Una lección para los trabajadores 

Por: Ángel Villegas.

Los más de 400 obreros de la empresa Ronal Group, que producen en Querétaro rines para automóviles, hartos del control charril que durante más de 20 año ejerció la CTM y que nunca defendió a ningún obrero en sus problemas laborales, se unieron y decidieron liberarse de ese yugo; buscaron una nueva representación sindical que sí defendiera sus derechos y en el pasado proceso de legitimación de su Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) decidieron rechazar el contrato vigente y con ello se deshicieron del sindicato titular de dicho contrato. Así, con valor y decisión, echaron fuera a la CTM. 

El primer paso fue conocer sus derechos, lo que les motivó a unirse y empezar los trámites para cambiar de sindicato. Respaldados en la Ley Federal del Trabajo (LFT), la cual dispone en su artículo 358 que nadie puede ser obligado a formar parte o no de un sindicato determinado, los obreros de Ronal Group realizaron las gestiones y acciones necesarias para lograr una transición sindical. Buscaron a la Confederación Revolucionaria de Trabajadores (CRT) planteando que necesitaban un nuevo sindicato que sí los defendiera y demandara la solución a problemas como, por ejemplo, las utilidades, el incremento salarial, el transporte y el comedor al interior de la empresa.  

Ahora, su nuevo sindicato pertenece a la CRT, una central obrera que desde 1954 encabeza un movimiento sindical que defiende los derechos profesionales, jurídicos y laborales de los trabajadores mexicanos y que aglutina a varios sindicatos nacionales de las diversas industrias: minera, del plástico,  química, metálica, textil, entre otras. Actualmente han logrado mejoras que antes no tenían: la promoción de las categorías de los trabajadores que deriva en mejoras salariales; el servicio de transporte de personal que ocasionaba muchos retrasos; el servicio del comedor al interior de la empresa para que sea una comida digna; el mejoramiento de las condiciones de higiene y seguridad ya que existen varias zonas de riesgo por las altas temperaturas necesarias para la producción; el aumento salarial en la próxima revisión del CCT para que sea un salario verdaderamente remunerador como lo dice la LFT; que haya bonos de compensación por el excesivo desgaste físico del obrero y un justo reparto de utilidades, entre otras mejoras. 

La lucha no ha sido fácil y los trabajadores han tenido que poner su cuota de sacrificio. Diez trabajadores que participaron en el movimiento de cambio de sindicato fueron despedidos en el transcurso de la lucha, pero ni ellos ni el resto se ha acobardado, dignos y firmes han conseguido sacudirse el charrismo sindical y democráticamente han elegido, de entre sus mejores compañeros, a una nueva directiva que sí se preocupa, que sí consulta con la base trabajadora y la reúne periódicamente y sí está trabajando para resolver los problemas colectivos de los trabajadores. Ahora como dicen ellos, el cambio se siente, porque ahora sí, “el sindicato somos todos”. La lección es clara: los intereses de la clase obrera los debe defender la propia clase obrera. 

Los trabajadores del país que se han resignado a soportar pasivamente la explotación y la bota sindical harían muy bien si deciden poner manos a la obra para sacudirse ese doble yugo opresor. Conozcan sus derechos establecidos en la ley y decídanse a luchar por ellos. Es la única salida, dura y difícil, sí, pero verdadera y posible. 

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