Por Sergio Cadena
Con motivo del centenario del natalicio de Fidel Castro Ruz, se ha puesto de moda, en los últimos días, el resaltar, de manera muy merecida, su ejemplo revolucionario, su gran audacia, valentía y consecuencia revolucionarias que lo llevaron a convertirse en el líder de un pueblo heroico que se atrevió a desafiar al imperialismo yanqui al declarar a su país, primer territorio libre de América.
Sin embargo, como lo dice el título de este escrito, aquí se trata, en cambio, de resaltar el papel clave que juega en un proceso revolucionario, la existencia de un partido de nuevo tipo, es decir, de un partido con las características que exigía Lenin para, decía él, poder dirigir de manera eficaz la revolución proletaria hasta llevar a la clase obrera a la toma del poder.
El método de lucha guerrillero tuvo, en la historia de cada pueblo, su auge temporal. En México Doroteo Arango (Pancho Villa) fue un maestro de la guerra de guerrillas a comienzos de la revolución mexicana, al cual nunca pudieron atrapar los soldados yanques en represalia por haber tomado la ciudad de Columbus. Más recientemente, en las décadas de los 60s y 70s tuvieron alguna resonancia los movimientos guerrilleros de Lucio Cabañas, Genaro Vázquez, los hermanos Gámiz y la Liga Comunista 23 de septiembre. Todos ellos, tarde o temprano, fueron aniquilados. Hoy, con los avances de la tecnología satelital, esta forma de lucha armada, que todavía hace cincuenta años mostraba mucha eficacia, ha disminuido casi a cero su probabilidad de éxito.
En cambio, la necesidad de construir un partido de revolucionarios profesionales que desarrollen la habilidad de combinar el trabajo legal con el ilegal, las actividades públicas con las clandestinas, etc. en los tiempos que corren, se hace más necesario aún que en la época en que Lenin lo expuso por primera vez hace ya más de 120 años.
Sin querer demeritar lo hecho por Fidel, sólo mencionaré dos hechos en los que sus fuerzas guerrilleras prácticamente hubieran desaparecido, a no ser por el apoyo en recursos humanos y económicos que le prestó el Partido Comunista: 1.-El estrepitoso fracaso en el asalto al cuartel Moncada, del cual resultaron más de cien muertos en combate y/o asesinados en la cárcel. 2.-La tripulación del Granma estaba compuesta de más de 80 guerrilleros, que al desembarcar en un punto equivocado (pantanoso con cocodrilos) y detectada por el ejército, quedó reducida a unos quince sobrevivientes.
Dicho Partido Comunista existía ya en Cuba desde 1925. Fundado, entre otros, por Julio Antonio Mella con la característica esencial de hacer suya la teoría marxista-leninista como guía científica para llevar a la clase trabajadora a la toma del poder político. En esto radica la diferencia esencial entre el proceso revolucionario cubano y el venezolano por ejemplo. Así se explica por qué el imperialismo norteamericano no puede actuar con la misma impunidad en aquél, con que ya lo hizo en éste. También así se comprende por qué en varios países de América Latina la izquierda alterna en el poder con la derecha: se trata de izquierdas blandengues, adocenadas que se dejan tentar por las mieles del poder y se olvidan de sus orígenes proletarios cayendo en la traición y en la componenda con el enemigo.
En México necesitamos un Partido como el que forjó Lenin en Rusia hace más de un siglo, el cual logró superar la represión del régimen zarista y llevar a la vanguardia del movimiento revolucionario mundial a la clase obrera rusa. Así sea.



