Ángel Villegas

El pasado 10 de septiembre de 2026 arrancó oficialmente el proceso electoral en México que culminará el próximo domingo 6 de junio de 2027. Será la elección intermedia más grande en la que, informa el Instituto Nacional Electoral (INE), se renovarán 19 mil 609 cargos de elección popular en 31 entidades; 500 diputaciones federales, 17 gubernaturas: Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacateca. A nivel local, habrá elección de nuevos integrantes de Diputaciones locales en 31 estados y en 29 se elegirán 2 mil 182 Ayuntamientos Municipales, más 16 Alcaldías de la CDMX. Sólo Coahuila, Durango y Veracruz no renovarán Ayuntamientos.

El INE ha solicitado a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público más de 47 mil millones de pesos, la más alta de su historia, en un anteproyecto que desglosa 14 mil 036 millones para sueldos de 18 mil trabajadores; 17 mil 395 millones para cartera institucional de proyectos, donde va lo electoral; 10 mil 800 millones para financiamiento público a partidos políticos que para este proceso aumentan de seis a ocho partidos porque se incluyen dos nuevos (PAZ y Somos México) y 4 mil 687 millones como presupuesto precautorio por si hay Consulta Popular en 2027 y preparación de la elección judicial de 2028. Habrá que esperar cuánto aprueba el Poder Legislativo, pero las cifras serán milmillonarias.

Pareciera que todo está a listo para que los mexicanos en general, vía la democracia vigente, con tantos cambios de personas en el poder y tantísimos recursos aplicados para ello, nos encaminemos hacia una vida mejor. Cabe recordar que, desde el arribo de la burguesía al poder, como clase dominante, ha impulsado la idea de que su democracia representa la mejor forma de vida que toda sociedad puede tener. Ya lo dijo Francis Fucuyama en su famosa tesis de “El fin de la historia” que la democracia liberal es la forma final de gobierno.

En nombre de esa democracia, Estados Unidos a la cabeza, los países imperialistas invaden territorios, roban recursos naturales ajenos, explotan la fuerza de trabajo de millones de obreros en todo el mundo, llevan al exterminio a poblaciones enteras y concentran estratosféricas cantidades de riqueza. Hoy, el mundo está al borde de lo que tal vez sea la guerra que ponga fin a la existencia humana, una guerra que se libra en distintos frentes pero que tiene como único y común agresor al imperialismo estadounidense, paladín de esa falsa democracia.

México no escapa al fenómeno mundial. Igual que en los demás países capitalistas de la tierra, nuestra sociedad funciona y genera riqueza con base a las relaciones sociales de producción entre dos clases fundamentales: la burguesía y el proletariado, de manera que la dinámica de saqueo, explotación y sometimiento, que vemos a nivel mundial, se reproduce exactamente igual al interior de nuestra sociedad. La burguesía como clase dominante tienen bajo su dominio los medios de producción, es quién verdaderamente decide qué se hace y cómo se hacen las cosas en el país y para ello estructura la forma de gobierno que mejor le acomode utilizando las siglas partidarias que más arrastre electoral tengan en el momento concreto.

Ya vimos pasar de un color a los que abrieron la era neoliberal impulsando la privatización de todo y estamos viendo otros que, aunque digan ser diferentes y se pongan otro color, gobiernen esencialmente para proteger los intereses de los explotadores. Recuerden cómo con orgullo en pecho, el ex presidente declaró que bajo su gobierno los ricos del país habían visto crecer sus fortunas como nunca. Esa es la democracia burguesa.

Los trabajadores de México necesitamos que el cambio no sea de color, ese sólo está por encimita, lo verdaderamente trascendente para que mejore la vida del pueblo, es cambiar a la clase en el poder. La historia le tiene reservado a la clase obrera mexicana esa inmensa tarea, el proletariado del mundo es el encargado de hacerlo porque es el verdadero motor en la producción de la riqueza social, porque su número lo convierte en el gigante con la fuerza necesaria para tomar en sus manos el mando del país.

Para eso, necesita educarse, tomar conciencia de lo que está pasando en el mundo y en nuestro país y estar en condiciones de cambiar todo lo que sea necesario cambiar, necesita organizarse a nivel nacional para formar un solo bloque indestructible y a la vez constructor de nuevas relaciones entre los hombres para que la riqueza creada deje de concentrarse en unas cuantas manos y sea distribuida justicieramente entre todos los trabajadores y sus familias.

La democracia burguesa que está diseñada para controlar a las mayorías empobrecidas y garantizar que no se revelen contra sus explotadores, debe desaparecer y en su lugar se debe establecer la democracia proletaria, sólo entonces, la vida de la mayoría cambiará a su favor.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio