Ante el crecimiento de los conflictos laborales, nuestra defensa es la organización obrera
Ángel Villegas
En lo que va de 2025, México ha experimentado un aumento en la conflictividad laboral. En el sector público se registraron el 78 por ciento de los conflictos con paro de actividades y movilizaciones, así hemos visto las protestas públicas de los trabajadores de la salud, educación, el SAT y otras áreas de gobierno.
En el sector privado se incrementó la cantidad de conflictos por despidos injustificados, malas condiciones laborales e incumplimiento de los contratos colectivos de trabajo en relación a salarios, prestaciones y jornadas laborales. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) informan que en ese sector la incidencia de huelgas y paros ha ido disminuyendo año tras año y que en este 2025 el 80 por ciento de los conflictos colectivos e individuales se han resuelto con la firma de convenios prejudiciales. Las autoridades dicen que eso prueba la efectividad del sistema de conciliación y de quienes atienden los asuntos, sin embargo, es bien sabido que el trabajador siente temor a tramitar un juicio en los Tribunales Laborales por lo prolongado, costoso y riesgoso; teme que en la resolución final se imponga la ley del dinero y de las relaciones políticas.
En el estado de Puebla, por ejemplo, el INEGI reporta que las Estadísticas sobre Relaciones Laborales de Jurisdicción Local (ERLAJUL) de 2024 indican que se registraron 3 mil 290 conflictos de trabajo, lo que representó un aumento del 22 por ciento respecto al año anterior y colocó a la entidad en el octavo lugar nacional. Durante los primeros ocho meses de 2025 se han registrado mil 343 accidentes de trabajo (que también generan conflictos laborales) y con corte al mes de agosto de este año, en el Centro de Conciliación Laboral del Estado de Puebla, se atendieron 4 mil 797 conflictos laborales, en su mayoría de tipo individual, con una alta concentración de casos en la capital del estado seguido por Tehuacán, San Andrés Cholula, Cuautlancingo y Teziutlán, entre otros lugares. Los conflictos laborales de mayor incidencia fueron los despidos injustificados, abuso de autoridad, falta de pago de prestaciones de ley como aguinaldo, vacaciones, prima vacacional, incumplimiento de la Participación de los Trabajadores en las Utilidades (PTU), entre otros.
Investigaciones realizadas en Tehuacán, segunda ciudad más grande del estado de Puebla, han documentado una alta presencia de violencia laboral y violación a los derechos humanos de los trabajadores, en la industria de la confección y otras ramas productivas y de servicios: despidos injustificados, incumplimiento de pago de aguinaldo, maniobras para no realizar el reparto de utilidades, acoso laboral y sexual (a mujeres y hombres), jornadas extenuantes, malos tratos y violencia verbal y psicológica, son de las violaciones más recurrentes.
Los conflictos laborales por abuso de autoridad se refieren a situaciones en las que una persona con poder, un jefe, gerente o supervisor dentro de una empresa, utiliza su posición para imponer decisiones injustas, humillar, intimidar, manipular o perjudicar a sus subordinados, generando un ambiente laboral hostil y desequilibrado. Veamos dos casos ilustrativos.
En la empresa Grupo Diamante Internacional S.A. de C.V., de Tehuacán, Puebla, que confecciona uniformes de trabajo para importantes marcas, una trabajadora fue despedida a principios de octubre del presente año sin que le hayan precisado la causa, simplemente “por mal desempeño”. Trabajó cuatro años y medio sin que hubiera nunca algún reclamo por los resultados en sus labores. Quien tomó la decisión de despedirla calculó que, como en otros casos, la obrera aceptaría la limosna consoladora que le ofrecían por su despido. Pero no fue así. Haciendo uso de su derecho, promovió una demanda ante las autoridades del trabajo y ahora a la empresa se le está requiriendo para que acuda al Centro Local de Conciliación y en esa instancia se determine el monto de su liquidación por despido injustificado conforme a la Ley Federal del Trabajo. Ahora, el abuso patronal se manifiesta y extiende a toda la base trabajadora, los directivos han corrido la voz calumniando a la trabajadora acusándola de robo, como una forma de intimidar a la demandante y al resto de trabajadores, como muestra por si alguien más se atreve a defender sus derechos ante las arbitrariedades del patrón.
Otro caso ocurrió en una empresa, también de la ciudad de Tehuacán, que vende refacciones de vehículos automotores. Un par de tipos asaltaron las oficinas del corporativo de esa empresa y en el operativo le propinaron una salvaje golpiza al guardia de seguridad que se encontraba en la puerta de acceso, un señor de la tercera edad que fue a dar al hospital. Asignar tareas totalmente desproporcionadas con el perfil de trabajador, pero que le ahorran dinero al patrón, también es abuso laboral y debe ser sancionado por la autoridad del ramo.
Historias como éstas, y seguramente más graves, se repiten a diario por todo el país, como lo dicen las estadísticas oficiales. Es necesario combatirlas, la clase obrera no debe resignarse y soportar esa vida. Sabemos que la mayoría de los trabajadores no cuentan con una organización sindical que los represente y los defienda. Y en muchos casos donde sí hay sindicato, casi siempre resulta ser lacayo de la patronal.
Por eso, no dejaremos de insistir en la necesidad de construir un movimiento sindical verdaderamente independiente, en lo ideológico y organizativo. Para eso, el obrero debe empezar por tomar conciencia del importante papel que juega en la sociedad como principal productor de la riqueza del país, y a partir de ahí, armarse del valor y la decisión necesarias para organizarse y dar la lucha por lo que en justicia le corresponde.
De pie, compañero trabajador, todos a una sola voz, firmes, dignos, no permitamos que nos sigan explotando. ¿Se puede? ¡claro que se puede! Organízate y lucha.



