Acerca de la emigración en México

Acerca de la emigración en México

Mauricio Lagunas

Durante siglos, los países imperialistas se han dedicado a saquear las riquezas de países débiles y pobres aprovechándose de sus recursos naturales y su mano de obra barata para seguir acumulado riquezas y fortunas inmensas, mismas que podrían terminar con el hambre y las enfermedades de toda la humanidad, sin embargo, quienes controlan los medios de producción -los amos del dinero- están más ocupados pensando en la siguiente maniobra para acrecentar esas inmensas riquezas, evadiendo impuestos en paraísos fiscales, ideando nuevas formas para sacar el mayor provecho de las horas de trabajo no pagadas a los obreros, incluso planeando la siguiente invasión y conquista a otros territorios a través de las guerras. Esa es la lógica de este sistema capitalista depredador y de quienes se esfuerzan cada día por seguirlo replicando. Mientras que, por su parte, los explotados han tenido que soportar hambre, enfermedades y la falta de oportunidades para gozar un poco de lo mucho que ha producido durante toda su vida útil al servicio de sus explotadores.

La crisis migratoria actual en nuestro país es la consecuencia innegable de que este sistema capitalista le impide a la clase trabajadora el acceso a una mejor calidad de vida, por lo que la principal causa de la emigración es de naturaleza económica. Las personas que se ven obligadas a dejar a sus familias, a su país, sus raíces, sus costumbres, buscando los ingresos que le permitan mejorar su vida y la de sus familias, mismos que el Estado les ha negado, y por ello se aventuran a buscar mejores oportunidades laborales en otro país, exponiéndose a ser víctimas de algún delito como la extorsión, trata de personas, secuestro por parte del crimen organizado, a ser utilizados como «Mula» para transportar droga entre sus pertenencias, a ser abandonados en contenedores por los polleros que les prometen cruzarlos, incluso, en muchas ocasiones, perdiendo la vida en su intento por cruzar la frontera.

Los mexicanos emigran a Estados Unidos debido a la falta de empleos bien remunerados que permitan cubrir los gastos necesarios de una familia, como lo son: comida, salud, educación, luz, agua, renta, transporte, etcétera; a pesar de que estos derechos se encuentran plasmados en la Constitución como garantías o derechos individuales que deberían cumplirse solo por el hecho de vivir en un «Estado de derecho», pero que al no cumplirse obliga a millones de jóvenes a emplearse con bajos salarios o autoemplearse en el mercado informal. Las cifras en los últimos años se han disparado. Veamos.

La informalidad laboral tuvo un repunte mensual en julio y abarcó a más de 34 millones de personas, un umbral que nunca se había alcanzado. Esto como resultado de la incorporación de 1.1 millones de ocupados en el trabajo informal, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). Según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el crecimiento nominal entre junio y julio fue el más alto en los últimos cuatro años; desde julio del 2021 no se observaba un incremento mensual de más de un millón de personas en la ocupación informal (El Economista 8 agosto 2025). Además, en lo que va del año, la formalidad muestra una pérdida de 812 mil 519 puestos de trabajo, mientras que la informalidad registra un crecimiento acumulado de 2.2 millones de empleos.

Cómo vemos, la situación es difícil para quienes intentan salir adelante y tener una vida digna trabajando con honradez y honestidad, sin embargo, no siempre es así, muchos jóvenes terminan enrolándose en las filas de la delincuencia al no encontrar la manera de salir de la pobreza por sus propios medios y esto lo vemos reflejado diariamente con la violencia desbordada en la que se encuentra el país: asesinatos, secuestros, extorsiones, violaciones, robos y un aumento en el consumo de drogas entre los jóvenes.

La percepción de inseguridad entre la población va en aumento. En septiembre pasado, 63 por ciento de la población de 18 años en adelante que vive en las principales ciudades del país, consideró que es inseguro vivir en su ciudad, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU). Hubo un cambio significativo en comparación con septiembre de 2024, cuando se estimó que 58.6 por ciento de la población mayor de edad se sintió inseguro. Tomando en cuenta el aumento en las cifras de homicidios publicadas por el Inegi se confirma que el sexenio del expresidente Andrés Manuel López Obrador, fue el más violento de la historia reciente al acumular 202 mil 336 asesinatos en el país, de diciembre de 2018 a septiembre de 2024. Con un promedio de 95 víctimas de homicidio doloso por día (El Universal 1 agosto 2025). Por lo que se demuestra que, según los datos estadísticos, la estrategia de “abrazos no balazos” del expresidente López Obrador no dio los resultados qué había prometido.

Estas son las entidades con más homicidios ahora en el gobierno del segundo piso de la cuarta transformación (cifras al 17 de agosto 2025): Guanajuato (2,735), Sinaloa (1,651), Baja California (1,628), Chihuahua (1,588) y Estado de México (1,566). Este nivel de violencia es otro factor importante que contribuye al desplazamiento de la población de sus lugares de origen, ya que los delincuentes se han apoderado del control total de muchas regiones del país y el Estado no ha hecho nada para poner un alto a esta situación.

Aunado a esto, nuestros jóvenes, niños y niñas se ven gravemente afectados en su desarrollo y crecimiento por esta situación. Entre 145 mil y 250 mil niñas, niños y adolescentes están en riesgo de ser reclutados o utilizados por grupos delictivos en nuestro país. Este riesgo obedece a la pobreza, el abandono, la falta de oportunidades, la violencia familiar o la cercanía a zonas con presencia de grupos delictivos. Unirse a estos grupos ha llegado a ser la única oportunidad que tienen para salir de la marginación económica y social, revela un estudio de Red por los derechos de la infancia de 2021. Lo que a su vez aumenta el riesgo de iniciar el consumo de drogas a una edad temprana que, de 2017 a 2022, creció en 218 por ciento; el pico está en la población de 15 años, justamente durante la adolescencia, por lo que ha sido considerado el principal problema de atención de la población recomendado por Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud.

Asimismo, el Seminario de Estudios Sobre la Globalidad, de la UNAM, en su número especial de opioides, de 2023, dio a conocer que en México el consumo de sustancias se ha concentrado principalmente en los estados de la frontera norte con Estados Unidos, donde también se enfrenta un nuevo reto de salud pública, derivado de la llegada del fentanilo y de su rápida extensión en esta región. La población que más se ha visto afectada son los migrantes, personas sin hogar, mujeres y jóvenes.

El total de la población de migrantes indocumentados en Estados Unidos se incrementó en los recientes cinco años a aproximadamente 13.7 millones de personas, incluyendo 5 millones 530 mil mexicanos, un 40 por ciento de dicha población quienes no cuentan con derechos como trabajadores y como seres humanos; que con su trabajo contribuyen al sostenimiento de la economía de un país que los trata con desprecio, que los discrimina, los tacha de delincuentes y que ahora son perseguidos por un gobierno que abiertamente ha dicho odiar a los migrantes.

Y no parece que, en lo inmediato, las cosas vayan a mejorar. Con el gobierno morenista que ahora encabeza Claudia Sheinbaum Pardo, no hay certeza de que pueda haber una pronta solución para nuestros paisanos que se encuentran en Estados Unidos, y mucho menos para quienes vivimos en México, ya que no hay un proyecto serio por parte del gobierno que permita crear las condiciones necesarias para generar empleos de calidad, donde a los trabajadores se nos garantice seguridad social y una educación pública que permita educar a nuestros hijos y alejarlos de las drogas y la delincuencia, que los trabajadores de México no tengan que abandonar su país, a sus familias y tener que arriesgarse a ser víctimas de los incontables peligros que puedan encontrarse en su travesía y a su llegada (si es que lo logran) al país de las «libertades» y del mal llamado “sueño americano”.

 

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