Federico Hernández
En estos días cercanos a la navidad, caminando por las calles del centro de la ciudad de San Luis Potosí, me era casi imposible transitar en ciertos momentos por sus angostas calles: un mundo de gente corre presurosa de un local comercial a otro para adquirir toda clase de mercancías, unas que le son necesarias y otras no tanto. Nuevos puestos ambulantes, surgidos como hongos de la noche a la mañana, expenden toda clase mercancías: “¡pásele, pásele, marchantita!”, se oye decir a cada paso en los pasillos entre los puestos. ¿Qué ha hecho posible esta transformación que sucede al final de cada año y pareciera que reina la abundancia? No es otra cosa más que el hecho de que la gente ha recibido su aguinaldo –la que tuvo la fortuna pues en nuestro país millones de personas no lo reciben por que trabajan en la informalidad, por su cuenta o porque sus patrones se los escamotean-. ¿Dónde va a parar este ingreso económico de la clase trabajadora?
Dice Marx en su obra El Manifiesto del Partido Comunista –obra que todo trabajador debería conocer pues en ella se expone una nueva concepción del mundo, la concepción del materialismo histórico, herramienta indispensable para que la clase obrera comprenda su papel en el régimen económico en que le toca vivir-: “Una vez que el obrero ha sufrido la explotación del fabricante y ha recibido su salario en metálico, se convierte en víctima de otros elementos de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etc.” Nada más cierto. Y se ve confirmado con creces en estas fechas con la voracidad de los grandes comerciantes. Aquí no hablamos de los pequeños comerciantes que tienen un reducido puesto ambulante con unas cuantas baratijas y que apenas sobreviven con la venta diaria de estas y que, además, es víctima de inspectores municipales, policías y toda clase de extorsionadores; quiero referirme a los grandes comerciantes al por mayor que venden enormes volúmenes de mercancías y obtienen cuantiosas ganancias en esta temporada.
Fuera de tímidas campañas para que la gente “sea cautelosa con sus gastos”, la realidad es que vivimos en una sociedad en que se promueve de muchas maneras un consumismo desenfrenado donde hay que gastar y gastar, pues se nos dice que “estamos en navidad y año nuevo y hay que celebrar con la familia”, que no hay que ser “Grinch”… Y si no ahí está el Buen Fin que es un mecanismo eficaz y bien calculado por los dueños del dinero para que la gente gaste hasta su último peso en celulares de última generación, en pantallas de plasma o cualquier otra mercancía que no necesita en muchos casos. El obrero sale de su casa llevando en los bolsillos unos cuantos billetes y monedas – su aguinaldo, su salario y hasta la venta de algo de lo que posiblemente se deshizo de su ajuar- con el fin de comprar algo para él y su familia-. Una vez de regreso llega cargado de cosas, unas útiles y otras no tanto, llega con los bolsillos vacíos. El dinero, su dinero, se ha esfumado. Vendrá la cuesta de enero, la de febrero… ¡la del todo el año!
Expliquemos los que nos dijo Marx, cuando dice que el obrero es víctima de otros elementos de la burguesía. Empecemos. El fabricante no le paga al obrero todo el valor que produce éste en el proceso de producción, solo le paga el valor equivalente a su fuerza de trabajo, lo que se llama salario. El salario es la expresión en dinero del valor de la fuerza de trabajo. El trabajador a la mitad de la jornada, a la cuarta parte o la décima parte de ésta (depende de proceso productivo en cuestión), ya produjo un valor equivalente a su salario, ya desquitó la joda, como se dice entre nosotros, el resto de la jornada la trabaja gratis para el patrón. ¡Sí, gratis! Por curdo que parezca así es. El nombre científico que recibe este trabajo no remunerado se llama plusvalía. Nosotros como obreros debemos aprendernos este y otros conceptos importantes de la ciencia económica, pues son como granos de trigo del que saldrá el trigal del saber. Mucha gente confunde a esta con el concepto de ganancia, pero, aunque tienen relación no son exactamente lo mismo. Veamos.
El industrial no se queda con toda la plusvalía – repito, el valor creado por el obrero, pero que no le es remunerado-, sino que se queda con una parte y reparte el resto, entre otros, por ejemplo, con el gran comerciante, que es el que va a vender, a realizar, la mercancía que se produce en la fábrica de aquel. El fabricante en la mayoría de los casos no puede vender su producto al destinatario final y por eso se la vende al gran comerciante que vende en volumen. Si un fabricante, por ejemplo, produce miles de tinacos para almacenar agua no se los vendería directamente al consumidor individual pues nunca acabaría; se los vende al gran comerciante que puede tener cientos de tiendas donde expenda tinacos y otros productos. Esta es la razón por la que el industrial le cede al comerciante parte de la plusvalía – la llamada ganancia comercial- ¡Ya ven como el trabajador no solo es víctima del industrial sino es también víctima del comerciante que Marx llama tendero!
Los dos, el industrial y el gran comerciante, se dan la mano para quedarse con la plusvalía: una en forma de ganancia comercial y otra como ganancia industrial. También estos se dan un apretón de manos y le sonríen a los dueños de bancos, agiotistas y a otros elementos de las clases explotadoras.
Pero el gran comerciante -insisto aquí nos referimos a los dueños de Walmart, Samborns, de grandes bodegas, etc.- también sabe “trucos” para vender sus mercancías por arriba de su valor y extraer una ganancia extraordinaria. También conoce y practica el “arte” de especular y hace uso de la ley de la oferta y demanda. A través de los poderosísimos medios de comunicación, con miles de comerciales que son como misiles permanentes en la cabeza del consumidor, saben también crearle a este una necesidad artificial. Si no necesitas un celular de nueva generación, estos poderosos medios de comunicación hacen que el consumidor lo vea como una necesidad de primer orden; si no requieres un medicamento, los anuncios hacen que lo requieras pues te proporcionara un alivio casi instantáneo para el padecimiento. Los actuales tiburones del comercio son herederos de los fenicios y otros pueblos comerciantes de la antigüedad, pero con siglos de experiencia.
Todo esto nos dice que los obreros, y los trabajadores en general, debemos tomar conciencia de nuestra situación como clase productora de la riqueza social, como clase explotada por los patrones, y nos dispongamos a estudiar la ciencia llamada Economía Política. Pero la economía política marxista, pues es la única que explica científicamente todos los fenómenos económicos que vemos a diario. De modo que, los obreros conocedores de nuestra realidad económica y social, estaremos en mejores condiciones de desplegar con éxito una lucha en defensa de nuestros intereses de clase.



