Por: Ismael Canseco
Si bien es cierto que en 2007 cambió el formato para el informe presidencial dado que ya no hubo condiciones para su realización en aquel 1° de septiembre de 2006, en el que le tocaba presentar su último informe de gobierno al expresidente Vicente Fox Quesada; ahora acude el Secretario de Gobernación Federal para hacer entrega de dicho documento, en este caso la Lic. Rosa Icela Rodríguez Velázquez, titular de dicha dependencia, quien acudió ante el Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, para cumplir con ese cometido y después analizarlo en las diferentes comparecencias de cada uno de los Secretarios de Estado, para revisar y discutir los diferentes rubros de la Administración Pública Federal.
En la actualidad el titular del Poder Ejecutivo Federal, en este caso la Presidenta de la República, cita a los Diputados y Senadores afines al partido en el poder, gobernadores, líderes empresariales, líderes religiosos, líderes de opinión y representantes de la sociedad civil, pero finalmente todos ellos cercanos al actual gobierno morenista; acontecimiento que se realizó en el patio central de Palacio Nacional, no como un evento republicano, sino como una reunión de amigos donde solo se va a escuchar, a aplaudir y sin riesgo de interpelación a la Presidenta de la República.
Muy lejos de lo que anteriormente se realizaba en el Palacio Legislativo de San Lázaro, donde se encuentran todas las fracciones parlamentarias de ambas Cámaras para escuchar los resultados del año de gobierno en cuestión. Pero bueno, así y en esas condiciones llegamos al segundo año de gobierno de la Presidenta de la República Claudia Sheinbaum Pardo, con un poder que pocos presidentes mexicanos podrían haber imaginado: mayoría en ambas Cámaras del Poder Legislativo, también con la mayoría de Ministros en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, además de una predominancia en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), con 24 Gobernadores de 32 entidades federativas y de igual forma con la mayoría en las legislaturas locales.
Sin embargo, su gobierno carga con una serie de escándalos de morenistas que llegaron hambrientos de poder y se sirvieron de todo y sin límite, con un gobernador abiertamente acusado de tener estrechos nexos con el narcotráfico, situación que de principio pone en extremo peligro a la sociedad civil y la gobernabilidad del estado de Sinaloa como lo venimos observando.
Y hablando de inseguridad nos encontramos con un promedio de 40.8 y 50.4 de homicidios dolosos diarios durante los meses que vamos de 2026, esto sin ofrecer por parte del Gobierno federal una suma total acumulada de muertes en el año, esto con la agravante de que los criminales controlan un tercio del territorio nacional donde encontramos secuestros y extorciones, además de otros delitos que laceran a la población civil.
Otro dato preocupante es el crecimiento económico durante este 2026, porque si bien recordamos durante el sexenio de López Obrador el crecimiento acumulado de la economía fluctuó entre 4.1 y 5.5. puntos porcentuales y, por tanto, el promedio anual estuvo por debajo del uno por ciento. Ya en 2025 el desempeño fue peor 0.56 y se estima que para 2026 un crecimiento de 1.3 de acuerdo a cifras del Banco Mundial.
La inversión extranjera directa ha tenido una caída anual de 3.4 por ciento desde 2024 y sobre todo se concentra en la reinversión de utilidades, no en nuevos proyectos. En cuanto a la inversión productiva local se encuentra prácticamente paralizada.
Sin hacer cuentas muy alegres, la generación de empleos apenas llegó a 281 mil 397 empleos formales, registrados ante el IMSS entre enero y agosto de 2026, esto muy lejos de la población desocupada que oscila en 1.8 millones de personas que buscan empleo activamente; todos estos datos dentro de una población total de 134 millones de habitantes para este 2026, según las proyecciones del Consejo Nacional de Población (CONAPO).
Un indicador muy importante que no debemos perder de vista es la actual inflación en México que ronda el 3.1 por ciento anual, lo que reduce el poder adquisitivo de los hogares mexicanos y encarece el costo de la canasta básica, aunque muestre una moderación cercana al objetivo del Banco de México. Todo esto dentro de una población ocupada, que se distribuye en cerca de 60.6 millones de personas destacando la industria manufacturera con 10 millones de trabajadores y la construcción con 5.2 millones, por citar algunas de las más importantes.
Ese es el panorama al que nos enfrentamos y del que sufren más quienes menos tienen, es decir, los trabajadores de México, por lo que los resultados del segundo informe del gobierno de Claudia Sheinbaum no son tan alentadores, aunque los escuchemos todos los días en las “mañaneras del pueblo” de que se trabaja con mucho esfuerzo por el bienestar del pueblo pobre de México.
Finalmente, los datos y estadísticas nos muestran una realidad muy distinta, de donde se desprende que quienes tienen la responsabilidad de conducir los destinos del país deben de empeñarse por manejar de manera eficiente una economía que en verdad mejore el nivel de vida de los trabajadores de México. Ojalá y así sea.



