Ángel Villegas
Al lo largo de toda su historia, el hombre ha podido sobrevivir y desarrollarse por su capacidad de trabajo. Desde los tiempos en que la recolección de frutos y raíces y la pesca eran la actividad esencial de los primeros grupos humanos para luego desarrollar la agricultura y la ganadería, la alfarería hasta llegar a adquirir la destreza necesaria para realizar los diferentes oficios en la producción artesanal que posteriormente evolucionó hacia la producción industrial, la actividad natural del hombre ha sido el trabajo, a tal grado que podemos decir que el trabajo ha sido la actividad que ha permitido el desarrollo del hombre mismo.
Al hablar de trabajo debemos comprender que el hombre gasta su fuerza de trabajo, es decir, despliega sus energías físicas e intelectuales para transformar la materia prima auxiliándose de herramientas y máquinas para crear mercancías, o sea, objetos útiles para la sociedad, sin los cuales no sería posible la vida de esa sociedad. Esa es la importancia del trabajo transformador que realiza la clase obrera.
En la producción capitalista, la fuerza de trabajo del obrero es la creadora de todas las mercancías y, por tanto, de toda la riqueza social. Siendo así, preguntémonos, ¿cuál es la calidad de vida de la clase obrera?, ¿cuál es el trato que al interior de muchas empresas reciben los trabajadores?
Sobre la primera cuestión veamos un dato que dio a conocer recientemente el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), “un poco más de 46 millones de personas en México no logran cubrir sus necesidades básicas con los ingresos provenientes del trabajo de los integrantes de su hogar”, es decir, que los creadores de la riqueza social carecen de lo mínimo indispensable para vivir. Contrasta el hecho difundido por Oxfam que reporta el crecimiento de la fortuna de cada milmillonario a un ritmo de dos millones de dólares diariamente. Y el crecimiento de la riqueza de los 10 milmillonarios del mundo a un ritmo de 100 millones de dólares al día. Increíble pero cierto. Bajo el capitalismo se crea una inmensa riqueza, producto del trabajo de la clase obrera, y al mismo tiempo, esa clase productora forma una inmensa masa de desposeídos que carecen casi de todo.
Aunado a eso, ¿cómo son las condiciones de trabajo que enfrentan los obreros al interior de las fábricas? Salvo raras excepciones, se trata de una relación jerárquica en la que venden su fuerza de trabajo a cambio de un salario en la que los patrones echan mano de todo para sacarle el mayor provecho a los trabajadores y por eso estos tienen que soportar jornadas de trabajo excesivas, acoso laboral, descuentos arbitrarios al raquítico salario, despidos injustificados sin liquidación conforme a la ley, diferencias en los salarios reportados en nómina respecto a lo que realmente percibe el trabajador, falta de seguridad social, represión ante cualquier intento de una verdadera organización y lucha sindical, entre muchos otros abusos claramente violatorios a la ley establecida y en muchos casos en complicidad abierta con el sindicato charro. Es decir, la clase obrera sometida a un régimen de explotación laboral, es privada de los más elementales derechos como trabajador.
La concentración de la riqueza en unas cuantas manos y el empobrecimiento de las grandes masas oprimidas y explotadas son fenómenos sin los cuales el capitalismo no puede existir, y son al mismo tiempo las condiciones materiales de su propia destrucción. Llegará el momento en que el fruto del trabajo lo disfrute quien produce la riqueza social y entonces las familias trabajadoras tengan lo necesario para vivir dignamente. Solo hay que cubrir una condición: la clase obrera debe tomar conciencia de su papel en la sociedad, debe concebirse como lo que es, la parte más importante en el proceso de generación de la riqueza social. Y con esa claridad, disponerse a unir sus fuerzas, organizarse y decidirse a tomar en sus manos la construcción de una nueva sociedad sin explotadores, en la que cada quien reciba la parte de riqueza social de acuerdo a su trabajo, solo así los débiles y desamparados se liberarán de los abusos de los poderosos para siempre.



