Sergio Cadena
Para la inmensa mayoría de los mexicanos el próximo 2 de junio se decidirá en las urnas quién gobernará a nuestro sufrido país durante el siguiente sexenio, de finales de 2024 al 2030. Sin embargo, hay quienes pensamos que tal cuestión ya está decidida desde hace mucho tiempo. En efecto, para quienes han profundizado aunque sea un poco en el estudio de la teoría marxista acerca del Estado, queda claro que, a estas alturas, la clase dominante en México, en coordinación con el imperialismo yanqui, ya tiene tomada una decisión, para lo cual no importó en absoluto la preparación o el carisma de los contendientes. Quienes detentan el poder económico y político sólo buscan una característica clave en el futuro elegido, que consiste en una total y absoluta adopción de los intereses en favor del capital, pero con un disfraz que aparente lo contrario a la hora de presentarse ante el pueblo oprimido y explotado.
Así se explica que el actual presidente haya tenido un discurso de “primero los pobres” y, al mismo tiempo, haya favorecido a los capitalistas, al grado de que muchos de ellos hayan multiplicado sus fortunas varias veces en lo que va de su sexenio. También se podrán comprender “misterios” como el de por qué no recibe a la gente en sus famosas “mañaneras” ni en sus constantes recorridos por el país, pero, en cambio, a Carlos Slim lo recibe a cada rato en Palacio Nacional y con especial cordialidad saludó a la mamá del “Chapo”.
La clase política en México ha llegado a niveles tan bajos que contamos con diputados y senadores sin ninguna experiencia ni preparación académica para asumir de manera decorosa el cargo: exdeportistas, exactrices, en fin, personajes que no saben leer, que no saben de historia o de administración pública, ¡ah pero eso sí! aprueban, sin rechistar, todas las iniciativas que provengan del Ejecutivo, así contravengan flagrantemente el interés social o incluso sean completamente contrarias a nuestra Constitución pero que, “casualmente”, defienden siempre los intereses de los capitalistas.
El colmo de los colmos es que hemos llegado a la penosa situación de tener a una magistrada en la Suprema Corte de la Nación que ¡plagió! su tesis para recibir su título profesional y que tenemos un presidente que tardó ¡15 años! en titularse. Por otro lado, vemos que la corrupción y el nepotismo se han desarrollado como nunca y han llegado, incluso, hasta la familia presidencial. La ineptitud en los actuales gobernantes ha cubierto de sangre al país entero al llegar a niveles de inseguridad nunca antes vistos. En la presente contienda electoral se ha roto el récord de candidatos asesinados y el crimen organizado quita y pone a las autoridades de los tres niveles: municipal, estatal y federal. Pero todo eso no importa, para quienes detentan el poder en México lo único que importa es que las autoridades obedezcan a sus intereses económicos y políticos. Y si para lograr ello es necesario invertir inmensas cantidades de dinero, o incluso, llegar al asesinato, sin duda lo harán; es más, ya lo están haciendo.
Por tanto, a mi juicio, ninguno de los tres presidenciables representa al pueblo trabajador y sólo se están disputando el “papel de marioneta” de la clase dominante, de los capitalistas. Urge que de las luchas presentes y futuras se destaque a la crema y nata del proletariado para que, en un futuro, no muy lejano, se forme el partido revolucionario de la clase obrera mexicana que logre aglutinar de manera consciente todo el descontento popular y lo sepa llevar por buen camino hasta lograr la conquista del poder político como vía para la construcción de una sociedad más justa y equitativa en favor de las clases trabajadoras.



