Mauricio Lagunas

En la actualidad el uso de dispositivos móviles y de las nuevas tecnologías como la Inteligencia Artificial (IA), forma parte de nuestra vida cotidiana, el estar comunicados se ha vuelto una necesidad para las nuevas generaciones, incluso el no estar actualizado en su uso puede generar problemas al momento de realizar un trámite, hacer compras o buscar un empleo, todo se ha digitalizado.

Sin embargo, el uso excesivo de estos dispositivos móviles por niños y adolescentes en México tiene graves efectos para su salud y desarrollo. En promedio, en México, los adolescentes entre 12 a 17 años pasan alrededor de 4.7 horas al día frente a sus dispositivos, mientras que las cifras generales para jóvenes mayores de 16 años alcanzan hasta 7 horas con 32 minutos más que la media mundial que va de las 4 a las 6 horas diarias, según reportes de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Algunas encuestas señalan que ciertos menores pasan hasta 12 horas diarias en sus dispositivos móviles sin supervisión. Este uso excesivo, en especial de las redes sociales y los videojuegos, ha sido vinculado con el aumento de trastornos como la ansiedad, depresión y aislamiento social.

Los daños físicos van desde la obesidad a causa del sedentarismo ya que los jóvenes prefieren estar conectados a Internet en distintas plataformas y aplicaciones, en lugar de practicar algún deporte. Bajar la vista para mirar un dispositivo electrónico durante mucho tiempo puede provocar dolor de cuello y dolor de espalda, al mantener por muchas horas una mala postura, así como de codos, muñecas y manos. Exponerse constantemente a dispositivos digitales puede ser perjudicial para la vista: la fatiga visual digital o el Síndrome Visual Informático (SVI), son de los síntomas más frecuentes por pasar demasiado tiempo frente a la pantalla.

Según la Organización Mundial de la Salud, los niños menores de 2 años no deberían tener acceso a pantallas, y los niños de entre 3 y 4 años deberían limitar el uso de pantallas a una hora al día. No atender las recomendaciones y dejar que los jóvenes y en especial los niños tengan accesos a tiempos excesivos en el uso de dispositivos puede traer serias repercusiones como retraso en el desarrollo del lenguaje, los niños pequeños que pasan muchas horas frente a una pantalla pueden tener menos interacción verbal con sus padres y cuidadores. La interacción cara a cara es esencial para desarrollar habilidades comunicativas en los primeros años de vida.

Problemas de atención, la exposición a estímulos rápidos y cambiantes, como los que ofrecen los videojuegos o los programas de televisión, pueden influir en la capacidad de los niños para concentrarse en tareas más lentas y menos estimulantes, como leer o escribir.

Durante la infancia, el cerebro se encuentra en una fase crítica de desarrollo y, por tanto, la sobreexposición a pantallas puede interferir con el desarrollo cognitivo y la capacidad de concentración. Los niños que pasan demasiado tiempo frente a una pantalla pueden presentar dificultades en la resolución de problemas, el pensamiento creativo, la regulación emocional y el trastorno del sueño: la luz azul emitida por las pantallas puede alterar los ritmos circadianos, afectando la calidad del sueño. Esto es especialmente preocupante en los niños, ya que el sueño es crucial para el crecimiento físico y mental. Un niño que no duerme lo suficiente puede experimentar problemas de comportamiento, irritabilidad y dificultades en el aprendizaje.

El uso prolongado de redes sociales o contenidos inadecuados puede aumentar el riesgo de que los niños desarrollen ansiedad, depresión o problemas de autoestima ya que los niños expuestos a imágenes idealizadas o situaciones negativas en internet pueden internalizar expectativas poco realistas sobre sí mismos o el mundo.

Si bien, el uso de la tecnología puede ser un apoyo para la comprensión y desarrollo de nuevas habilidades, lo cierto es que el abuso en su uso también puede afectar la inteligencia de quienes la utilizan.

Y para muestra están los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) que recientemente, en su edición 91, se aplicó a países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en donde México, si bien siempre había quedado a deber, ahora vemos un retroceso preocupante e incluso alarmante.

En matemáticas, México obtuvo 388 puntos frente a los 463 puntos del promedio de los países de la OCDE que participaron. En lectura, el país alcanzó 408 puntos en comparación con los 461 puntos de la media internacional. En Ciencias se registraron 414 puntos, mientras que el promedio de la OCDE es de 482 puntos, en la resolución de problemas. México llegó a 453 puntos frente a los 500 puntos generales.

Las causas de estas deficiencias tienen un trasfondo económico, ya que dadas las condiciones actuales en las que es difícil que una familia pueda sobrevivir con un solo salario raquítico, la necesidad obliga a que ambos padres tengan que trabajar y con ello se deje descuidado el crecimiento, desarrollo y educación de los hijos.

Hoy, la clase trabajadora se encuentra en una situación sumamente delicada, ya que gracias al desarrollo y éxito del sistema capitalista y a la aplicación de esas nuevas tecnologías en las diferentes ramas de la industria, mucha gente se ha quedado sin trabajo, ha tenido que recurrir a aceptar trabajos mal pagados o autoemplearse en la llamada economía informal para poder subsistir.

Y mientras eso ocurre el Estado mexicano ha dejado de poner atención a la calidad de la educación que reciben nuestros niños y jóvenes, quienes tendrán menos oportunidades de poder encontrar un empleo, y menores capacidades y herramientas para poder competir en el mercado laboral cada vez más exigente y con menos oportunidades.

Hoy gracias al desarrollo tecnológico pareciera que estamos más conectados, pero en el fondo la realidad es que ahora es cuando más distanciados estamos como sociedad, nos hemos hecho indiferentes ante las problemáticas sociales que nos aquejan a todos como clase trabajadora, pensamos que ignorando los problemas nos hacemos inmunes a ellos, pero la realidad es que siempre los más pobres, que somos la amplia mayoría, somos quienes llevamos la peor parte.

 

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