La clase obrera no es prioridad para Sheinbaum

La clase obrera no es prioridad para Sheinbaum

Ángel Villegas

Durante el siglo XVIII el sistema capitalista alcanzó su consolidación en Inglaterra debido a su inmejorable situación geográfica para el comercio por ser una isla con un ilimitado acceso al mar. La creciente demanda de productos de todo tipo en todo el mundo obligó a los ingleses a crear mecanismos de producción más rápidos, con menores costos de producción y de buena calidad. La Revolución Industrial dio sus primeros frutos en la industria textil inglesa y a partir de ahí se extendió a las demás ramas industriales. Junto a la industria creció rápidamente la cantidad de obreros. La explotación de ese inmenso ejército de proletarios dio origen a la acumulación de grandes fortunas en pocas manos. La clase obrera inglesa estuvo sometida a un inhumano régimen de trabajo con jornadas laborales de 14, 16, 18 y hasta 20 horas.

Ante las graves injusticias y miseria que padecían las familias obreras, surgieron voces que defendían el derecho de los trabajadores a una vida mejor. Una de ellas fue la de Roberto Owen, industrial inglés que vivió de 1771 a 1858. De acuerdo a sus ideales formuló su célebre “catecismo” en el que justificó de manera inteligente y humanista la jornada de ocho horas en cinco puntos que me permito reproducir a continuación: Primero, porque es la duración más larga de trabajo que la especie humana (teniendo en cuenta el vigor medio y concediendo el derecho a la existencia a los débiles tanto como a los fuertes) puede soportar manteniéndose en buena salud, inteligente y feliz. Segundo, porque los modernos descubrimientos químicos y mecánicos suprimen la necesidad de demandar un esfuerzo físico más largo. Tercero, porque ocho horas de trabajo y una buena organización del mismo pueden crear una superabundancia de riqueza para todos. Cuarto, porque nadie tiene derecho de exigir de sus semejantes un trabajo más largo de lo que en general es necesario para la sociedad, simplemente con el fin de enriquecerse empobreciendo a otros. Quinto, porque el verdadero interés de cada uno reside en que todos los seres humanos sean sanos, inteligentes y ricos, y estén contentos.

Owen no se limitó a su declaración, sino que intentó algunas cuestiones prácticas para mejorar la situación de sus trabajadores. Evidentemente, las condiciones objetivas no le eran favorables y se quedó en el intento.

Pero el capitalismo siguió desarrollándose. Los inventos llevaron a las potentes máquinas movidas por la corriente de un río, por el vapor y la electricidad a sorprendentes funciones electrónicas y con aplicaciones de automatización hasta la inteligencia artificial que hoy conocemos, con lo cual, ese trabajo suficiente de ocho horas del que hablaba Owen en sus tiempos, ahora se reduce de tal manera que en muchas partes del mundo incluido nuestro continente, la jornada suficiente ya se ha reducido de 48 a 40 horas sin perjudicar sustancialmente las ganancias de los patrones, incluso, los estudiosos del tema aseguran, con mucha lógica, que un trabajador más descansado garantiza una mayor productividad que otro agotado física y mentalmente por una jornada más prolongada. A pesar de eso, hay datos oficiales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que demuestran que los mexicanos tienen las jornadas más largas y peor pagadas.

Ahora, compare usted lo que pensaba un patrón de principios del siglo XIX y lo que piensan los patrones y sus modernos lacayos del siglo XXI.

La cúpula empresarial ha dicho que no hay condiciones para implementar esa Reforma a la jornada laboral por lo que en un futuro se podría ver la posibilidad de que se implemente gradualmente. Por su parte, la futura presidenta de México, Claudia Sheinbaum, a pregunta expresa de la prensa, esquivó exponer su opinión en torno a la reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas. Explicó ante los medios de comunicación que la “reforma laboral requiere de llegar a consensos con empresarios (negritas mías AV) y le tocará a la próxima persona que encabece la Secretaría de Trabajo, que será anunciada este jueves (11 de julio), a quien le toque revisar la iniciativa en conjunto con el sector empresarial”. ¿Será que encuentre a un Owen entre ellos para que acepten de manera inteligente y humanista la reducción de la jornada laboral? Evidentemente no. Lo más seguro es que quien encabece la Secretaría del Trabajo y Previsión Social se pondrá de tapete ante los tiburones de la industria. No tardando lo veremos.

Dijo que “El tema de las 40 horas lo vamos a seguir trabajando, es importante que se siga avanzando, en la medida de lo posible, así como fue el aumento al salario mínimo que también nos va a tocar generar el consenso con los empresarios”. Su declaración demuestra a qué intereses está sujeta la decisión, ¿por qué no recaba el consenso de los obreros y con esa fuerza superior, en su momento, echa a andar su aplanadora legislativa para aprobar la reducción de la jornada?, ¿no que con el pueblo todo y sin el pueblo nada?

La morenista señaló que otras reformas como el aumento al salario mínimo, las pensiones y la limitación del outsourcing se han trabajado en conjunto con el empresariado. “Desde mi perspectiva hay que seguir buscando un trabajo de consenso como se ha hecho en las otras reformas laborales. Creo que es factible hacerlo y que los empresarios y obviamente los trabajadores, que nosotros queremos que sigan aumentando los derechos de los trabajadores y trabajadoras”.

A propósito del incremento salarial, del que tanto presumen sus promotores, los mexicanos de a pie sabemos que en términos reales no sirvió de nada. Por ejemplo, la espiral inflacionaria lleva los últimos cuatro meses seguidos al alza: un litro de gasolina regular se compra entre 24 y 25 pesos, cuando los gasolinazos de Peña lo dejaron en 18 pesos, y a partir de ahí, el transporte, los productos agropecuarios, abarrotes y demás mercancías básicas para la vida diaria se han puesto fuera del alcance de los asalariados de nuestro país.

¿Cuál es el plan de Sheinbaum para la clase obrera? Dejar que su suerte siga en manos de sus explotadores, eso significa “seguir buscando consenso con los empresarios”. No nos engañemos, quienes gobiernan y gobernarán por lo menos los próximos seis años harán las Reformas que les permita la élite económica que representa el poder real en nuestro país.

¿Cuál debe ser el plan de la clase obrera frente al gobierno de Sheinbaum? Dar la lucha organizada y exigirle que ponga en práctica aquello de “primero los pobres”. Exigirle que pase de la retórica a las acciones concretas y claramente dirigidas a favor de los obreros, comenzando por priorizar la Reforma que reduce la jornada laboral de 48 a 40 horas. No hay de otra.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio