Por: Ricardo Torres
El criminal bombardeo que, desde el 7 de octubre del año en curso, el Estado israelí ha lanzado contra el inerme pueblo palestino en la Franja de Gaza ha cobrado la vida de más de 14 mil civiles inocentes (cerca de 5 mil niños), más de 30 mil heridos y más de un millón de palestinos desplazados. La operación “Espadas de Hierro” se ha propuesto el exterminio total sobre la población palestina; los asesinos israelíes, no conformes con destruir la infraestructura urbana de Gaza, se ensañan bombardeado hospitales, ambulancias y campamentos de refugiados donde han matado a miles de civiles, cientos de médicos, enfermeras y rescatistas, a decenas de periodistas (locales e internacionales) y más de 100 miembros de la propia Organización de Naciones Unidas (ONU).
El número de muertos seguirá creciendo aceleradamente, ya sea por los indiscriminados bombardeos o por la falta de atención médica para los heridos graves. En los escasos espacios acondicionados improvisadamente para su atención médica los heridos fallecen y fallecerán por falta de analgésicos, anestesia, antibióticos, por la falta de electricidad para el funcionamiento de los quipos médicos así como por la carencia de agua y alimentos. En suma, un espeluznante genocidio observado en vivo y en directo por la comunidad internacional.
En esa misma proporción crece también el repudio internacional contra Estados Unidos e Israel. Las multitudinarias movilizaciones en solidaridad con Palestina en cientos de ciudades en el mundo entero exigen un alto al fuego inmediato en la Franja de Gaza; especialmente destacan las marchas de protesta que se han realizado no solo en las naciones árabes, sino en países como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania o Israel. Algunos Gobiernos como los de Jordania, Sudáfrica y Bolivia rompieron ya relaciones diplomáticas con Tel Aviv. Mientras que en Arabia Saudita se realizó una reunión cumbre árabe-islámica para unificar posturas y medidas frente al genocidio israelí en Gaza: más de 22 países de la Liga Árabe y 57 naciones de mayoría musulmana que integran la Organización para la Cooperación Islámica. Los tambores de guerra no dejan pues de anunciar un posible enfrentamiento regional árabe ante la impunidad criminal de Israel.
Intentando ocultar estos hechos, la maquinaria mediática al servicio del imperialismo norteamericano está operando a toda marcha para distorsionar la realidad, por ejemplo, en la televisión y en la prensa trasmiten todos los días a la opinión pública mundial información tergiversada para encubrir la verdad y victimizar a Israel con una narrativa engañosa contra los “terroristas” palestinos de Hamás y justificar así sus desproporcionados ataques genocidas contra el pueblo palestino como respuesta, dicen, a su “legítimo derecho de defensa” argumentando que sus ataques a hospitales, escuelas y campamentos de refugiados son legítimos porque debajo de éstos Hamás cuenta con una red subterránea de túneles donde oculta su infraestructura militar utilizando a la población civil como “escudos humanos”. ¡Estados Unidos e Israel mienten!
Como consecuencia de este inaceptable genocidio, la Asamblea General de la ONU aprobó por abrumadora mayoría (120 votos a favor, 14 en contra y 45 abstenciones) una resolución, propuesta por un importante grupo de países árabes encabezados por Jordania, donde se exige una “tregua humanitaria inmediata, duradera y sostenida”; misma que se opone al “traslado forzoso de la población civil palestina”; que reclama se respete el derecho internacional y se garanticen los suministros y servicios esenciales a la población en la Franja de Gaza. Sin embargo, a pesar de que la mayoría de países en el mundo claman por un alto al fuego en Gaza, dicha resolución no obliga a Israel a cumplirla porque dicho acuerdo no tiene un carácter vinculante para los Estados miembros de la ONU y, por tanto, solo queda registrada como una declaración formal de la voluntad mayoritaria de los Estados integrantes del organismo internacional.
Los trabajadores de México y el mundo debemos saber que el Consejo de Seguridad de la ONU es el único órgano internacional cuyos acuerdos y resoluciones deben ser cumplidos obligatoriamente por los países que la conforman. Este Consejo de Seguridad que tiene la responsabilidad de mantener la paz y la seguridad internacionales, está formado por 15 miembros con derecho a voto, sin embargo, cinco de ellos (Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia) son miembros permanentes con derecho a impedir o vetar que se cumpla una resolución a pesar de ser aprobada por la mayoritaria de sus 15 miembros y, por tanto, este veto imposibilita que la resolución pueda ser aplicada obligatoriamente, este es el “derecho de veto” que poseen los cinco miembros permanentes. Pues bien, resulta que de las cinco ocasiones en que se ha reunido el Consejo de Seguridad de la ONU, entre octubre y noviembre, para revisar las propuestas de paz en la Franja de Gaza y adoptar una resolución que ordene a Israel un alto al fuego en contra del inerme pueblo Palestino, ha sido el Gobierno norteamericano quien se ha opuesto abiertamente a todas ellas ejerciendo su “derecho de veto”.
Ante la sangrienta tragedia humanitaria que se vive hoy en Gaza (que no es resultado de ninguna guerra sino un criminal genocidio) queda al descubierto que desde 1991, con el derrumbe del bloque socialista, la economía y la política en el mundo quedaron supeditados a los designios de Estados Unidos, imponiéndose así un orden mundial unipolar dirigido en favor y solo en favor de los intereses del imperialismo norteamericano. Así las cosas, se entiende entonces que a pesar de la abrumadora mayoría de los países en la Asamblea General de la ONU y en su Consejo de Seguridad en favor de un alto al fuego en Gaza, el Gobierno y el ejército israelí no están obligados a cumplir sus resoluciones porque así lo dispone Estados Unidos, lo que demuestra el sometimiento que hoy en día sufren todos los países del planeta bajo el mando unipolar del imperialismo norteamericano.
Que sea el Gobierno de Estados Unidos quien impide un alto al fuego en Gaza exhibe a todas luces que Washington es el verdadero artífice y promotor del genocidio que el Gobierno israelí está cometiendo contra el pueblo palestino. Que nadie se engañe, el histórico conflicto entre Palestina e Israel, desde 1948, no se reduce solo a una repartición territorial equitativa que permita la existencia de dos Estados, uno palestino y otro israelí, como originalmente en 1947 estableció la resolución 181 de la ONU, sino que, en este momento, los intereses económicos y políticos del imperialismo norteamericano y sus aliados se encaminan al fortalecimiento de sus economías ante un posible enfrentamiento contra Rusia y China, lo que convierte a Palestina en un sitio geoestratégico para el control del imperio sobre las rutas comerciales entre Europa, Asia y África. El capital reclama como suyos esos mercados y, por tanto, en Palestina (como en Ucrania) lo que en el fondo se está disputando es el rumbo del nuevo orden mundial: por un lado Estados Unidos que pretende imponer su hegemonía en la región y mantener un mundo unipolar bajo su control, y por otro lado, el resto de los países del mundo que, ante la creciente pobreza y desigualdad que sufren sus pueblos, demandan la paz y estabilidad mundial, respeto a su soberanía, cooperación económica, oportunidades de desarrollo material y progreso social compartido entre todas las naciones del planeta, es decir, que pugnan por un mundo multipolar.
En suma, los hechos revelan que el verdadero genocida en Gaza es el imperialismo norteamericano, el Estado israelí es solo su apéndice, su extensión en Medio Oriente, el verdugo que obedece ciegamente las órdenes de su amo. El criminal genocidio que hoy sufre el pueblo palestino se explica porque la disputa ya no es solo por el territorio palestino ocupado sino por la conformación del nuevo orden mundial, y en la obtención de sus objetivos económicos y políticos, al imperio y sus aliados -asesinos del mundo-, el dolor, el sufrimiento y la muerte del pueblo palestino les importan un bledo. Estamos pues frente al capitalismo salvaje y homicida.



