cuatro fueron los obreros que decidieron seguir adelante a pesar de las dificultades económicas y las presiones de todo tipo, incluida la familiar. Han pasado los meses, pero la solidaridad del sindicato, de sus hermanos trabajadores en otras empresas, así como el apoyo ininterrumpido de la población de la zona del Mezquital, los anima.
La lentitud del Tribunal Laboral se vuelve cómplice del patrón el cual comenzó a sacar maquinaria de la empresa para burlar los derechos laborales de los trabajadores, razón por la cual éstos promovieron un embargo precautorio que la autoridad laboral desechó. Pero ahí no paran los obstáculos, resulta que ahora el patrón ha promovido una denuncia ante el Ministerio Público acusando a los trabajadores por despojo.
Como vemos, los obreros de la Gravera Juárez están enfrentando a los dueños del capital, a sus representantes, a las instituciones del gobierno como son el poder judicial y laboral y, a pesar de todo ello, se mantienen firmes en su legítimo reclamo, dando muestras de combatividad se sostienen en pie de lucha apoyados por su sindicato y la solidaridad del pueblo trabajador.
La lucha de los obreros de la Gravera Juárez, sin proponérselo, pone al descubierto la demagogia del gobierno actual cuando se autoproclama defensor de la libre sindicalización. Pero si agotados todos los recursos legales a su alcance, los trabajadores no encuentran solución y respeto a sus derechos laborales, si la lucha sindical no es un instrumento suficiente para la defensa del obrero, ¿qué hay que hacer? La realidad nos enseña que, además de construir un sindicalismo auténtico y vigoroso, debemos construir un partido político de la clase obrera capaz de hacer valer su peso en la aplicación de la justicia laboral en el país. Tarea titánica pero inaplazable.




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