La situación mundial actual y el papel de las masas trabajadoras

Autor: Federico Hernández

Vivimos en un mundo cada vez más convulsionado, con guerras, intervenciones militares, bloqueos económicos y genocidios. El imperialismo norteamericano, que no es otra cosa que el dominio de las grandes corporaciones transnacionales y élites financieras representadas ahora por Donald Trump y su gobierno, cual fiera moribunda está llevando a cabo acciones que le permitan no perder su dominio sobre gran parte del mundo, empezando por América Latina, a la que siempre ha mirado con el lente de la doctrina Monroe de “América para los americanos”. Quiere asegurar el control de sus recursos naturales e imponer a toda costa y por todos los medios, gobiernos que sean obsecuentes a sus intereses.

Ahí están meses de asedio militar contra Venezuela, con buques, acorazados y aviones que culminaron en una incursión militar al territorio soberano de ese país y la captura del presidente legítimo Nicolás Maduro y de su esposa; ahí está el intento de Estados Unidos y su aliado Israel de desestabilizar el gobierno de Irán infiltrando mercenarios pagados que realizaron actos terroristas en manifestaciones promovidas por los agentes de la CIA y del Mossad. Ahí está la guerra en Ucrania, que no es otra cosa que la guerra de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Rusia a la que quieren ver derrotada y desmembrada, pero que se han topado con pared. Ahí vemos el genocidio en Gaza: el exterminio en masa del pueblo palestino por los sionistas de Israel a quienes Estados Unidos (E.E. U.U.) apoya con armas, con logística y demás. Vemos el intento de los oligarcas que representa Trump de adueñarse de la isla Groenlandia perteneciente a Dinamarca cuya posición geoestratégica y riqueza en minerales y petróleo es una manzana apetecible; vemos el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba que dura ya más de seis décadas y que ahora ha escalado con la pretensión de que nadie suministre petróleo como una medida para asfixiarla energéticamente pensando en un cambio de régimen.

¿Cómo se explica todo esto? No es fácil dar una contestación en pocas líneas. Pero intentémoslo. El capitalismo imperialista norteamericano y occidental ha llegado a su etapa senil, su etapa final y decadente. EE. UU. ya no es el país pujante en el terreno tecnológico e industrial, con altas tasas de ganancia de retorno que tuvo después de la Segunda Guerra Mundial. Está desindustrializado en gran medida y su capital no da tasas de ganancia que le permitan ser la primera potencia. Durante décadas, muchas de sus empresas salieron a otros países como China y del sur asiático buscando mano de obra barata y fuentes de materia prima.

La ganancia de las empresas se obtiene del trabajo no pagado a los obreros, los cuales en el proceso productivo añaden valor a las mercancías, parte de este valor es el equivalente al valor de su fuerza de trabajo y el resto es trabajo no remunerado (plusvalía, es el termino científico). Las maquinas, las materias primas y demás medios de producción son capital constante ya que solo se limitan a transferir su valor, no crean nuevo valor. Es una tendencia del capitalismo que se eleve la composición técnica y orgánica del capital (que se introduzcan más y mejores maquinas que desplacen a obreros), y como son éstos los que, con el uso de su fuerza de trabajo, crean el nuevo valor, entonces se reduce la tasa de ganancia. Por eso el capital busca a toda costa revertir esa baja tasa de ganancia.

Es por ello que el imperialismo busca mano de obra barata, busca materias primas (petróleo, tierras raras, etc.) igualmente baratas, busca nuevos mercados, impulsa su industria militar promoviendo guerras. De ahí se explica lo que estamos viendo. Ahora, valga la comparación, el capitalismo norteamericano es como un viejo decrépito que ya no produce ni lo que consume. Un viejo que para mantenerse como hombre fuerte en el barrio se vale de un rifle ak-47 y de unas monedas que están en un bolsillo remendado (EE. UU. tiene una deuda de ¡34 billones de dólares!), monedas que tienen valor en el barrio para sus fraudulentas transacciones. Pero este viejo que aún tiene tiempo de vida, porque nadie se muere hasta que se muere, es un viejo capaz de hacer los actos más atroces antes de que otros ocupen su lugar.

Siglos atrás se creía que la historia la hacían las personalidades destacadas, que eran estas las que determinaban el rumbo de la sociedad o de una nación por sus ideas, su personalidad y su carácter. Por citar a algunos, están Alejandro Magno, Julio César o Napoleón Bonaparte a quienes se les consideraba como los hacedores de la historia. Al pueblo se le veía solo como un conglomerado pasivo sin influencia en ese rumbo. Pero la realidad es otra. Si bien las grandes personalidades juegan un papel importante como guías, como impulsores del proceso histórico, lo cierto es que son los pueblos, las grandes masas las que hacen la historia. Son ellas las que crean toda la riqueza social, las que conforman los ejércitos en las guerras en que se determinan fronteras, las que participan y dan su vida en las luchas de clases por el poder político e instauración de nuevos regímenes. Pero las masas y sus grandes figuras son una mancuerna inseparable: toda época histórica crea sus personalidades porque estas logran expresan fielmente los intereses y aspiraciones de las grandes masas.

Hoy las masas trabajadoras en el mundo viven momentos decisivos en su porvenir, en los que tendrán que poner a prueba el papel que juegan y que, de hecho, inconscientemente, están jugando en la historia que se escribe día a día. No se trata de idealizar o lanzar panfletos. Se trata del curso real de la realidad y sus actores. Hoy el imperialismo norteamericano muestra su verdadero rostro: el del fascismo. Hoy los representantes del imperialismo con su lenguaje y sus acciones nos muestran que el fascismo no murió con Hitler. Trump habla con menosprecio de los hispanos como si fueran seres inferiores, mata y encarcela a todo aquel que se opone a su política: es el supremacismo racial. Trump promueve guerras veladas o abiertas en todo el mundo, pero él es sólo el representante de los grandes oligarcas que no sacian su sed de acumulación de riqueza.

¿Qué papel juegan y de hecho están jugando las masas ahora en este momento en el mundo? Preguntémonos ¿por qué Estados Unidos no se atrevió a invadir a Venezuela por vía terrestre?, ¿por qué se mantiene un chavismo, aunque debilitado y decolorado? La respuesta está en que en ese país las masas que se han movilizado, tienen cierta cohesión y cierta conciencia de lo que es Estados Unidos como potencia expoliadora. Si no se llegó a frenar más la envestida gringa, aun y con las graves consecuencias, se debe a la vacilación y falta de decisión de quienes encabezan el proceso venezolano. ¿Qué ha impedido que se instaure más a sus anchas la política neofascista en Estados Unidos? Sin duda las grandes movilizaciones del pueblo norteamericano contra las acciones del ICE.

Por último ¿qué ha impedido que la primera potencia del mundo, la más agresiva y belicista que haya conocido la historia no haya podido con Cuba? El pueblo cubano que educó y concientizó Fidel Castro, lo saben los yanquis, será ese pueblo quien les hará morder el polvo si se atreven a pisar la patria de José Martí. Pero se necesita más: se necesita que las grandes masas de trabajadores de todos los países tomen una verdadera conciencia de su papel en los procesos que les toca vivir en cada una de sus naciones a fin de crear sociedades más justas que se sacudan el yugo y explotación del capital nacional y trasnacional.

¿Y México? Como dice el dicho, “tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Necesitamos crear un partido de la clase obrera que eduque y le de unidad a las masas trabajadoras para que jueguen su papel revolucionario en estos momentos en que el imperialismo decadente amenaza a nuestro país, sin que la “seudoizquierda” de la 4T haga nada.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio