Federico Hernández
¡Hasta el título nos enchina la piel! Parece sacado de las novelas futuristas. ¿Fábricas obscuras?, se preguntará un obrero de manos callosas. Y es que sí: ¡asombroso, pero cierto!, en la actualidad ya hay fábricas o áreas de éstas en que el proceso de producción se realiza sólo por máquinas robotizadas que no necesitan descanso, iluminación, ventilación, comedores, baños, ni casi nada humano. Las máquinas robotizadas con Inteligencia Artificial (IA) han casi sustituido al hombre en algunos establecimientos industriales.
Ahí están las empresas Tesla, Fanuc y Foxconn que ya tienen partes de sus plantas como “dark factories” (fábricas obscuras). Surgen, entonces, preguntas ¿y qué sucederá si esto se generaliza el día de mañana a muchas empresas y ramas de la producción?, ¿qué sucederá con los millones de obreros que sean desplazados por las máquinas robotizadas en las fábricas que ahora serán “obscuras” ?, ¿será esto posible dentro del régimen capitalista o será necesaria una nueva organización social como resultado de este alto desarrollo técnico-científico y las contradicciones que generará?
La economía política científica, el marxismo, nos puede dar respuesta a nivel teórico y de manera general a estas interrogantes. No nos dará, obviamente, una descripción detallada de la sociedad como lo intentaron los socialistas utópicos en sus irrealizables sociedades en que se pensaba eliminar los males del capitalismo en sus inicios, sino que, a grandes rasgos, nos explica cómo estará estructurada la nueva sociedad y cómo se relacionarán los hombres en el proceso de producción de bienes materiales.
Las leyes descubiertas por esta ciencia son objetivas, es decir, que no dependen de la voluntad o deseo del hombre, sino que se cumplen en la realidad, fuera de la consciencia de éste, con el mismo rigor con que la ley de la gravitación universal, de Newton, explica por qué se cae al piso una manzana por acción de la fuerza de gravedad al ser soltada. O, en el campo de la biología, por qué las especies evolucionan mediante el mecanismo de selección natural descubierto por Charles Darwin, no porque este científico lo deseara, sino porque ahí esta este mecanismo evolutivo actuando desde que la vida apareció y se desarrolló en cierto grado en la tierra.
Una de las leyes descubiertas por Marx nos dice que hay una correspondencia entre el desarrollo de las fuerzas productivas (constituidas por la combinación de medios de producción: maquinas, herramientas y materias primas, y por la fuerza de trabajo del hombre) y las relaciones sociales de producción. Al desarrollarse los instrumentos de trabajo, las máquinas, al descubrirse nuevos materiales (materias primas y materiales auxiliares como pueden ser las tierras raras en la actualidad) y al aumentar la destreza, habilidad y experiencia de la fuerza de trabajo esto, necesariamente, repercutirá en las relaciones sociales de producción que son las relaciones que establecen los hombres en el proceso de producción determinadas en la propiedad o no de los medios con que se produce.
Así, por ejemplo, los hombres primitivos, con medios de producción pertenecientes a todos los miembros de la tribu, que realizaban un trabajo colectivo que producía y distribuía con relaciones de solidaridad entre ellos, pasaron a un régimen de explotación, el esclavismo, debido al desarrollo de nuevos instrumentos como el arco, la flecha, el hacha, el arado, etc., que le permitieron producir un excedente del que se podría apropiar alguno o algunos de los elementos de la tribu; había surgido la propiedad privada y con ella la explotación.
El capitalismo sucedió al feudalismo o sistema servil por el hecho de que las relaciones económicas de este último modo de producción, no se correspondía al nuevo desarrollo de las nuevas y potentes fuerzas productivas (la revolución industrial del siglo XVII) que surgieron en su seno. ¿Podemos, entonces, asegurar que el régimen capitalista, con sus relaciones de producción basadas en la propiedad privada y en la explotación de unos hombres por otros, donde unos son dueños de los medios con que se produce y otros sólo de su fuerza de trabajo la cual vende como mercancía, cambiará radicalmente al darse y generalizarse un desarrollo de las potentes fuerzas productivas que están surgiendo con la robótica, la IA y la ciencia que está detrás de éstas? Sí, según la ley citada más arriba. Claro esto no se dará de la noche a la mañana; estamos hablando de procesos históricos.
Ahora bien, veamos otro lado del problema. El empresario no produce mercancías para satisfacer las necesidades de la población pues no es precisamente una hermana de la caridad. Invierte capital y produce mercancías sólo para obtener ganancias. Las cosas, grosso modo, se dan así: el empresario va al mercado y compra con su dinero materias primas, herramientas, máquinas y fuerza de trabajo del obrero al que contrata por una semana e inicia el proceso de producción en su nave industrial. Al final de este proceso aparecen las mercancías acabadas, resultado de este proceso de trabajo: ropa, automóviles, teléfonos celulares, etc., dependiendo de la rama industrial que se trate. Estas mercancías son llevadas al mercado para venderse (realizarse, dicen los economistas) y volver a adquirir la forma dinero.
Pero sucede que nuestro empresario X, al vender las mercancías que se produjeron, obtiene más dinero del que invirtió, esto lo podemos expresar mediante la fórmula general: D-M-D´ (dinero-mercancía-dinero prima), donde D´=D+d, dinero inicial más un dinero incrementado d. Este incremento es lo que Marx llamó plusvalía o ganancia (que son dos conceptos que no son exactamente idénticos pero que podemos aquí usar indistintamente). Podemos entonces definir al capital como un valor que es capaz de incrementar su propio valor, que se valoriza. ¿Y dónde se valoriza o incrementa el valor? En la esfera de la producción, dentro del pequeño taller o la nave de gran envergadura como las que tiene la General Motors o TAMSA donde trabajan miles de obreros manipulando maquinas, herramientas y materias primas para producir vehículos en el caso de la primera y tubos de acero sin costura en el caso de la segunda.
¿Y quién valoriza o hace aumentar el valor inicial? El obrero con su trabajo. La fuerza de trabajo es una mercancía muy peculiar que produce un valor mayor al que encierra. El obrero, en una hora de trabajo, puede resarcir su salario y las restantes producir un valor excedente del que se apropia el capitalista. Estas son las respuestas.
Pero avanzando en el tema, daré dos razones, a mi juicio, del porqué no es posible en el capitalismo que las máquinas robotizadas se implementen en todas las ramas de la producción y desplacen por completo al obrero. Sólo podrán, en el régimen capitalista, implementarse en ciertas ramas como ahora en la industria automotriz, en la fabricación de automóviles, celulares y demás componentes. Si se ampliara a todas las ramas de la producción tendría serias repercusiones para el régimen capitalista en su conjunto: aquí actuará la ley de correspondencia entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción.
Primero. La fuerza de trabajo en acción, el trabajo, es la única fuente de valor. Las maquinas no crean valor y no crean, por tanto, plusvalía, que es la razón y afán único del empresario. El capitalista no va a producir por producir valores de uso, bienes, sino que necesita crear un incremento del valor inicial, necesita generar plusvalía y esto lo logra mediante la explotación del obrero. Las materias primas, herramientas y maquinas son capital constante. El valor de un metro de tela pasará tal cual, en magnitud, al pantalón en el taller de costura. La máquina por muy tecnificada que sea es también capital constante y la diferencia de la materia prima como la tela, es que transfieren el valor poco en poco, parcialmente. Una máquina puede transferir su valor en cinco o diez años, pero lo transfiere en la misma magnitud con que inició: es capital constante. Al final será chatarra. En suma: sin obreros no hay valorización del valor, no hay capital. Ahora bien, si sólo (o casi sólo) trabajan maquinas en las fábricas obscuras aumentará la llamada composición orgánica del capital, más capital constante sobre el capital variable, más máquinas que obreros, y con ello baja la tasa de ganancia individual a casi cero.
Segundo. El capital es como la caída de una bola de nieve en la pendiente de una ladera de montaña nevada: incrementa su volumen en cada vuelta y no se puede detener. El capitalista tiene que vender sus mercancías y reiniciar una y otra vez un nuevo ciclo: D-M-D´, así hasta el infinito. Si lo interrumpe deja de ser capital. Si son despedidos millones de trabajadores al crear estas fábricas obscuras, y yendo hipotéticamente más lejos, si supusiéramos que se despidiera a todos los trabajadores en todas las ramas y procesos de producción, ¿quién entonces compraría la masa inmensa de mercancías producidas por las máquinas-robots en estas dark factories? Cómo reiniciaría el empresario un nuevo ciclo si sus mercancías, al quedarse empolvadas en el almacén, no pueden transformarse en dinero (como plusvalía), forma inicial del nuevo ciclo del capital.
Aquí surgen dos formas de ver lo que sucederá: una, que solo está en la imaginación o el deseo trasnochado de los billonarios como Elon Musk (al que recuerdo alzando y extendiendo el brazo al puro estilo fascista en la toma de posesión de Trump), un mundo donde se elimine la población que ellos, como neofascistas, consideran “sobrante”. Un mundo de robots y fábricas obscuras para satisfacer sus ambiciones, lujos y vicios. Y no es descabellado decir esto. Acaso ¿no hay en Gaza un genocidio para arrebatarles sus tierras a los palestinos por parte del Estado sionista de Israel con la complicidad de EE.UU.?, ¿no sueñan acaso con colonizar Marte o la Luna ante la posibilidad de la desaparición de la vida en la tierra tras una guerra nuclear que ellos mismos desatarían?
Y por otro lado está la forma real de ver las cosas, la forma objetiva, la que nos indica la ley de correspondencia entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Con el potente desarrollo de las nuevas fuerzas productivas (impulsadas por la robótica y la IA), tendrán que surgir relaciones sociales de producción más elevadas, esto es, una sociedad donde no haya explotación del hombre por el hombre, donde existan relaciones de cooperación y solidaridad, donde las máquinas altamente tecnificadas, que ya nos asombran sobremanera, sirvan mediante la elevación inconmensurable de la productividad, verdaderamente para hacer la vida del hombre más digna y más agradable. Una sociedad donde el hombre potencie todas sus capacidades físicas y espirituales. Recordemos que, en este sentido, el mayor intento que ha hecho la humanidad sucedió en la URSS.
Pero ese cambio no llegará solo, tendrá que ser obra de la clase trabajadora organizada y consciente. Educada y concientizada por su vanguardia, por un partido de clase, de su clase. Pues como dijo Marx: la emancipación de la clase obrera será obra de la misma clase obrera.



